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Reconstrucción de Santiago

Solo restos humeantes fue lo que encontró Valdivia a su regreso a Santiago, cuatro días después del combate. Su gente había pasado las noches en medio de las ruinas y con las armas en la mano, esperando un nuevo ataque de los indios. Aunque solo habían muerto cuatro españoles, el resto estaban todos heridos, yaciendo en el suelo, sin casas ni víveres, sin ropa. Y es que hasta los libros del cabildo habían sido destruidos por el incendio.

El conquistador, lejos de abatirse, ordenó de inmediato la reconstrucción de la ciudad, con paredes de adobe en vez de la madera que se usó la primera vez. De igual forma, mandó a construir un fortín a orillas del cerro Santa Lucía y una cerca de más de 120 metros cuadrados por dos metros de alto y con más de 200 mil adobes, para guardar las provisiones y, para guarecer también allí, a los niños y mujeres en caso de un ataque. Además, hizo recorrer los campos para recoger todos los víveres que fuera posible, aunque solo se logró una pequeña cantidad de maíz que destinó solo para semilla, mandando sembrarla en los alrededores de la ciudad. Asimismo encontraron entre las ruinas, dos almuerzas de trigo (la porción que cabe en las dos manos juntas); las que también fueron sembradas.

Los soldados pasaron a ser cuadrillas de obreros, que alternaban el trabajo con la vigilancia. Valdivia y un grupo de jinetes recorrían en todo momento los campos, deshaciendo los grupos de indios que se reunían hasta a diez leguas a la redonda aunque estos, jamás dejaron de acosar la ciudad y de amenazar los sembrados.

La primera cosecha fue paupérrima. La escaza semilla sembrada produjo apenas doce fanegas de maíz, o sea, poco más de media tonelada. La cosecha de trigo, aunque mucho más abundante, también era insuficiente. Además, Pedro de Valdivia reservó la mayor parte de la cosecha para nuevas siembras.

Los colonizadores sufrieron las más penosas privaciones en ese segundo año de conquista. “Los víveres eran ya tan raros”, escribía Valdivia al rey Carlos V, “que se creía dichoso el individuo que lograba cincuenta granos de maíz por día, o un puñado de trigo”. “Las plantas, las raíces, los ratones de campo y otras cosas inmundas eran el sustento de aquellos aventureros”, cuenta Claudio Gay.

Según relata Gerónimo de Bibar, “sembrado este trigo dieron doce fanegas de trigo aquel año (1542), y el segundo hubo mucho. Se multiplicaron los cerdos, y caza había mucha: perdices, que hay muchas, y carneros salvajes que se llaman guanacos, que tienen tanta carne como una ternera. Cuando los naturales no nos daban lugar a cazar, comíamos chicharras, que hay gran cantidad en esta tierra. Para cazarlas tomábamos unas talegas (sacos). Cuando el sol calienta, vuela; y al ponerse el sol, las chicharras se posan en unos arbolitos pequeños que hay en las acequias. Cuando queríamos ir a cazar, madrugábamos, íbamos hasta aquellos lugares, las tomábamos sin que se meneasen y les echábamos en las talegas que llevábamos. Ya teníamos qué comer. Era caza cierta mientras duraba el verano”.

Todo mejoró a comienzos de 1543 con una abundante cosecha de trigo y de maíz. “Por el mes de septiembre de 1543 llegó el navío de Lucas Martínez Vegaso al puerto de Valparaíso; y el Capitán Alonso de Monroy con la gente por tierra, a mediados del mes de diciembre. Desde entonces los indios no osaron venir más, ni siquiera a cuatro leguas en torno a la ciudad (se retiraron hasta las orillas del rio Maipo), y cada día enviaban mensajeros diciendo que fuese a pelear con ellos…Yo les respondía que así haría” (Carta de Pedro de Valdivia al Rey).

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FUENTES: “Historia de Chile”, Diego Barros Arana; “Historia de Chile”, Claudio Gay; “Crónica de los Reinos de Chile”, Gerónimo de Bibar; Carta al Rey Carlos V, despachada por Pedro de Valdivia el 4 de septiembre de 1545, desde La Serena.
FUENTE: http://www.historiasdechile.cl

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Conquista de Chile

La Conquista de Chile es un periodo de la historia de Chile que comprende desde la llegada de Pedro de Valdivia a Chile en 1541 hasta la muerte de Martín García Óñez de Loyola, durante la batalla de Curalaba en 1598.

Periodo Predecesor: Descubrimiento
Periodos de la Historia de Chile 1541–1598
Periodo Sucesor: La Colonia

A pesar de haber acumulado una fortuna significativa por su participación en el Perú, su espíritu intranquilo lo llevó a iniciar un viaje a Chile, para dejar gloria y fama de sí. En abril de 1539, Pizarro le dio autorización como su teniente de gobernador para pasar a conquistar Chile, pero eso no implicaba ayuda monetaria, tenía que procurársela por su cuenta. Se asoció con el comerciante Francisco Martínez Vegaso, con el capitán Alonso de Monroy y asi mismo debió celebrar contrato de compañía con Pedro Sánchez de la Hoz, antiguo secretario de Pizarro, que venía de regreso de España con la autorización del rey para explorar las tierras del sur del estrecho de Magallanes y el título de gobernador de las tierras que allí descubriese.

Después de la fracasada expedición de Almagro, nadie quería ir a Chile, considerada tierra maldita. Consiguió solo once soldados para su hueste, más una mujer, Inés Suárez, y unos mil indios auxiliares. A lo largo del camino se le unirían más expedicionarios, como Francisco de Villagra y Francisco de Aguirre.

Al contrario de Diego de Almagro, tomó la ruta por el desierto de Atacama. Sánchez de la Hoz, que se había quedado en el Perú tratando de conseguir refuerzos pactados, lo que no consiguió llenándose de deudas, llegó al campamento de Valdivia por la noche y lo intentó asesinar para usurpar la jefatura de la hueste.

Pero Valdivia se encontraba ausente, y a su regreso perdona a Sánchez de la Hoz y destierra a tres de sus cómplices, obteniendo a cambio la renuncia de este a todo derecho de expedición y conquista.

Al llegar al valle de Copiapó, toma solemne posesión en nombre del rey de España de esta tierra y la nombra Nueva extremadura, en recuerdo a su tierra natal. Renueva la marcha hacia el valle del Aconcagua, donde el cacique Michimalonko intentó detenerlo sin éxito. El 12 de febrero de 1541, echó las bases de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo a los pies del cerro Santa Lucía (Huelén en mapudungún) y encerrada entre los brazos del Mapocho. Trazó la ciudad en forma de damero, dentro de la isla fluvial dividen todo el terreno en manzanas, que se partieron a la vez en cuatro solares que se asignaron a los primeros vecinos. Al trazado y formación de la ciudad le siguió la creación del primer cabildo, importando el sistema jurídico e institucional español.

Comenzó a correr la voz de que los almagristas habían matado a Pizarro. De ser cierta la noticia, los poderes de teniente gobernador de Valdivia quedaban caducados. Podría entonces venir otra persona del Perú a tomar mando de la naciente colonia y quedar en el olvido, entregándole las encomiendas de indios a advenedizos.

El cabildo consideró estos puntos resolvieron entregar a Valdivia el título de Gobernador y Capitán General en nombre del rey, que este rechazó inicialmente por motivos estratégicos de no quedar como traidor ante Pizarro por si seguía vivo, pero ante la amenaza de entregárselo a alguien más, aceptó el título, el 11 de junio de 1541.

El país no era rico en recursos minerales como el Perú, y no tenía una mano de obra indígena tan eficaz. Los primeros tiempos por tanto fueron duros, especialmente después del ataque del cacique Michimalongo, el 11 de septiembre de 1541, sobre la naciente ciudad, reduciéndola a un montón de escombros a causa de los incendios.

Éste no fue peor gracias a la ayuda de Doña Inés de Suárez quien decidió darles muerte a los caciques prisioneros y lanzara sus cabezas a los atacantes sobre las empaladizas que rodeaban la ciudad.

Las hostilidades de los ataques se detuvieron, pero la ciudad casi destruida cayó en miseria que, para poder salvar la conquista de Chile, Valdivia debió pedir auxilios a Perú a través de Alonso Monroy que sólo regresó con ayuda a fines de 1543.

Inició diversas obras de avance, entre las que se destaca la fundación de diversas ciudades: La Serena (1544), Concepción (1550), La Imperial, Valdivia (1552), Villarrica (1552) y Los Confines (1553). También inició la guerra contra el pueblo mapuche, la que es relatada por Alonso de Ercilla en su obra La Araucana (1576). Militarmente obtuvo importantes triunfos como en la batalla de Andalién y la batalla de Penco (1550) y trascendentes derrotas como la que acabó con su vida en Tucapel (1553).

En el testamento de Valdivia, que sólo se debía abrir a su muerte, nombraba gobernador de Chile en primer lugar a Jerónimo de Alderete, en segundo a Francisco de Aguirre y por último a Francisco de Villagra. Alderete se encontraba en España negociando el reconocimiento del cargo de Valdivia por el rey, Aguirre en la conquista de Tucumán y Villagra en las ciudades del sur (Concepción, La Imperial y Valdivia). Las ciudades del sur proclamaron entonces a Villagra como gobernador. No pasó lo mismo en Santiago en donde no se respetó el testamento de Valdivia y el Cabildo proclamó gobernador a Rodrigo de Quiroga.

Villagra intentó detener la rebelión indígena, que tenía como cabeza a Lautaro, pero al enfrentarse en la batalla de Marigueñu (26 de febrero) sufrió una terrible derrota, a consecuencia de la cual, resultó con la mitad de sus soldados muertos y sufriendo el despoblamiento y la destrucción de Concepción.

Llegado Villagra a Santiago para arreglar su situación, se obligó a Quiroga a dejar el mando. Pero el hijo de Aguirre le comunicó a su padre los acontecimientos y su designación del segundo lugar en el testamento, por lo que regresó a Chile y se entabló una pelea entre los dos capitanes, del que salió mejor parado Villagra, producto que su rival tenía apoyo solo en el norte de la gobernación (La Serena y Tucumán), mientras Villagra contaba con el apoyo de los habitantes de las ciudades del sur, muchos de ellos habitando en Santiago luego del despoblamiento de Concepción.

Para dirimir esta situación el Cabildo de Santiago somete la situación al fallo arbitral de los dos letrados que habitan en Santiago, los licenciados Alonso de las Peñas y Julián Gutiérrez de Altamirano. Si bien Villagra aceptó someterse al fallo de los letrados, Aguirre los rechazó al desconfiar de las decisiones que se tomaran en Santiago.

Los letrados viajaron a Valparaíso a dictar su falla, la sentencia llego a Santiago el 3 de octubre y fue leída en la plaza de armas la mañana siguiente. En ella se disponía que Villagrá partiese inmediatamente a socorrer las ciudades de la Imperial y Valdivia y que si en el plazo de siete meses no llegaba de la Audiencia el nombre del nuevo mandatarío se reconociese a Villagra como Gobernador.

La guerra de Arauco seguía su rumbo, y Lautaro vuelve a vencer a los españoles en Angol y en la refundada Concepción. Villagra cumpliendo el fallo de los letrados marcha al sur, y logra introducirse con sus hombres por sorpresa en el campamento mapuche, matando a Lautaro y venciendo a los araucanos en la Batalla de Mataquito (1 de abril de 1557).

Cuando se cumplieron los siete meses que los letrados habían dado como plazo a la Audiencia, Villagra vuelve a Santiago donde es nombrado Gobernador, una vez con el título decide viajar a La Serena a hacer valer su título frente a Aguirre, pero este al enterarse que Villagra viene en camino viaja a Copiapó para evitarlo. En Copiapó Aguirre recibe noticias desde el norte, había llegado un nuevo virrey al Perú y se había nombrado un nuevo Gobernador para Chile ; se trataba de García Hurtado de Mendoza.

Francisco de Aguirre le recibió muy hospitalariamente en La Serena, pero conociendo el nuevo gobernador los problemas entre Aguirre y Francisco de Villagra por la gobernación de Chile, no dudó un segundo en tomarlo preso, repitiéndose la misma situación con Villagra.

Se dirigió de inmediato a tierra araucana, levantando el fuerte San Luís de Toledo, el que fue prontamente atacado por los mapuches, los que sin embargo, salieron derrotados, ya que el gobernador logró contrarrestar su número con la fuerza de los cañones y arcabuces.

Dirigió una nueva campaña en octubre de 1557, con un poderoso ejército de más de 500 hombres y miles de indios auxiliares. Ocurrió en esta campaña la Batalla de Lagunillas (7 de noviembre), en donde los españoles salvaron vivos principalmente a la valentía demostrada por Rodrigo de Quiroga y los demás capitanes.

Cuenta Alonso de Ercilla, que vino a Chile en el grupo que trajo el gobernador, que los españoles tomaron prisionero en esa batalla al cacique Galvarino, al que le cortaron la mano izquierda. Perdida esa mano sin ninguna mueca de dolor Galvarino colocó la otra, que también se la cortaron. Pidió la muerte, pero los conquistadores lo dejaron ir y se fue el araucano con los suyos para planear su venganza.

Entre los líderes mapuches que se encontraban se destacaba Caupolicán, que dirigió el 30 de noviembre un nuevo ataque contra el invasor, en la llamada Batalla de Millarapue, en el valle del mismo nombre, que estaba lleno de accidentes que le facilitaban el ataque sorpresa. Esta batalla fue otra derrota mapuche, que recibieron como castigo el ahorcamiento de 30 de ellos, en los que se incluía Galvarino, que peleo siempre en primera fila.

Las penalidades de la lucha empezaron a molestar a los compañeros de García Hurtado de Mendoza, los cuales esperaban obtener riquezas por sus servicios. Para entregárselas, el gobernador dejó vacantes las encomiendas de Concepción, ciudad a la sazón abandonada, entregándosela a sus compañeros. Por este motivo, la ciudad fue refundada por tercera ocasión.

Poco después fundó también la ciudad de Cañete de la Frontera, y repuestas sus tropas de las batallas, las dividió nuevamente. Caupolicán, instigado por el indio Andresillo, se decidió a atacar el fuerte Tucapel. Lo que no sabia era que Andresillo era un traidor que les contó los pormenores del ataque a los españoles, por lo que los asaltantes se transformaron en asaltados, produciéndose una fuga en que dejaron a muchos heridos y prisioneros, y debilitaron gravemente sus fuerzas.

La moral de los españoles subió y en un asalto sorpresa al campamento de Caupolicán, lograron darle captura. El jefe mapuche, llevado al fuerte Tucapel, intento pactar con los españoles, prometió convertirse al cristianismo, pero Reinoso, el jefe del fuerte, decidió condenarlo a muerte empalado, es decir, a sentarse en una pica que le destruiría dolorosamente las entrañas. Aquella condena se cumplió, y aquel fue el final de Caupolicán.

Una nueva batalla le prestaron los indígenas en el fuerte de Quiapo, entre Cañete y Concepción, pero fueron nuevamente rechazados. Confiado en que para apurar la conquista era necesario fundar varios fuertes, fundo uno con el nombre de Los Infante o San Andrés de Angol.

Tiempo después se enteró de que su padre el virrey había sido reemplazado por el rey, y que su reemplazo ya se encontraba en camino. Para peor, designaron gobernador de Chile a Francisco de Villagra, del que debía esperar las mismas humillaciones que le hizo sufrir. Por esos motivos decidió abandonar Chile, pasando de paso por Santiago, que no había visitado durante toda su gobernación. Allí se enteró de la muerte del sucesor de su padre, por lo que este seguía en el mando, eso le entrego más confianza, por lo que se mantuvo un tiempo más en la capital.

Durante su estancia en Santiago se publicó la tasa de Santillán, que establecía el sistema de mita para el trabajo indígena, que en vez de echar al trabajo a todos los indios de un repartimiento, se fijaba un turno en el servicio, quedando obligado el cacique de cada tribu a enviar a la faena un hombre de cada seis vasallos para la explotación de las minas, y uno de cada cinco para los trabajos agrícolas. Este trabajador, a quien hasta entonces no se le había pagado salario alguno, debía ser remunerado con la sexta parte del producto de su trabajo, y esta cuota se le debía pagar regularmente al fin de cada mes. Se eximía además del trabajo a las mujeres y hombres menores de 18 años y mayores de 50, y se ordenaba que los indígenas fueran mantenidos por los encomenderos, quienes además debían mantenerlos sanos y evangelizados.

Una nueva noticia cambiaría su rumbo, su padre acababa de morir. Decidió partir inmediatamente al Perú, designando como gobernador interino a Quiroga, a la espera de Villagra.1583

Luego Branco fue el nuevo gobernador de Santiago debido a la muerte del anterior y Lyon traiciona a Branco para poder llegar al poder y mandar Santiago

Gobiernos de Francisco y Pedro de Villagra

El nuevo gobierno de Villagra se inició con una demostración de su eterna mala estrella, ya que el barco en que venía trajo la viruela a Chile, brotando una desastrosa epidemia en Valparaíso y Santiago, pero que también afectó con aun mayor gravedad a los mapuches y perdieron entre la quinta y cuarta parte de su población.

Al iniciar su mandato reorganizó la reglamentación del trabajo en las minas y anulo las encomiendas que García Hurtado de Mendoza había entregado a sus amigos y compañeros, lo que le origino nuevas protestas.

Organizó una nueva expedición, pero su cuerpo cansado de tanto batallar, cayo irremediablemente enfermo, teniendo que ser trasladado en camilla a los sitios de batalla. Sufrió en esta guerra además la muerte de su hijo Pedro de Villagra el mozo, lo cual empeoro su condición mental y física.

Designó para la continuación de la campaña a su primo Pedro de Villagra, dándole posteriormente también el título de gobernador interino, gracias a una facultad entregada por el virrey.

Pedro de Villagra era ya de facto el gobernante, por lo que la guerra no cambio de curso. Se obtuvieron resonantes victorias en Angol, derrotando finalmente a las fuerzas lideradas por el cacique Loble, en 1564.

Primer Gobierno de Rodrigo de Quiroga

Los enemigos de Villagra dentro del país lo derribaron y declararon ilegalmente gobernador a Rodrigo de Quiroga, el año 1564. Su gobierno estuvo marcado por los constantes enfrentamientos con los indígenas, de los que salió victorioso. Emprendió una nueva campaña, organizada por Lorenzo Bernal del Mercado. Reconstruyó Cañete y repobló Arauco, y conquistó el Archipiélago de Chiloé, con la fundación de Castro y pacificación de los dóciles Cuncos de esa isla.

Pese a esos triunfos (que mostrarían ser muy poco eficaces en el futuro cercano), la corte no reconoció sus méritos y al regresar a la capital supo del nombramiento de la Real Audiencia en Chile, que debía dirigir los destinos del país.

La Real Audiencia y Melchor Bravo de Saravia

El gobierno de la Real Audiencia había caído en completo descrédito en poco tiempo, y la corte misma reconoció su error, por lo que designó al presidente de ésta, Melchor Bravo de Saravia, como gobernador de Chile. Se dirigió al sur para actuar en la Guerra de Arauco, consiguiendo sólo una nueva derrota en el asalto al fuerte mapuche de Mareguano, por el que debieron ser evacuadas Arauco y Cañete. Agotado, delegó en el general Lorenzo Bernal del Mercado la contención de los mapuches, dedicándose a la administración civil.

Su labor administrativa se vio perjudicada por los gastos bélicos en el sur así como por el terremoto que asoló Concepción en 1570, por el que todas las casas de esa ciudad fueron destruidas, si bien no hubo muertos, a pesar incluso de que después se produjo un ataque indígena.

Al término de su mandato, en el que además fue iniciada la construcción de la iglesia de San Francisco en Santiago y se creó el obispado de Concepción, fue reemplazado por Rodrigo de Quiroga (1575).

Segundo Gobierno de Rodrigo de Quiroga

La segunda administración de Quiroga fue más conflictiva que la primera. A la guerra se le sumaron incursiones piratas, los dos terremotos de 1575, el conflicto con el obispo San Miguel en el nombramiento de cargos eclesiásticos y la rebaja de sueldo a los curas, lo que le valió amenazas de excomunión.

España prometió enviarle 500 refuerzos para acabar definitivamente con la guerra, pero solo llegaron 300, de una calidad muy inferior a la esperada y prácticamente sin equipo. Sobreponiéndose a estas dificultades y a su enfermedad (debía ser trasladado en silla en el campo de batalla), realizó una nueva campaña en contra de los mapuches, dirigidos en esta ocasión por el mestizo Alonso Díaz.

La Campaña tuvo éxitos relativos, que le permitieron afrontar otra amenaza, la aparición de sir Francis Drake en las costas de Chile, que saqueó el puerto de Valparaíso, pero cuando intentó repetir su acción en La Serena, se encontró con la resistencia armada de los habitantes, que destrozaron a uno de sus hombres.

El 16 de diciembre de 1575 ocurrió un terremoto que arruinó las ciudades de La Imperial, Ciudad Rica (Villarrica), Osorno, Castro y Valdivia. El sismo derribó un cerro, a la salida del Lago Riñihue, tapando el desagüe y que al acumularse gran cantidad de agua se desbordó y causó otro desastre.

Su grave enfermedad y su edad (se acercaba a los 80 años) le impidieron continuar dirigiendo la guerra, encomendándosela a su yerno Martín Ruiz de Gamboa.

Gobierno de Martín Ruiz de Gamboa

Apenas falleció Quiroga, el 25 de febrero de 1580, el cabildo de Santiago envió mensajeros a comunicar a Martín Ruiz de Gamboa este hecho, y a pedirle que se trasladase a la capital para recibirse del mando. Juró el 8 de marzo de 1580.

Pidió la ratificación de su mando del virrey del Perú y del rey. El virrey se demoró más de un año en confirmar a Gamboa en el alto cargo que poseía, firmando la rectificación el 24 de abril de 1571, mientras que el rey, al conocer la noticia, adoptaría una posición diferente.

Para asegurarse su elección como gobernador en propiedad, Gamboa pensó que cumpliendo el deseo del rey de proteger a los indígenas de los abusos lograría su cometido. Para eso reemplazo la tasa de Santillán, que en la práctica nunca fue cumplida, por una nueva, conocida hasta ahora como la taza de Gamboa. Esta reemplaza el servicio personal por un tributo. Los indios de repartimiento quedaban obligados a pagar un tributo pecuniario de nueve pesos anuales en el obispado de Santiago y de siete en el de La Imperial. Se creaba el cargos de corregidores de indios, funcionarios encargados de velar por de estas leyes y la protección de los indios. Esos funcionarios debían ser gratificados con una porción del tributo que pagasen los indios, pero la mayor parte de este tributo formaba la renta de los encomenderos.

La medida provocó crecientes enfrentamientos entre los encomenderos, pues quedarían en la más miserable pobreza, pues estaban seguros (y así ocurrió) que los indígenas no pagarían los nuevos tributos y se dedicarían al ocio.

Ganándose con esto muchos enemigos, estos se dedicaron a llevar los rumores al virrey, que cada día se empezaba a hacer una imagen más negativa de Gamboa.

Entretanto, tiene que enfrentar la rebeldía de su teniente de gobernador Lope de Azócar, quien opuso resistencias a la administración de Ruiz de Gamboa. Pero el gobernador logra el control de la situación, lo apresa y lo envía fuera de Chile.

Los últimos años de su mandato, entre 1581 y 1583, estuvo en el sur del país, enfrentado de manera permanente a los indígenas. Durante la campaña fundo la ciudad de San Bartolomé de Gamboa, nombre que no prosperaría y que seria conocida para la posteridad como Chillán. La situación de la Guerra durante su mandato solo empeoro, ya que a la rebelión mapuche se le sumo la de los huilliches, que anteriormente no se habían mostrado agresivos, y la de los picunches en Chillán.

Había mandado a pedir refuerzos desde España y Perú, los que efectivamente llegaron (aunque hubo muchas deserciones en el viaje), pero al mando de Alonso de Sotomayor, su sucesor designado por el rey

Gobierno de Alonso de Sotomayor

Alonso de Sotomayor llegó a Chile en 1583, contando además con el cargo de juez de residencia por lo que tuvo que hacerse cargo de las innumerables acusaciones al gobernador cesante, Martín Ruiz de Gamboa, que se había vuelto muy impopular por su tasa indígena que prohibía el trabajo personal de los indios.

Sotomayor lo tuvo que detener en las casas del cabildo de Santiago, de donde se le dejó salir con fianza de carcelería, pero luego le libero totalmente con su absolución

Con estos antecedentes, su primera decisión fue el restablecimiento sistema de servicio personal de los indios, derogando la Tasa de Gamboa y reimplantando la Tasa de Santillán, aunque humanizándolo para evitar los excesos que eran víctima los indios de sus encomenderos.

Entre sus primeras acciones se destaca el restablecimiento del sistema de servicio personal de los indios, derogando la Tasa de Gamboa y reimplantando la Tasa de Santillán, aunque humanizándolo para evitar los excesos que eran víctima los indios de sus encomenderos.

Sotomayor quería desarrollar la conquista de Chile con el estilo de Pedro de Valdivia, es decir, construyendo fuertes que se protegieran entre sí y a las ciudades, idea que no logró realizar, pues necesitaba para ello un ejército profesional, petición no satisfecha por las autoridades hispanas por la escasez de recursos con que contaba la Corona.

Realizó por entonces varias campañas contra los mapuches. Logró capturar al mestizo Alonso Díaz, que dirigía desde hacia algunos años. Envió a su hermano Luís a realizar una campaña en las inmediaciones de Valdivia, y logró rechazar a los mapuches en un ataque sorpresa que les realizaron en Angol (16 de enero de 1585)

En ese año Sotomayor comenzó a poner en ejecución su plan con los escasos hombres que tenía. Mando a construir en el lugar denominado Millapoa, un fuerte en cada una de las riberas del Bio Bio, con el objeto de cortar las comunicaciones entre mapuches e indios del norte. Levanta otro fuerte en Purén, donde colocó también un pequeño destacamento. El Gobernador esperaba establecer en breve un pueblo en cada uno de esos lugares, persuadido de que éste era el medio más eficaz de reducir esas tribus, y de que los refuerzos que le llegarían sería suficiente para la conquista definitiva de Chile.

Mas todas estas acciones no debilitaban realmente a los mapuches, pues la captura de Díaz nada cambio y los fuertes no produjeron el efecto deseado. En cambio los araucanos se mostraban cada día más diestros en el manejo de las armas y los caballos españoles, siendo su único límite el arcabuz, pues aún no sabían manejarlo y la falta de pólvora se los hubiera impedido de todos modos.

Entre los problemas que debió enfrentar destacan los ataques de corsarios ingleses, destacándose entre ellos Thomas Cavendish, quien fondeaba el 9 de abril de 1587 en Quintero, en el que sus hombres fueron derrotados por fuerzas españolas, perdiendo 10 de sus hombres. Además de los mapuches tuvo que enfrentar dos sublevaciones de los soldados del sur, motivadas por las penurias que sufrían, pues deseaban ser pagados con sueldo y ya no con encomiendas.

Alarmado por esta situación y por los pocos esfuerzos enviados, se dirigió el 30 de julio de 1592 al Perú, con esperanzas de obtener hombres que le permitiesen realizar una campaña eficaz contra los araucanos. Dejó en el mando al licenciado Pedro de Viscarra, letrado anciano y circunspecto, que cerca de dos años antes había llegado de España con el título de teniente de gobernador y justicia mayor del reino de Chile.

Desembarco en el Callao en agosto de 1592, donde se enteró que el rey había designado a un nuevo gobernador de Chile, Martín García Óñez de Loyola.

Gobierno de Martín García Óñez de Loyola

Óñez de Loyola llegó a Chile el 23 de septiembre de ese año, determinado a pacificar Arauco, por lo que se dirigió de inmediato a Concepción, a la cabeza de ciento diez hombres que logró reunir en la capital (febrero de 1593). Con tan escasos recursos que disponía en el reino, Óñez de Loyola se da cuenta de que sin refuerzos no lograría su objetivo, por lo que pidió refuerzos al Perú pues en su actual campaña se mantenía con solo poco más de 200.

La aparición del pirata holandés Richard Hawkins, que encendió la alarma en el Perú, retrasó el envió de refuerzos (se decía que eran necesarios para la defensa del Perú). Hawkins en sus correrías también atacó el puerto de Valparaíso, pero como el botín era muy pobre, en un acto caballeresco, devolvió los artículos que no le servían y dejó en libertad a los marineros apresados.

El gobernador no recibía los hombres solicitados, pero si les llegaron dos órdenes religiosas, los padres agustinos y los jesuitas, estos últimos tendrían una gran importancia en los futuros sucesos ocurridos durante la colonia en Chile hasta su expulsión.

El Gobernador decidió no esperar más, y en 1594 inicio las campañas del sur con el reducido contingente con el que contaba. Tres años después llegó un refuerzo de ciento cuarenta hombres, pero no bastan, a lo que se suma la negativa de Santiago de enviar más hombres. Los pocos refuerzos no eran culpa del virrey, que ofrecía generosas ofertas para unirse al ejército, sino porque el nombre de Chile estaba tan manchado por esa guerra interminable, que nadie deseaba arriesgar su vida yendo a ese infierno.

El desastre de Curalaba
Artículo principal: Desastre de Curalaba
Se encontraba en La Imperial cuando le llegó la noticia de que ya habían recomenzado sus correrías, por lo que partió el 21 de diciembre de 1598 con 50 hombres al lugar. En el segundo día de marcha encontraron un sitio llamado Curalaba (la piedra partida), a orillas del río Lumaco, encajonado allí por altas barracas, donde descansaron sin tomar siquiera ninguna medida de precaución para evitar un ataque. En la noche del 23 al 24 los indígenas se acercaron al campamento, y al trueno de sus gritos y cuernos se lanzaron al ataque de los españoles.

Óñez de Loyola, y dos de sus soldados que estaban a su lado, hicieron prodigios de valor, pero sucumbieron traspasados por las picas de los indios. En la refriega murieron casi todos los españoles, con excepción del clérigo Bartolomé Pérez, hecho prisionero, Bernardo de Pereda, soldado que quedó tirado en el campo de batalla con 23 heridas en el cuerpo pero aun vivo.

Los mapuches iniciaron entonces un levantamiento general que terminó finalmente con todas las ciudades al sur del río Biobío, excepto Concepción. De ahora en adelante los españoles paralizaron la expansión por el territorio de la misma manera que se realizó a lo largo del siglo XVI; y dividiría los territorios españoles en Chile, al tener su territorio norte (la Capitanía General de Chile) como frontera sur el río Biobío, y su territorio sur (Chiloé) como frontera norte el canal de Chacao (exceptuando la posterior recuperación del territorio y ciudad de Valdivia en 1645, y la recuperación a fines de la colonia de los territorios al sur de esta ciudad, como la ciudad de Osorno).

Con este hecho se considera que se da fin al periodo de la Conquista de Chile, y es el inicio al periodo de la Colonia de Chile.



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Emboscada y muerte del Gobernador Pedro de Valdivia

Lautaro sabía que las fuerzas bajo su mando, recién entrenadas, estaban ahora en una línea denominada "Línea interior", es decir, entre dos fuerzas, las del fuerte Purén por el sur y las de Concepción por el norte. Para ello elige neutralizar una de ellas y usa una estratagema: engaña a Gómez de Almagro en el fuerte Purén y se asegura de que sus tropas no se junten con la de Valdivia en el fuerte de Tucapel.

Lautaro captura un emisario y se entera de que Valdivia marcha hacia el sur y necesariamente tiene que pasar por Tucapel. En efecto, Valdivia a mediados de diciembre de 1553 sale de Concepción y se dirige a Quilacoya, donde toma algunos soldados en su marcha a Arauco, los espías mapuches siguen la columna desde las alturas de los cerros y no le presentan batalla, dejándole hacer su camino. Valdivia muestra extrañeza de no recibir alguna noticia del fuerte de Tucapel y que además no sea hostigado en el camino.

El día 24 del mismo mes, decide tomar rumbo a Tucapel, esperando encontrar a Gómez de Almagro en éste. La tranquilidad y los espóradicos avistamientos de indígenas a lo lejos le despiertan sospechas y envía en una avanzada a Luis de Bobadilla con cinco hombres para que exploren el camino y den información de la presencia del enemigo. No los vuelve a ver. Extrañado Valdivia de no tener más noticias de Bobadilla pernocta a media jornada del fuerte de Tucapel.

El día de Navidad de ese año, se pone temprano en marcha y al llegar a las inmediaciones le extraña el silencio absoluto reinante. Al arribar a la loma donde está el fuerte, lo encuentra totalmente destruido. No aparecían ni Gómez de Almagro ni Bobadilla por ningún lado. Valdivia aun así decide seguir y hacer campamento en las ruinas humeantes del fuerte. Cuando ya avanzaban los preparativos, de súbito el bosque se llenó de chivateos y sin más aviso una masa se precipitó hacia el enclave español.

Valdivia, experto militar, apenas pudo armar sus líneas defensivas y aguantar el primer choque, mientras la caballería cargaba sobre la retaguardia del enemigo. Los mapuches, previendo esta maniobra, habían dispuesto lanceros y contuvieron la carga. Con mucho valor y resolución los españoles lograron descomponer la carga mapuche, que volviéndose a los bosques se retiraron de la loma. Los españoles saborearon la victoria. Pero cual sería su sorpresa cuando apareció un nuevo escuadrón indígena presentándose al combate y de nuevo hubo que armar líneas y nuevamente dar carga con la caballería.

Los mapuches además de los lanceros llevaban hombres cargando mazas, boleadoras y lazos con los que lograban desmontar al jinete y asestarle un definitivo mazazo en la cabeza una vez en el suelo. Se repitió la misma escena, y al toque de un lejano cuerno el escuadrón se retiró, no sin dejar algunas bajas y un tercer escuadrón se presentó a la batalla; esta vez Lautaro estaba detrás. Valdivia, viendo desesperada la situación, dado el cansancio y las bajas, reunió a los hombres disponibles y se lanzó a la lucha que adquirió ribetes muy encarnizados: ya la mitad de los españoles yacían en el campo y los indios auxiliares mermaban.

Emboscada y muerte del conquistador de Chile

Extrañado Valdivia de no tener más noticias de Bobadilla pernocta a media jornada del fuerte de Tucapel. El 25 de diciembre de 1553, se pone temprano en marcha y al llegar a las inmediaciones le extraña el absoluto silencio reinante; al llegar a la loma donde está el fuerte, lo encuentra totalmente destruido.

No aparecía ni Gómez de Almagro ni Bobadilla por ningún lado. Decide hacer campamento en las ruinas humeantes del fuerte y cuando ya avanzaban los preparativos, de súbito el bosque se llenó de gritos y sin más aviso, una masa se precipitó hacia el enclave español. Valdivia, experto militar, apenas pudo armó sus líneas defensivas, dividiendo sus fuerzas en 3 cuadrillas de 20 soldados cada una, y aguantó el primer choque, mientras la caballería cargaba sobre la retaguardia del enemigo, los mapuches ya previstos de esta maniobra dispusieron lanceros y contuvieron la carga.

Con mucho valor y resolución los españoles lograron descomponer las primeras cargas mapuches. Los indígenas, volviéndose a los bosques, se retiraron de la loma por una ladera escarpada que impedía la persecución a caballo.

Los españoles saborearon la victoria. Luego recibieron otra sorpresa, cuando apareció un nuevo escuadrón indígena presentando batalla y de nuevo hubo que armar líneas y nuevamente dar carga con la caballería.

Los mapuches además de lanceros, llevaban hombres cargando mazas, boleadoras y lazos, con los que lograban desmontar a los infortunados españoles y asestarles un definitivo mazazo en la cabeza una vez en el suelo. Se repitió la misma escena, al toque de un lejano cuerno el escuadrón se retiró, no sin dejar algunas bajas, y un tercer escuadrón presentó batalla, esta vez Lautaro, le relevó.

Valdivia , como militar experimentado, vio lo desesperado de su situación, dado el cansancio y las bajas, reunió a los disponibles y se lanzó a la lucha que adquirió ribetes muy encarnizados; ya la mitad de los españoles yacían en el campo y los indios auxiliares mermaban.

En un momento de la lucha, Valdivia se dirige a quienes aun le rodean y les dice: "¿Caballeros que haremos?". El capitán Altamirano responde: "¡Que quiere vuesa merced que hagamos si no que peleemos y muramos!".

Valdivia al ver perdida la batalla, dispusó la retirada, pero el propio Lautaro cayó por el flanco produciendo el desbande. Era justo lo que Valdivia no deseaba y los indios se dejaron caer sobre cada uno de los españoles retrasados. Sólo Valdivia y el clérigo Bartolomé del Pozo7 que montaban muy buenos caballos, lograron zafarse de ser capturados. Sin embargo, al cruzar unas ciénagas, los caballos se empantanaron y los indios los capturaron.

Los Detalles:

En un momento de la lucha, Valdivia se dirige a quienes aún le rodean y les dice: "¿Caballeros qué haremos?". El capitán Altamirano responde: "¡Qué quiere vuestra señoría que hagamos si no que peleemos y muramos!". Valdivia, al ver perdida la batalla, dispuso la retirada pero el propio Lautaro cayó por el flanco produciendo el desbande. Era justo lo que Valdivia no deseaba y los indios se dejaron caer uno a uno sobre los españoles aislados. Sólo Valdivia y el clérigo Pozo, que montaban muy buenos caballos, lograron tomar camino de huida. Pero al cruzar unas ciénagas, los caballos se empantanaron y los indios les capturaron.

Se dice que durante su juicio ante los Lonkos, después de ser capturado en la batalla de Tucapel, un Cacique llamado Leucotón fue quien le dio muerte, propinándole un fuerte mazazo en la nuca, aunque es poco probable que este haya sido el fin del conquistador español ya que su cráneo fue usado como trofeo por más de 50 años.

Según otras versiones, Valdivia fue llevado al campo mapuche donde le dieron muerte después de tres días de atroces torturas. Primero le echaron tierra mezclada con polvo de oro en la boca y lo baquetearon como a un arcabuz, para que se hartara de aquello que con tanta inmisericordia buscaban los llegados desde allende los mares; después, en un acto de justicia por las mutilaciones y masacre a los indígenas que ordenó luego de la Batalla de Andalién, le hicieron cercenamientos similares a los realizados por el conquistador para escarmentar a los indios en aquella batalla. El martirio continuó con la amputación de sus músculos en vida, usando afiladas conchas de almeja, y comiéndolos ligeramente asados delante de sus ojos. Finalmente extrajeron a carne viva su corazón para devorarlo entre los victoriosos toquis, mientras bebían chicha en su cráneo, que fue conservado como trofeo, actualmente estudios descartan este relato por ser parte de la típica acusación de canibalismo que hacen los europeos a culturas que desean conquistar.

El vencedor araucano arrasó luego sistemáticamente las ciudades españolas. Por dos veces saqueó e incendió Concepción, centro de los asentamientos españoles en el sur de Chile.

La muerte de Valdivia
Existen varias versiones y mitos sobre la muere que sufrió Valdivia. Según Jerónimo de Vivar, el toqui Caupolicán pidió personalmente la ejecución de Valdivia, que fue muerto con una lanza y su cabeza puesta en una lanza exhibiéndola a los otros españoles.8 Alonso de Góngora Marmolejo escribe que Valdivia ofreciendo como rescate por su vida, prometió que evacuaría los establecimientos españoles en sus tierras y les daría grandes manadas de animales, pero según la versión de Gongora Marmolejo, "esto fue rechazado y los mapuches cortaron sus antebrazos, asaron y comieron delante de él antes asesinarlos a él y al sacerdote".9 Pedro Mariño de Lobera también escribió que Valdivia ofreció evacuar las tierras mapuches10 pero poco después de que fue muerto por un guerrero vengativo llamado Leucotón11 con un gran mazazo en su cabeza, tras decir que Valdivia no mantendría su palabra una vez libre. Los historiadores dicen que Leucotón fue nominado para cumplir con la sentencia de muerte y se usó esta porque era la menos sanguinaria, ya que Leucotón era un experto mazero y mataba limpiamente de un solo golpe.12 Lobera también dice circuló una historia en esos días por Chile en la que Valdivia fue muerto dándole a beber el oro fundido que los españoles deseaban tanto; quemando sus interiores.

Una leyenda posterior dice Lautaro llevó al campo mapuche a Valdivia y le dio muerte después de tres días de atroces torturas, extrayéndole a carne viva el corazón y comiéndoselo junto a los toquis.14 Su cráneo fue extraído y sirvió como trofeo al ser usado como vasija contenedora de chicha,15 16 entre los principales toquis; fue devuelto medio siglo más tarde junto al de Martín Óñez de Loyola a los españoles como prueba de pacificación por el cacique Pelantarú.

“El cráneo seccionado de Pedro de Valdivia, gobernador de Chile, convertido en vaso para la chicha, era el más preciado trofeo que en sus fiestas mostraban los araucanos.
El infortunado conquistador había sido herido en batalla y luego apresado. Primero le echaron tierra mezclada con polvo de oro en la boca y lo baquetearon como a un arcabuz, para que se hartara de aquello que con tanta inmisericordia buscaban los llegados desde allende los mares. Luego se lo fueron comiendo de a bocados, minuciosamente, manteniéndolo vivo durante tres días.


Consecuencias

autaro arrasó sistemáticamente las ciudades españolas (Concepción, Angol). Provocó el abandono de los fuertes y el despoblamiento de la zona de Concepción. Dos veces saqueó e incendió Concepción, centro de los asentamientos españoles en el sur de Chile.

Tucapel fue el fin del mito invencibilidad española en campo abierto. Los mapuches experimentaron y aprendieron unas táctica que les permitirá mantener la guerra por un siglo más: uso de guerrillas y emboscadas, concentrarse aprovechando líneas interiores y ganar gracias a la combinación de armas. Se percataron de la debilidad de la caballería española en zonas pantanosas y de bosques densos. Descubrieron el cansancio que afectaba a los españoles cuando la batalla se prolongaba por demasiado tiempo dado que el uso de armaduras que dificultaba movimientos y les agotaba físicamente. Las soluciones de Lautaro al tipo de guerra que planteaban los españoles han sido estudiadas por academias militares

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Lautaro


Lautaro ( mapudungun Lef-traru o Lev-traru, traro veloz ) Nace en Tirua en el año de 1534 y fallece en Peteroa año de 1557, destacado lider mapuche que peleo en la guerra de Arauco durante la primera face de la conquista española.
Hijo del lonko de la zona llamado Curinancu ( mapudengun Kuru-ñangku negra - aguila), vivio una vida normal hasta que en el año 1546, teniendo alrededor de 12 años de edad, fue capturado por las huestes de Pedro de Valdivia en las inmediaciones de Concepción.

Tras la captura se le hizo " yanacona " ( en español servidumbre el era encargado de los caballos de las armas y armaduras de los españoles). Permaneció como prisionero de los españoles durante seis años, en los que llego a ser paje personal de Valdivia.

Aprendió a no temerles a los caballos se hizo un buen jinete, observo las disposiciones de batalla de los españoles, y aprendió de Valdivia sus tácticas militares.

Durante este periodo, tuvo un grado de amistad con uno de los capitanes de Valdivia, Marcos Veas, quien le enseño el uso de algunas armas y tácticas de caballería.

El 22 de febrero de 1550, durante la batalla de Andalien y la batalla de Penco, el 12 de marzo del mismo año, Lautaro fue testigo de los escarmientos a los que Valdivia hizo someter a los derrotados mapuches, mutilando a los prisioneros y liberándolos después, como ejemplo para evitar rebeliones, esto lo impacto profundamente, a raíz de estos hechos violentos hacia su pueblo, se engendra en su interior una terrible decepción y rebelión en su ser con respecto a Valdivia y a los españoles. Y decidió fugarse a la primera ocasión que pudiese, y así lo hizo el año de 1552 se fugo con un caballo y la corneta de Pedro Godinez, el maestro de campo de Valdivia, regresando a su pueblo.

Lautaro se presento ante los sorprendidos lonkos presididos por Colo-Colo y algunos de sus capitanes, Paicavi, Lemo-Lemo, Lincoyan, Tucapel y Elicura. Ya vencidos los naturales recelos, Lautaro demostró resueltamente sus naturales dotes de líder innato, les enseña a su gente a perderles el miedo a las cabalgaduras, aprendieron a montar y a utilizar el caballo en las batallas contra los españoles, les enseño las artes militares y el uso de armas nuevas, diseño tácticas militares como el uso de escuadrones, elección del terreno, tácticas de emboscadas etc.

Teniendo la autoridad de los Lonkos, fue elegido Toqui, jefe máximo en estado de guerra, y dirigió una gran sublevación militar contra los españoles.

Lautaro captura un emisario español y se entera que Valdivia marcha hacia el sur y necesariamente tiene que pasar por Tucapel, los espías mapuches siguen la columna desde las alturas de los cerros y no le presentan batalla, dejándolo hacer su camino, Valdivia muestra mucha extrañeza de no recibir noticias del fuerte Tucapel y de ademas no ser hostigado por los mapuches.

Valdivia manda a 5 hombres para que exploren el camino y den información de la presencia del enemigo, no los vuelve a ver, extrañado Valdivia de no tener noticias decide pernoctar a media jornada del fuerte Tucapel.

El día de Navidad de ese año, se pone temprano en marcha y al llegar a las inmediaciones le extraña el silencio reinante. Al arribar a la loma donde esta el fuerte, lo encuentra totalmente destruido, Valdivia decide hacer el campamento en las ruinas humeantes del fuerte, estaban en eso cuando de súbito de entremedio del bosque aparece una masa de mapuches que se precipito hacia el enclave español. Los españoles se defendieron como podían al no estar preparados para la lucha, descompusieron la carga mapuche y estos tuvieron que volver a los bosques, los españoles saborearon la victoria, pero cual seria su sorpresa cuando apareció un nuevo escuadrón presentándole combate, y así se repitió la misma escena, Valdivia , viendo desesperada la situación, dado el cansancio y las bajas de sus hombres decidió retirarse, pero el propio Lautaro cayo por el flanco produciendo el desbande español, Valdivia y el clérigo Pozo al cruzar unas ciénagas los caballos se empantanaron y los mapuches los capturaron.

Valdivia es llevado prisionero antes los Lonkos, después de ser capturado en la batalla de Tucapel, pero ante un descuido, un Cacique llamado Leucoton le da muerte con un mazazo en la nuca, y su cráneo fue usado como trofeo por mas de 50 años.

El vencedor araucano arraso con las ciudades españolas, ataco, saqueo y incendio Concepción, centro de asentamientos españoles en el sur de Chile.

Francisco de Villagra despues de sufrir la derrota de manos de Lautaro y haber sido salvado por sus compañeros al haber caído prisionero emprende rumbo hacia Santiago.

Desde abril hasta noviembre de 1554 no hubo mayor actividad de Lautaro, ademas las cosechas no se habían realizado por la guerra, y la hambruna empezaba aparecer, así como las enfermedades traídas por los españoles.

En diciembre de ese año una avanzada española llega por tierra y por mar para empezar a reconstruir Concepción.
Lautaro reúne a su gente y se dirige a Angol destruyéndola y después continua hacia Concepción venciendo a los españoles nuevamente

Durante dos años no se volvió a saber de los Españoles en la región.

Lautaro pese a la hambruna y las enfermedades reúne a 200 guerreros y cruza el Bio-Bio, siguiendo hacia el norte .
Pedro de Villagra reunió algunos hombres y marcho a combatir contra Lautaro que se encontraba en la localidad de Peteroa, Lautaro supo que venia y lo dejo pasar, atacandolo por la espalda, y Villagra tuvo que replegarse, Lautaro cruzo el Itata y reagrupo sus fuerzas, atravesando el Maule y sabiendo que Francisco de Villagra venia con un ejercito lo dejo pasar hacia el sur y el siguió hacia el norte.

Lautaro abuso con el pueblo Picunche, ganándose enemigos, entre ellos el cacique Chillican, quien vio morir a su padre de manos de Lautaro, desertando de su ejercito.

Después de reunir un pequeño ejercito las avanzadas españolas capitaneadas por Francisco de Villagra, son informadas en Reigolen por un indio llamado Chillican de que Lautaro acampaba en un fortín en el rió Mataquito, al norte del pueblo del mismo nombre, y callendo de sorpresa en la madrugada, sorprende a Lautaro en su ruca quien estaba en compañía de Guacolda su mujer, alcanzo a salir de su ruca, con la espada de Valdivia en su mano y murió atravesado de un lanzazo en su pecho, mientras que los suyos fueron masacrados por los españoles, después de mas de 5 horas de lucha.
Con la muerte de Lautaro desaparece la figura notable de la guerra de Arauco, nadie mas llego a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.

El cadáver de Lautaro fue desmembrado y su cabeza se exhibio en la plaza de armas de Santiago por largo tiempo ensartada en una lanza española.

El liderazgo de Lautaro

Lautaro demostró tener condiciones innatas de líder, pronto además demostraría tener condiciones de estratega militar. Con un elocuente discurso, pronto su pueblo le respondió a sus exigencias y planteamientos, siguiéndole en su aventura militar. Enseñó a su pueblo, basándose en demostraciones propias, a luchar en escuadrones, aprovechando el terreno y usando formas defensivas contra las cargas de caballería. Les enseñó que la retirada no era cobardía, sino una forma táctica de combate. Asimismo, inculcó el uso del toque de corneta, como elemento de obediencia táctica de los escuadrones, como hacían los españoles. Además creó un verdadero servicio de "investigaciones e inteligencia", utilizando hombres, mujeres y adolescentes.

A ellos se les brindaba una preparación profesional, por ejemplo en caracterizaciones: simulaban ser borrachos, locos, cristianos o traidores de su pueblo con el fin de trabajar como falsos colaboradores, sirvientes o esclavos de los españoles, simulando no entender el idioma español y así sacar información vital, además de difundir noticias o datos incorrectos sobre los posibles ataques del ejército mapuche; además realizaban entrenamientos de visibilidad nocturna, sometiendo al agente a vivir durante días sin ver la luz del sol, con el fin de que posteriormente en las noches, hiciera el trabajo de espionaje nocturno, viendo como si fuese de día; además se les enseñaba el exclusivo sistema de comunicación mediante el movimiento de ramas de árboles. Lautaro eligió e instruyó a comandantes para las diversas secciones de su completo y jerarquizado ejército; Incluyendo a un toqui jefe del servicio de investigaciones, el cual supervisaba y daba cuenta de las acciones de su servicio. Físicamente, Lautaro era un joven no muy alto, más bien grueso, de unos ojos negros penetrantes(Ciego de nacimiento de su ojo izquierdo), cuerpo robusto y rostro lleno. Anchas espaldas y torso levantado, de agradable apariencia. Vestía una camiseta colorada española, un bonete de cuero grana. La cabeza rapada era coronada con un copete que se dejaba como insignia de generalato; además portaba la simbólica Toki Kura, emblema de piedra que cuelga del cuello, además de la Clava que portaba en su mano, símbolos del jefe de guerra o Toki.

Batallas de Lautaro

Batalla de Andalién (como yanacona, no comprobada o improbable su participación)
Batalla de Penco (como yanacona, no comprobada o improbable su participación)
Catorce de la fama
Batalla de Tucapel
Batalla de Marihueñu
Primera destrucción de Concepción
Segunda destrucción de Concepción
Batalla de Peteroa
Batalla de Mataquito


Muerte de Lautaro

Las avanzadas españolas capitaneadas por Francisco de Villagra, quienes estaban al sur de las fuerzas araucanas fueron informadas en Reinoguelen por un indio (ya mencionado anteriormente) de que Lautaro acampaba en un fortín en el río Mataquito, al norte del pueblo del mismo nombre, en la falda de un cerro llamado Caune (actualmente llamado Caone) de difícil perfil, donde había un sendero denominado camino de Las Palmas, muy cerca del lugar llamado Peteroa. Villagra tan pronto se dio cuenta de la información que tenía envió por la avanzada del capitán Godinez para que se reuniera con él en el pueblo de Mataquito. Reunidas las fuerzas, Villagra avanzó en la noche oculto hasta las inmediaciones viniendo por la orilla del río Mataquito. Las informaciones obtenidas por Lautaro le hacían suponer lejos al enemigo que había dejado al sur y por tanto descuidó la vigilancia del emplazamiento y no supo del acercamiento de Villagra y Godinez, ya sea por que los naturales de la zona no dieron la alarma o bien ocultaron la información. Además le fue informado que la noche anterior las huestes de Lautaro había estado embriagándose en una celebración, si la maniobra salía bien la sorpresa iba a ser total. En el amanecer del jueves 1º de abril de 1557, Francisco de Villagra más su primo Juan de Villagra, Diego de Altamirano y 57 jinetes, cinco arcabuzeros y más de 400 yanaconas, si se compara, era una fuerza relativamente pequeña si se piensa que al menos eran 800 mapuches en el campamento. Villagra con mucha cautela hizo avanzar algunos yanaconas exploradores y estos volvieron diciendo que no habían centinelas, lo que le hizo predecir a Villagra que el campamento estaba en el más absoluto reposo. Las huestes españolas se acercaron de amanecida al fortín subiendo por una serranía empinada y tendieron su línea de ataque, Villagra en voz baja dirigió unas palabras a sus acompañantes representándoles la responsabilidad del éxito y que la suerte de la colonia dependía de esta acción.

Villagra ya había organizado la forma de ataque cuando un trompeta impaciente tocó la señal antes de tiempo. De inmediato, los mapuches salieron a empuñar sus armas y Villagra gritaba -¡Santiago y cierra España, adelante!! estos sorprendieron a las huestes lautarinas totalmente, creándose el desconcierto y la huida. El lugar donde estaba Lautaro era conocido por los espías indígenas de Villagra, por tanto se dirigieron resueltamente a la ruca que albergaba a Lautaro quien estaba en compañía de su mujer Guacolda. Lautaro salió de su ruca, con la espada de Valdivia en mano y murió atravesado en la misma puerta de un lanzazo mientras que los suyos eran tomados por sorpresa y masacrados, los españoles jubilosos gritaron: -¡Aquí españoles que Lautaro es muerto!-(1557).

A pesar de la muerte del líder los mapuches dieron una valiente resistencia durando más de 5 horas de brega, en la que al final cayeron 663 indios y capitanes, logrando apenas escapar unos 130. Con el fin de Lautaro, desaparece una figura notable de la guerra de Arauco, nadie más llegó a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.

Los españoles causaron más de 650 bajas mapuches, y los españoles perdieron a Juan de Villagra (primo de Francisco de Villagra) quien murió de un lanzazo en plena boca, además de todos los castellanos heridos, más 200 yanaconas heridos o muertos más muchos caballos. El cadáver de Lautaro fue desmembrado y su cabeza se exhibió en la plaza de Armas de Santiago por largo tiempo ensartada en una lanza española.

Batalla de Mataquito

La batalla de Mataquito fue un encuentro militar sucedido en el contexto de la guerra de Arauco sucedida el 30 de abril de 1557, se trató de un ataque sorpresa de los españoles dirigidos por Francisco de Villagra contra el campamento fortificado de Lautaro ubicado entre la orrilla del río Mataquito y una montaña.

Causas

A principios de 1557 tras la retirada mapuche posterior a la batalla de Peteroa Francisco de Villagra juntó gran cantidad de soldados y marchó al sur a auxiliar a las ciudades acosadas por la sublevación general indígena iniciada tras la muerte de Pedro de Valdivia pero dejo la ciudad de Santiago sin un contingente importante que la defendiera. Viendo su oportunidad de destruir el núcleo del poder español Lautaro evadió a Villagra dejándole pasar al sur. El toqui contaba con 10.000 guerreros8 a los que se les sumaron otros 6.000 aliados promaucaes y picunches al mando de Panigualgo.9 Sin embargo, en cuanto llegaron a las orillas del Mataquito el mal trato que dio Lautaro a sus aliados tras una pelea con estos llevó a que la mayoría de los guerreros abandonara la expedición a la que se les sumó los continuos castigos que dio a los poblados indígenas que se negaron a apoyarlo. Tras esto Lautaro se movío con sus fuerzas restantes cruzando el río a Lora donde establecio un campamento fortificado10 en una zona llamada como el río homónimo, Mataquito.

La batalla

Los aliados que desertaron tras los abusos de Lautaro fueron a informar a Villagra sobre la localización del campamento por lo que este envió a un mensajero a ordenar a Juan Godíñez que partiera de Santiago al sur mientras el volvía rápidamente con 70 hombres, ambas fuerzas se juntaron en una zona de la provincia de Gualemo a tres leguas del campamento mapuche con total desconocimiento de sus enemigos.12 La fuerza de Villagra y Godíñez sumaba 57 jinetes (incluido Pedro Mariño de Lobera y Alonso López de la Eaigada), cinco arcabuzeros y más de mil yanaconas, se decidio marchar de noche secretamente a la cima de las colinas de Caune quedando por encima del campamento de Lautaro mientras este se hallaba con sus hombres en una borrachera celebrando lo que esperaban fuera una pronta victoria.13

Al amanecer Villagra lanzó un sorpresivo ataque en el que fue muerto Lautaro cuando salía de su ruca. Tras escucharse los gritos de los españoles celebrando la muerte del caudillo los guerreros de Itata, Ñuble y Reinoguelén escaparon14 dejando solos a los mapuches de la Araucanía que conbatieron en una terrible batalla de seis horas hasta que los sobrevivientes fueron obligados a huir.

Consecuencias

Quedaron en el campo 250 a 500 de sus compañeros.6 Los españoles solo sufrieron la perdida de Juan de Villagra pero más de la mitad de sus yanaconas quedaron en el campo muertos. La cabeza de Lautaro fue cortada y exhibida en la plaza principal de Santiago, pero a diferencia de lo que creyeron los españoles la sublevación general no finalizó con su muerte y serían necesarias las victorias de García Hurtado de Mendoza en Lagunillas y Millarapue para calmar la situación.

Legado ideológico y estratégico

La extinta Logia Lautarina o Logia Lautaro, creada en el siglo XIX en Londres por Francisco de Miranda, lleva su nombre por el ejemplo de resistencia ante los españoles.

"Ha cambiado la historia para nosotros, claro. Los "libros oficiales" dicen que son otros los que la hicieron y la siguen haciendo por nuestros pueblos. Los héroes de esta historia, en un mundo "civilizado" en el que ya no debiera haberlos, son los invasores. Mas Caupolicán empalado, enfrentándolos, representa el suplicio de nuestro pasado que entra ardiendo en nuestros corazones. Lautaro es el futuro que vislumbramos, detrás de la cortina del misterio y del compromiso, y que saldrá como la luz de nuestros ojos".

Elicura Chihuailaf

Es considerado como uno de los más grandes estrategas militares de todos los tiempos al lado de Alejandro Magno, Aníbal, Julio César, Napoleón, Wellington y Georgi Zhúkov. Sus estrategias son aún estudiadas en centros militares de diversas partes del mundo, especialmente la de explotar la superioridad numérica al atacar en grupos sucesivos para cansar a un enemigo más adelantado y mejor equipado, como también la táctica de aislar los distintos cuerpos de los ejercitos para así no permitir su comunicación.

Es muy recalcada la figura de Lautaro en los escolares chilenos, considerándolo como un icono nacional y el primer gran general chileno. De hecho fue elegido por estudiantes y profesores en el concurso Grandes Chilenos como el séptimo más grande chileno, superando a figuras como Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Violeta Parra.

La comuna de Lautaro, cercana a Temuco, recibe su nombre de él.

FUENTE:http://es.wikipedia.org


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Proceso de Valdivia - El regreso a Chile

Proceso de Valdivia - El regreso a Chile

"Cupo darle la Gobernación a él antes que a otro, decía La Gasca, por lo que a S.M. sirvió en esta jornada, y por la noticia que de Chile tiene, y por lo que en el descubrimiento de aquella tierra ha trabajado".11 Valdivia retomó entonces con vigor los trabajos para la conquista de Chile. Pudo alistar en Cuzco ochenta soldados, los mandó con un capitán a reunir provisiones para el cruce del Despoblado en la entrada de Atacama, y esperar allí al resto de las columnas. Mandó capitanes a hacer gente al este, en la Provincia de Charcas, y al sur, en Arequipa. Partió enseguida a Los Reyes donde compró navíos, caballos, provisiones y pertrechos, zarpando al cabo de un mes con tres naves al sur. Desembarcó cerca de Arequipa para reunirse con la expedición y encaminarla hacia Atacama.

Pero tanta era su avidez de sumar todo recluta posible para someter el sur del país, que no medía consecuencias. Contravino expresas instrucciones de La Gasca en orden a no enrolar algunos connotados pizarristas condenados a galeras por traición al Rey, ni tomar indios peruanos para el apoyo de la travesía del desierto y para el servicio en Chile. Eran éstos valiosos para La Gasca, no tan preocupado de abusos, sino de su obligación de recompensar con encomiendas a los impacientes españoles que habían luchado por el bando del Rey contra Pizarro. En el Callao, Valdivia impidió abordar sus naves a los oficiales reales, que pretendían bajar los indios embarcados. Y para completar el cuadro de transgresiones, el Gobernador reclutó para Chile alguna soldadesca de mal vivir que "venían robando la tierra e los naturales e aun hecho mui mal tratamiento de los vecinos de Arequipa".

No tardó en llegar esta información al Virrey La Gasca, que acaso pudo dejarla pasar, por el crédito obtenido por Valdivia en Xaquixahuana, y "porque convenía descargar estos reinos de jente". Pero también por entonces supo el Presidente de la ejecución en Chile de Pedro Sancho de la Hoz.
Se le dijo que la había ordenado Valdivia y que el muerto era portador de una provisión real para el gobierno de Chile. Era demasiado. De ser cierto, La Gasca quedaba en muy incómoda posición; él mismo cuenta con claridad el aprieto en que podía estar metido: "Si fuera verdad que [Valdivia] había muerto a Pedro Sancho teniendo éste provisiones de Su Majestad para la gobernación de aquella provincia, en lugar de castigarle por haber muerto al gobernador della, yo le he dado la mesma gobernación". Alarmado, el Presidente envió al general Pedro de Hinojosa, hombre de su entera confianza, a dar alcance a Valdivia y averiguar con la mayor cautela sobre las responsabilidades de éste en aquellos hechos, entre los soldados del campamento que ya habían estado en Chile. El delegado debía informarse, "con todo el secreto que pudiese, de las cosas de Chile que me habían dicho, i si hayase ser verdad, procurase de hacer volver [preso] a Valdivia y enviar [a Chile] la jente, porque se vaciase algo de la que en esta tierra sobra".

Estaba Valdivia con sus hombres cerca de Tacna por agosto de 1548 cuando Hinojosa se presentó. El enviado del Virrey disimuló sus intenciones para tener tiempo de indagar, diciéndole que estaba allí sólo por el asunto de los indios y las fechorías de sus reclutas, que eran insuficientes para tomar medidas contra Valdivia más allá de una amonestación. Luego de un par de días de averiguaciones en el campamento sin embargo, el delegado de La Gasca pudo al menos confirmar que De la Hoz había sido ejecutado en Santiago. Llenó de inmediato una provisión que portaba firmada en blanco por el Virrey, e irrumpió una mañana en la tienda de Valdivia con doce arcabuceros apuntando al Gobernador con las mechas de sus armas encendidas. Conminó al chileno a acompañarle a Lima a rendir cuenta de sus actos ante el Presidente. Por cierto la agitación cundió entre el centenar de turbulentos hombres de guerra que acompañaban a Valdivia y, pasada la sorpresa, estaban listos para actuar al primer gesto de su jefe. Hinojosa por su parte tenía sólo aquellos doce arcabuceros. Pero tenía la firma del Virrey. Valdivia se contuvo, comprendiendo que debía volver obediente "para no perder lo servido"; su proyecto dependía de ello.

Verlo de regreso en Lima resultó un alivio para Pedro de la Gasca, "que conocía y apreciaba sus servicios y cuya intelijencia no podía ocultársele". Le dijo que "era ejemplo para que todos lo súbditos de Su Majestad supiesen obedecer en aquella coyuntura y tiempo tan vidriados y tierra de bullicios". Más aún, manifestó tener confianza en "que lo que habían dicho de su persona eran falsedades e invidias". Le trató con especial deferencia, permitiéndole deambular libre por la capital del Virreinato mientras desarrollaba la investigación.

Mas no era sólo envidia. Como a cualquier gobernante, algunos le aborrecían. Se sentían maltratados, miserablemente despojados por Pedro de Urdemalas, al que tenían por tirano. Da clara cuenta de ello el siguiente incidente: Mientras La Gasca indagaba acerca de lo ocurrido en Chile, en octubre de 1548 llegó al Callao una fragata con algunos soldados de Chile que venían a quejarse de Valdivia personalmente ante el Virrey, "y para que no lo proveyese por gobernador porque no lo recibirían en la tierra". Uno de ellos, sin duda de aquellos defraudados con el oro, no pudo contener la furia al ver en la calle conversando a Valdivia con La Gasca: "Vuestra señoría no debe saber quién es este hombre con el que está hablando... ¡Pues sepa que es un grande ladrón y malhechor, que usó con nosotros la mayor crueldad que ha usado cristiano jamás en el mundo!", y continuó, fuera de sí, insultando a Valdivia. Éste nuevamente mantuvo la calma, si bien como es de suponer, le costó.

La Gasca parecía inclinado a permitir su partida a Chile, así que los enemigos de Valdivia, resueltos a impedirlo, redactaron apresuradamente un desordenado pliego que contenía 57 acusaciones, y se lo hicieron llegar. La letanía de denuncias fue bien resumida por Barros Arana: 1) Desobediencia a la autoridad de los delegados del Rey; 2) Tiranía y crueldad con sus subalternos; 3) Codicia insaciable; 4) Irreligiosidad y costumbres relajadas con escándalo público.

El pliego acusatorio sin embargo, tenía un grave defecto: se presentó sin firma. Hombre de Derecho, La Gasca se dió cuenta fácilmente del ardid: "Parecióme —escribió el Virrey— que se me daban tan disimuladamente [los capítulos de la acusación] que se podía sospechar que los que habían sido en darlos querían ser testigos, i por esto tomé información de los que habían sido en ellos delatores". Es decir, se preocupó de establecer bien quienes habían redactado el documento, y como todos los contrarios a Valdivia que venían en la fragata habían participado en ello, ninguno pudo declarar como testigo. Por otra parte, en aquella nave venía también Pedro de Villagra junto a otros vecinos afines a Valdivia, con cartas del Cabildo de Santiago que abogaban a su favor y solicitaban al Virrey le nombrase Gobernador. De esta manera, estos últimos, más los leales al Gobernador que le habían acompañado en su viaje al Perú, eran casi los únicos que conocían los hechos de Chile y estaban habilitados para testificar.

Por su parte, requerido por La Gasca a 30 de Octubre de 1548, Valdivia elaboró un largo escrito con su defensa. Según Barros Arana, el acusado se defendió "con la confianza y la entereza del que cree que puede justificar por completo su conducta". Finalmente el Presidente pudo establecer, en lo relativo a su principal preocupación, que la provisión real de Sancho de la Hoz le facultaba sólo para conquistar y gobernar los territorios al sur del Estrecho de Magallanes (en ese entonces se creía que luego del Estrecho un continente continuaba hacia el sur). Respecto a las otras acusaciones, pudo constatar que "eran falsas, o recaían sobre faltas de poca entidad".

En sentencia del 19 de noviembre de 1548, Valdivia fue absuelto y autorizado a volver a Chile como Gobernador, eso sí, con algunas condiciones. Entre otras, que no tomara represalias contra sus adversarios; que dentro de seis meses de su llegada a Chile, casara o enviara al Perú o a España a su amante Inés Suárez, y readjudicara las encomiendas de indios asignadas a ella; y que devolviese los caudales tomados a particulares; "e que lo que ha sacado y tomado prestado de la caja e hacienda de S.M. lo vuelva a ella, e que de aquí adelante en ninguna manera tome de la dicha caja". Aliviado, Valdivia aceptó de buena gana todo lo que se le impuso, declarando que "así lo cumplirá e tenía pensado cumplir, aunque no se le mandara".

La intensidad de aquellos días exigió también un precio. Cuando regresaba pasando por Arequipa, cerca de la navidad de aquel año, "dióme una enfermedad, decía él mismo, del cansansio y trabajos pasados, que me puso en el extremo de la vida". Apenas pudo tenerse en pié, sin embargo, el conquistador de Chile siguió adelante: "En término de ocho días y pasadas las fiestas, no bien convalecido, me partí para el valle de Tacana, de donde había salido, y pasé ocho leguas adelante al puerto de Arica".

Volvió a Chile con 200 soldados en enero de 1549 y al llegar a La Serena las dificultades continuaban. Encontró destruida la ciudad y a Juan Bohón muerto con 30 españoles más, a manos de los indígenas del Huasco. Dejó instrucciones a sus capitanes para reconstruirla y castigar a los indios, y luego siguió por mar a Valparaiso arribando en abril de 1549.

Ya en Santiago las cosas mejoraron. Fue recibido con verdadera alegría por los colonos, "como un amigo que ha venido después de mucha ausencia". Confirmó a Francisco de Villagra como teniente de Gobernador por cuanto, le dijo, "me habéis dado buena cuenta y razón de lo que os dejé encargado de parte de Su Majestad, como lo suelen y acostumbran los caballeros de vuestra profesión y calidad".

Como había perdido hombres en la matanza de La Serena, poco después reunió treinta mil pesos de oro y envió a Villagra en uno de los nuevos barcos al Perú. Debía éste enrolar cuanto soldado pudiese entre los muchos que allá, sabía Valdivia, no se sentían bien recompensados con encomiendas por sus servicios al Rey en la guerra civil. Le ordenó que su regreso por tierra lo hiciese por el lado oriental de la Cordillera de Los Andes, para que antes de cruzar al oeste dejara algunos de los reclutados allí, en una ciudad que debía fundar en ese territorio, incluído en la gobernación dada por La Gasca.

Mandó también a Francisco de Aguirre a pacificar la región de La Serena y los valles del Huasco y Copiapó. Implacable, Aguirre acorraló y ajustició brutalmente a los caciques rebeldes, que se habían refugiado en el Valle del Límarí. "Los españoles encerraban vivos a los indios, así hombres como mujeres, en ranchos de paja y, luego, les prendían fuego, haciéndolos morir por partidas de a ciento". El terror eliminó así todo peligro para la refundación definitiva de La Serena.

Entonces la mirada de Pedro de Valdivia se dirigió, nuevamente, hacia el sur. Por fin creía estar en condiciones de lanzarse a la invasión y conquista de la tierra de los mapuche, y lo que hubiese más allá.

Límites de la Gobernación de Pedro de Valdivia. El 23 de abril de 1548 el virrey del Perú Pedro de la Gasca extendió en Cuzco la cédula que le otorgaba en nombre del rey de España el título de Gobernador y Capitán General de la Nueva Extremadura. El documento establecía los siguientes límites; "Ddesde Copiapó que está en 27º de la línea equinoccial hasta la parte sur, hasta cuarenta e uno de la dicha parte, procediendo norte sur derecho por meridiano, e de ancho entrando de la mar a la tierra hueste leste cien leguas". Valdivia pidió que su territorio llegara hasta el Estrecho de Magallanes, pero La Gasca se negó. Más tarde lo solicitó a Carlos V por intermedio de su embajador Gerónimo de Alderete. El monarca accedió cuando Valdivia ya había muerto.




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Gobernador por el Rey

Valdivia por su parte navegaba contra el tiempo en compañía de Gerónimo de Alderete y unos cuantos más. Consciente que se jugaba el porvenir, intentaba unirse a las fuerzas de La Gasca antes del crucial enfrentamiento con la hueste de Pizarro. Luego de hacer corta escala en La Serena y en la bahía de Iquique, se enteró en el puerto de Ilo que el enviado del Rey, habiendo pasado ya por Lima, estaba con su ejército en Jauja, y se dirigía a Cuzco para la gran batalla con los rebeldes.

Al desembarcar en el Callao y trasladarse a Lima escribe al jefe realista rogándole que demore un día en cada detención, que él marchaba a toda prisa para darle alcance. En la capital se hizo de cabalgaduras y equipo de guerra, y como iba con buen dinero, apertrechó a otros muchos soldados del Perú afines al Rey, que no habían podido acompañar a La Gasca por falta de armas y caballos. Siguió en frenética persecución del Virrey, ahora con su destacamento. "Caminó con tanta prisa, dice Vivar, que hacía en un día lo que el Presidente hacía en tres". Por fin el 24 de febrero de 1548 lo alcanzó en Andahuaylas, a unos 50 km de Cuzco.

Viaje de Valdivia al Perú y lugar de la Batalla de Xaquixahuana el 9 de abril de 1548. Xaquixahuana ó Jaquijahuana es hoy conocida como Pampa de Anta, en la Provincia de Anta del Departamento de Cuzco.

Viaje de Valdivia al Perú y lugar de la Batalla de Xaquixahuana el 9 de abril de 1548. Xaquixahuana ó Jaquijahuana es hoy conocida como Pampa de Anta, en la Provincia de Anta del Departamento de Cuzco.

La recepción de Pedro de la Gasca fue cordial. Los soldados del Perú tenían informado al clérigo de las habilidades de estratega del extremeño, que desde la Batalla de las Salinas era leyenda. Para decepción del que pretendía ser Gobernador de Chile sin embargo, La Gasca le llamó solamente capitán Valdivia. Mas no se desalentó, por el contrario. Nombrado maestre de campo junto al también prestigiado mariscal Alonso de Alvarado, de inmediato desplegó el mayor empeño y toda su inteligencia táctica preparando a la milicia del Rey para sorprender y abrumar a los de Gonzalo Pizarro.

No era fácil. Los revolucionarios habían obtenido gran victoria en la sangrienta Batalla de Huarina, semanas antes, y su jefe de campo era el mariscal Francisco de Carvajal, el mítico Demonio de Los Andes, de indiscutible talento militar y tan valeroso como violento y despiadado. Pero la llegada del igualmente célebre Pedro de Valdivia encendió la moral de los realistas y el cura Virrey había hecho lo suyo, enviando mensajes llenos de bondad y ofreciendo perdón y amnistía a la tropa rebelde y a sus principales capitanes. Más decisivo y en virtud de sus amplios poderes, La Gasca les propuso negociar la aplicación de las nuevas ordenanzas sobre las encomiendas de indios, fisurando así el sustento de la revolución.

A la Luz de los Hechos

A la luz de los hechos parece que, para minimizar el derrame de sangre española, los del Rey apuntaban al centro de la moral del adversario con la siguiente estrategia: Mientras por un lado el sagaz cura mostraba con sus recados toda la comprensión y misericordia de Su Majestad, por el otro Valdivia y Alvarado debían mostrar el insuperable poder del Imperio. Luego de un notable esfuerzo logístico y a marcha forzada, los dos coroneles lograron cruzar con el ejército real el abrupto cajón del río Apurimac, y después de algunas escaramuzas menores, asentarlo de noche tras los escarpados cerros que rodeaban el campo de Pizarro, en el valle de Xaquixahuana, a cuatro leguas de Cuzco.

Instalado en la cima de una colina, cuenta Vivar, apenas despuntó el alba del 9 de abril de 1548, el chileno ordenó a los mejores artilleros disparar cuatro cañonazos a la tienda que parecía ser la principal, la de Pizarro. Los proyectiles hicieron blanco, despedazando a un lugarteniente del líder rebelde e hiriendo a otro par. Pero las bajas eran lo menos importante. Valdivia buscaba el golpe sicológico. Sobrecoger el ánimo de los insurgentes al verse amanecer rodeados por el ejército del Rey al que alguna vez juraron lealtad, que además ocupaba en perfecto orden y distribución las posiciones estratégicas del valle. Le resultó. Francisco de Carvajal, el comandante de las fuerzas de Pizarro, que había militado con Valdivia en Italia pero ignoraba que estuviese en el Perú, reconoció la mano:

—"Valdivia está en la tierra y rige el campo real... ¡O el diablo!", se le escuchó maldecir.17 Todo estaba hecho. La mayor parte de los soldados rebeldes, impresionados por el arreglo de los escuadrones del frente real, y sin temple para combatir a las poderosas fuerzas imperiales de su amada España, optaron por cambiar de bando al cabo de una corta refriega, y aceptar la amnistía que se les ofrecía.

—"¡Ah... Señor Gobernador, que Su Majestad os debe mucho!", dijo lleno de satisfacción Pedro de la Gasca cuando Valdivia se presentó llevando preso al terrible Carvajal. Lo había conseguido. Era Gobernador de Chile por el Rey.



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Valdivia vuelve al Perú

La mente del conquistador de Chile se quedó en el sur. Con su copiosa población indígena, el formidable Bío-Bío y la estupenda bahía de Penco, “el mejor puerto que hay en las Indias”, dijo. Volvería apenas llegado el refuerzo de Monroy, imprescindible para doblegar al aguerrido dueño de esa tierra. No sólo a fundar una ciudad y repartir encomiendas, sino a establecerse él mismo allí, para empujar la conquista hasta el Estrecho de Magallanes, su eterna obsesión.

Pero de Monroy y Pastene nada se sabía. Habían salido de La Serena a fines 1545, y el viaje por mar al Callao podía demorar algo más de un mes, de modo que hace mucho debían haber enviado yanaconas dando cuenta de sus avances, de acuerdo a las instrucciones del jefe. Temiendo una desgracia, en agosto de 1546, luego de casi un año sin noticias, decide enviar un nuevo delegado. Pidió otro préstamo de oro a los colonos, "voluntario" por supuesto, reuniendo setenta mil pesos, y con duplicados de la correspondencia al Rey despachó a Juan de Ávalos. Pasó otro año más durante el cual, aunque devorado por la impaciencia, se mantenía optimista: aumentó las siembras para recibir a los refuerzos que confiaba arribarían en cualquier momento.

Esperaba en vano. Pues por fin el 1 de diciembre de 1547, a veintiséis meses de su partida, llegó Pastene. Pero venía sin nada. Sin Monroy, sin soldados, sin mercaderías, y sin un peso de oro, en un barco que tuvo que pedir fiado.

En los lavaderos de Quillota ubicó al Gobernador para explicar las razones de aquel fracaso tan cabal. El leal Alonso de Monroy había muerto fulminado por una enfermedad infecciosa poco después de haber arribado al Callao.16 Antonio de Ulloa le había traicionado. Abrió las cartas que debía llevar al Rey y las leyó "delante de otros muchos soldados y, mofándose de ellas, las rompió".2 Y se unió a la causa de la rebelión, cuyos representantes habían confiscado el oro y el bergantín San Pedro.

¡¿Cuál rebelión?!, habrá preguntado entre perplejo e indignado Valdivia. La de Gonzalo Pizarro, que había derrotado y muerto al virrey Núñez de Vela en la Batalla de Añaquito, y lideraba un levantamiento general de los conquistadores del Perú contra la Corona. La principal causa: bajo la influencia del cura Bartolomé de las Casas en España se habían dictado nuevas ordenanzas que corregían el régimen de encomienda en favor de los indios, y que en la práctica casi lo suprimían. Consternados por lo que consideraban un despojo inaceptable, los encomenderos de ese país aclamaron como caudillo a Pizarro y se declararon en rebeldía. La Corona, en respuesta, había enviado a pacificar la región con los más amplios poderes al clérigo Pedro de la Gasca, que al momento ya se encontraba en Panamá, desde donde mandaba mensajes conciliadores y pedía ayuda a todas las colonias.

Seguramente Valdivia ardía en rabia y frustración ante el enjambre de dificultades: La muerte del más leal de sus colaboradores, la traición de Ulloa y la pérdida de las cartas al Rey. Incautado el oro, la conquista paralizada por falta de soldados, y su gobierno en peligro por la incertidumbre política. Sin embargo, casi junto con Pastene llegó por tierra Diego de Maldonado, informando que Gonzalo Pizarro, resuelto y ambicioso, preparaba su ejército en Cuzco para enfrentar al enviado del Rey. Era para Valdivia, sin duda, la gran oportunidad de revertir el desafortunado estado de su proyecto: Ir al Perú y ayudar al representante plenipotenciario del Rey a recuperar ese país. Si colaboraba con La Gasca, que como eclesiástico no tenía experiencia militar, éste tendría que compensarlo. Quizá nombrándole al fin Gobernador. Llevaría suficiente oro para proveerse de caballos y equipo para los combates, para adquirir embarcaciones y, por cierto, enrolaría él mismo las tropas que necesitaba para la conquista del sur de Chile. Mantuvo eso sí su determinación en secreto.

Porque había un inconveniente. Con el envío de tanto delegado, el oro de la caja del reino y el propio de Valdivia estaban casi agotados. Solicitando un tercer préstamo "voluntario" a los colonos, por otra parte, arriesgaba un amotinamiento. Así que urdió una estratagema coludido con Francisco de Villagra y Gerónimo de Alderete. Anunció que ahora estos dos capitanes irían por refuerzo al Perú, pero que por primera y única vez autorizaba a cualquiera a dejar el país llevando consigo el oro reunido, para demostrar allá que esta tierra no era tan miserable. Al menos quince españoles decidieron aceptar el generoso ofrecimiento, deseosos de abandonar la pobre y peligrosa colonia o bien ir a abastecerse de mercaderías para regresar y venderlas.

A mediados de diciembre estaba todo listo para el viaje desde Valparaíso. Los caudales y bagaje de los afortunados emigrantes debidamente inventariados a bordo del barco que trajo Pastene. Pero antes de partir, Valdivia ofreció una fiesta en tierra para despedir a sus camaradas, que habían enfrentado tantas fatigas junto a él. Mientras se desarrollaba muy animado aquel convite el Gobernador de Chile, como el más ruin de los granujas, se las arregló para subir en sigilo a un batel que sus cómplices tenían preparado. Abordó rápidamente el barco y zarpó rumbo al norte. Inmensa fue la sorpresa y luego la furia ante la canallada del apreciado jefe, que se fugaba con todos sus bienes. Los peores insultos de la época iban y venían desde la playa mientras el navío se alejaba en el horizonte.

Pedro de Urdemalas, que así le apodaron las víctimas de la trampa, creía que su excusa era admisible. Al menos para las instancias oficiales, pues a él mismo le habían tomado el oro, pero para una causa contra el monarca. Declaró en el barco ante el escribano Juan de Cárdenas, "que se había entrado en el navío porque convenía al servicio de Su Majestad, y que si hasta entonces no lo había hecho saber, era por no ser estorbado. Voy con determinación, dijo, a buscar un caballero que dicen está en Panamá que viene de parte de Su Majestad para le seguir en su real nombre".2 Ordenó también a Francisco de Villagra, nombrado ya gobernador interino, que tomara la parte que le pertenecía del producto de los lavaderos y fuera pagando las cantidades confiscadas.

Naturalmente nada de esto tranquilizó a los despojados. Encabezados por Juan Romero concibieron traspasar el gobierno a quien correspondía por real cédula, Pero Sánchez de la Hoz. Estaba éste a la sazón en la cárcel de Talagante, y aunque por primera vez desde que se asoció con Valdivia no tramaba absolutamente nada, recibió a Juan Romero y aceptó el ofrecimiento de los perjudicados por el Gobernador si bien, temeroso, quiso que otro lo representara. Romero le instó a escribir una carta declarando que sus títulos eran suficientes para hacerse del gobierno en nombre del Rey, y que lo haría siempre y cuando se le prestara suficiente apoyo. Enseguida entregó la carta a Hernán Rodríguez de Monroy, que además de ser enconado enemigo de Valdivia, estaba reputado como de ánimo resuelto. Y lo era en realidad, o más bien temerario, porque partió a entrevistarse con Villagra, y exhibiendo la declaración de Sánchez de la Hoz solicitó su aval.

Francisco de Villagra, que también era decidido, cortó drásticamente y sin contemplaciones la sedición. Hizo detener a de La Hoz, que al reconocer la autoría de la carta de representatividad que tenía Monroy, fue decapitado sin siquiera confesarse, mientras Juan Romero era ahorcado. Con este breve proceso y su sentencia, bastante irregular por lo demás, las conjuraciones sobre la autoridad de Valdivia se diluyeron. Pero ya era mucho. Los descontentos creyeron tener suficiente caudal para que lo sancionara una instancia superior, y se las arreglaron para enviar sus graves acusaciones al Perú.

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Inicio de la Guerra de Arauco

Entretanto, sus soldados en Santiago insistían en partir cuanto antes al sur. La población indígena de la zona central de Chile había disminuido considerablemente, por los muertos de la guerra y porque muchos habían huido para no servir. Con insuficientes indios para repartir en encomienda entre los ciento setenta conquistadores que permanecían en la villa capital, el negocio de la conquista de Chile se detenía.

Porque del poder de la encomienda se nutría la fuerza de toda la conquista de América. Su nombre no era sino un eufemismo para evitar el término esclavitud, y consistía en un artificio jurídico simple pero extraordinariamente eficaz: El Papa con su incontestable autoridad de representante de Dios en la Tierra, había dispuesto que tanto el territorio de las Indias como sus habitantes naturales eran propiedad del rey de España. Los indios, que por decenas de milenios habitaron aquí, ocupaban ahora de pronto y por decreto suelo del Imperio, y por tanto debían necesariamente tributar. Por otro lado, las expediciones de conquista obtenían poco o ningún financiamiento de la corona, de modo que para compensarlos, el buen monarca, a través de sus representantes en las Indias, cedía o encomendaba un determinado número de indios y su correspondiente tributo a los oficiales y soldados que habían mostrado cierto mérito en la conquista. Pero desde luego los pobres indios no tenían dinero con qué tributar, así que este pago era sustituido por trabajo para los encomenderos, que les obligaban a extraer oro de minas y lavaderos. Una vez que el conquistador reunía suficiente oro, era frecuente que se volviese a España a disfrutar de su fortuna. El Rey por su parte, ensanchaba de esta manera su imperio. Todos entonces sacaban buen provecho del trabajo de los indios, menos por cierto los propios indios que, en un absurdo indignante, financiaban con su esfuerzo la invasión de su patria.

Pues bien, en enero de 1544, apenas llegado el primer refuerzo de Monroy, Valdivia había asignado las primeras encomiendas, pero la reducida población indígena sólo le alcanzó para sesenta de los doscientos vecinos. Peor aún, como no se conocía bien el número de indios que habitaba el área ya conquistada, asignó a esos pocos encomenderos cantidades que no pudieron completarse. Incluso en el reparto de los naturales de la ciudad de La Serena, “para que las personas que envié fuesen de buena gana, decía el Gobernador, les deposité indios que nunca nacieron”. Informados de la abundancia de habitantes al sur del río Itata, los soldados que habían quedado sin repartimiento en Santiago urgían por partir cuanto antes allá a fundar una ciudad y someter a los indios comarcanos al rentable régimen de encomienda.

“Y como era tan grande el ansia que Valdivia tenía de proseguir la conquista”, decidió no esperar el refuerzo de Monroy y Pastene, que podía tardar más de un año, y partió al sur de Chile en enero de 1546 con una expedición de sesenta soldados. “Caminó a la ligera, dice Vivar, hasta pasar el caudaloso río de Itata, lo último de lo que él con sus compañeros había conquistado, y de allí adelante no había pasado ningún español.” Iban muy contentos viendo la fertilidad de la tierra, su hermosura y abundancia y, sobre todo, la gran multitud de gente que cubría los valles.

Estando en una laguna a cinco leguas al sur del río (tal vez la laguna Avendaño en lo que hoy es Quillón), acometió un reducido grupo de indígenas que fue desbaratado con facilidad. Por el cacique de aquella laguna supo Valdivia que todos los nativos de la región estaban haciendo gran junta para enfrentar a los españoles, y les mandó decir con el jefe indio acompañado de un yanacona traductor, que venía de paz, pero si quisiesen pelear les esperaba.

LA GUERRA DE ARAUCO

La Guerra de Arauco se destacó por su ferocidad y extensión en el tiempo, ya que los araucanos se opusieron durante más de cuatro siglos a la presencia en sus tierras de los incas, los españoles y los chilenos hasta 1883. En la imagen se nos muestra a Galvarino cuando es sometido a escarmiento por los conquistadores españole

Lautaro, joven araucano a los 16 años ideó un plan estratégico para derrotar a los españoles, pues había servido como caballerizo a Pedro de Valdivia. Su plan consistía en atacar en sucesivas oleadas de guerreros, en lugares accidentados, pantanosos y boscosos, sin darles tregua.

En vísperas de Navidad de 1553, un destacamento de soldados que se dirigía al fuerte Tucapel, fue asaltado por los araucanos quienes luego atacaron al fuerte instalado en las estribaciones de la cordillera de Nahuelbuta. Al mismo tiempo, por órdenes de Lautaro, era atacado el fuerte Purén. Antes estos acontecimientos, Valdivia se dirigió a auxiliar el fuerte Tucapel y envió a Juan Gómez de Almagro a Purén. Al llegar Valdivia al fuerte encontró escombros humeantes, pero luego salió una turba de indígenas a los que Valdivia pretendió castigar por la destrucción del fuerte. El enfrentamiento se efectuó según el plan de Lautaro, todos los españoles debieron luchar, hasta el Gobernador, sin darles tregua a los indígenas, aún cuando sabían que estaba todo perdido. Uno de los últimos en ser capturados fue Valdivia, al hundirse su caballo en un pantano. Luego fue masacrado por los araucanos, lo que provocó gran pánico entre los españoles situados en las ciudades del sur del Bío-Bío. Los atemorizados pobladores se refugiaron en las ciudades de La Imperial, Los Confines y Concepción.

El sucesor de Valdivia fue Francisco de Villagra quien organizó un destacamento de 155 soldados y seis cañones y partió al sur para vengar la muerte del gobernador. Al sur del río Bío-Bío, en la planicie de Marigüeño lo esperaba Lautaro, quien dejó avanzar a los españoles hasta la serranía de Laraquete. En la madrugada del 26 de Febrero de 1554, una vez que los españoles estaban cansados, los atacaron sin tregua, ahora utilizando el lazo como arma certera, desmontaban con él a los españoles de sus cabalgaduras. La lucha duró 8 horas y los soldados del rey comenzaron a desbandarse. Una vez que los españoles fueron derrotados, Lautaro y sus hombres comenzaron la retirada.

La derrota de Marigüeño produjo más pánico que la de Tucapel. Los pobladores de Concepción pensaron en escapar hacia el norte y comenzaron a desmantelar la ciudad, a pesar de que Villagra pretendió calmar los ánimos. Una desordenada y masiva huída hacia Santiago se produjo entonces, mientras los araucanos comenzaban a celebrar su triunfo según sus tradiciones. Después de esto, los araucanos asaltaron y saquearon a la despoblada ciudad de Concepción, incendiándola y destruyéndola totalmente.

Más al sur, la ciudad de La Imperial no fue molestada por los araucanos y el capitán Pedro de Villagra realizó expediciones por sus alrededores destruyendo empalizadas y pueblos indígenas. La ciudad de Valdivia, al margen del territorio araucano, tampoco fue atacada y siguió teniendo cordiales relaciones con los indios huilliches.

El período de inactividad guerrera se debió a que durante varios meses los araucanos sufrieron en el invierno de 1554, una gran sequía que produjo estragos en su población, lo que provocó abandono de cosechas y sembrados, esto originó una gran hambruna.
Mientras tanto, en Santiago, se daba asilo a los refugiados y tras la derrota de Marigüeño y el éxodo de Concepción, el Cabildo pidió refuerzos al Perú. Desde Lima llegaron Juan Nuñez del Prado y Gabriel de la Cruz. En Santiago, tratando de disculpar sus errores y responsabilidades no tardó en surgir entre los españoles recriminaciones por lo sucedido.

Lautaro enterado de lo sucedido en Santiago, organizó sus hombres y con su ejército se apoderó de la ciudad de los Confines, marchando luego sobre Concepción que había sido reconstruida, la que volvió a ser arrasada e incendiada. También Villarrica fue sitiada por unos meses. La Audiencia de Lima ante estos hechos, designó a Francisco de Villagra como Corregidor y Justicia Mayor para hacer frente a los indígenas. Desde Santiago se envió a Diego Cano y Pedro de Villagra a detener el paso de Lautaro quien pretendía venir hacia el norte. Lautaro no consiguió sus fines, ya que en la región del río Maule no pudo conseguir el apoyo de los picunches, a los que quiso derrotar, pues estos se aliaron a los españoles para ayudarlos en la conquista.

Al regresar a Santiago, Villagra tomó conocimiento de la muerte de Jerónimo de Alderete en Panamá, a quien el rey lo había nombrado gobernador de Chile, también se enteró que el Virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, había designado a su hijo García Hurtado de Mendoza para reemplazar a Alderete. Villagra, a pesar de su disgusto por este nombramiento, no abandonó sus responsabilidades y se dirigió al sur a La Imperial para poner fin a Lautaro, quien se encontraba refugiado en Chilipirco, cerca de Peteroa en la ribera sur del río Mataquito, donde había construido un refugio. Villagra pudo encontrar a Lautaro con la ayuda de los indios aliados de los españoles. La cabeza de Lautaro fue exhibida en Santiago como trofeo.

Con esta victoria española, a la llegada del gobernador Hurtado de Mendoza, ya se había superado la grave crisis. Con la derrota de Lautaro se había conseguido eliminar el mayor peligro al que tenían que enfrentarse los conquistadores, pero la lucha continuaría, no sólo durante el gobierno de García Hurtado, sino que por más de trescientos años.

El gobernador García Hurtado de Mendoza organizó un poderoso ejército y se dirigió al sur por mar, con la intención de someter definitivamente la región del Bío-Bío.. Ahora no era fácil dominarlos, pero los españoles se encontraban en ventaja porque habían adquirido nuevos implementos de guerra, como cañones y arcabuces (arma de fuego de poco calibre).

Después de la destrucción del fuerte San Luis, los araucanos quedaron a la espera del ataque de los españoles, los que al mando de Alonso de Reinoso, se adelantaron temerariamente siendo atacados por los indígenas en un lugar llamado Lagunillas, donde los araucanos demostraron su fuerza y destreza, por lo que Rodrigo de Quiroga y sus hombres debieron intervenir para tratar de destruir a los mapuches. Ni araucanos ni españoles salieron victoriosos, pero García Hurtado ordenó un escarmiento ejemplar entre los araucanos castigando a los caciques que habían sido apresados. La mutilación de Galvarino fue un acto bárbaro, pero tampoco amilanaría a los mapuches.

Los araucanos, mandados por Caupolicán volvieron a la carga en el pequeño valle de Millarapue, la lucha duraría todo un día y los indios terminarían derrotados. Murió un centenar de indígenas y hubo nuevamente atroces represalias. Caupolicán prisionero, fue llevado a Tucapel donde fue condenado a morir empalado. García Hurtado de Mendoza creyó haber pacificado la región, pero los araucanos fueron recuperándose poco a poco volviendo a sublevarse una y otra vez.

El sucesor de García Hurtado fue Francisco de Villagra quien debió continuar con la guerra para someter a los indígenas. Además, debió resolver los problemas derivados de la aplicación de ordenanzas protectoras a favor de los indios, emanadas de las "tasas" o tributos que reemplazaban el trabajo obligatorio a que estaban sometidos los indios "encomendados". Los españoles encomenderos se oponían a las ordenanzas reales como también a las tasas impuestas a favor de los indios. Esto creó otro problema casi permanente durante los primeros años de la dominación hispana.

Por enfermedad de Francisco de Villagra asumió su primo, el capitán Pedro de Villagra, quien debió salvar la difícil situación, pues los araucanos nuevamente habían derrotado a un destacamento en Lincoyán, en las inmediaciones de Cañete. Pedro de Villagra reagrupó a sus efectivos y les ordenó abandonar algunos fuertes; con la ayuda de Bernal de Mercado, atacaron Angol y realizaron victoriosas incursiones en los reductos indígenas. Poco después de las Batallas de Reinogüelén y Tolmillán, los indígenas fueron totalmente derrotados y sus caciques hechos prisioneros.

Pedro de Villagra cayó víctima de intrigas de los encomenderos y debió partir a Lima, siendo reemplazado por Rodrigo de Quiroga quien prosiguió la lucha con relativo éxito. Quiroga reunió a un poderoso ejército el que se vio reforzado con más de ochocientos indios auxiliares, entre los que se contaban los picunches, tradicionales enemigos de los araucanos. Con este ejército fue posible rehabilitar los fuertes de Arauco y rechazar a los araucanos en todos los frentes.

En reemplazo de Quiroga fue nombrado un excelente militar, Alonso de Sotomayor, quien solicitó mayores recursos y el envío de un numeroso contingente para poder dominar la región de los araucanos. Pero sólo se le envió un pequeño contingente y las autoridades cometieron otro grave error al reemplazarlo por Martín García Oñez de Loyola, quien estaba a cargo de la gobernación de Paraguay. De este error se percató García Hurtado de Mendoza, que ahora se encontraba en Perú como Virrey, el que escribió al rey previniéndole sobre el peligro que significaba nombrar al inexperto Oñez de Loyola. Según García Hurtado de Mendoza, la destrucción de los mapuches no había avanzado debido a que cuando un gobernador lograba éxitos en dicha labor , era reemplazado y se deshacía lo hecho. Aún así, Oñez de Loyola asumió en 1592.

En los últimos meses del año 1598, Oñez de Loyola se dirigió a Angol para auxiliarla, llegando con sus tropas a orillas del río Lumaco en un lugar denominado Curalaba, donde los mapuches lo atacaron de madrugada al mando del cacique Pelantaro. La lucha fue sangrienta y considerada por los españoles como una verdadera carnicería, en ella muere Oñez de Loyola y, a continuación, todas las ciudades del sur fueron atacadas por Pelantaro. Valdivia y Chillan fueron asaltadas e incendiadas; La Imperial y Angol al no soportar el asedio, fueron abandonadas; sólo Osorno y Villarrica fueron defendidas por sus pobladores permanentemente. Esta derrota de los españoles se recuerda como el desastre de Curalaba ocurrido en 1598.

Sucesores de Oñez de Loyola fueron Alonso de Ribera y Alonso García de Ramón quienes se preocuparon de organizar un ejército permanente y profesional que les permitiera defender los territorios conquistadoS y poder enfrentarse al mapuche para su definitiva dominación

A fines del siglo XVI y comienzos del XVII, el padre jesuíta Luis de Valdivia pretendía propagar la fe católica entre los indios, para esto acompañó a García Ramón a Concepción y decidió sostener una reunión o parlamento con los indígenas, su objetivo: establecer la paz y la amistad. Esta era una medida que conduciría a la guerra defensiva. Los acuerdos tomados en esta reunión no fueron respetados por españoles ni indios, el ayudante del padre Luis de Valdivia fue muerto por los indios, por lo que García de Ramón entre 1606 y 1607, descartó cualquier alianza o trato con ellos. Recién, en 1626, fue suspendido definitivamente el sistema de guerra defensiva por considerarlo un fracaso.

Después del ineficiente sistema defensivo, aplicado entre 1613 y 1621, el gobernador Luis Fernández de Córdoba pasó definitivamente a la ofensiva. Pese a esto, los araucanos estaban preparados para cualquier ataque y bajo las órdenes del cacique Lientur sorprendieron a los españoles en un lugar denominado Las Cangrejenas (1629) tomando varios prisioneros.

El nuevo gobernador, Francisco Laso de la Vega, debió enfrentar la derrota de Las Cangrejeras, pero finalmente logró vencer a los araucanos en la batalla de Albarra (1633). Posteriormente, con el gobierno del marqués Baides se inicia el sistema de Parlamentos que significaron un paréntesis de relativa paz entre mapuches y españoles. El primer parlamento se efectuó en los llanos de Quillín en 1641, en él acordaron reconocer la independencia de los mapuches entre el río BíoBío y el Toltén y éstos aceptarían a los misioneros, a la vez que se haría un canje entre los prisioneros. Pero las hostilidades continuaron y en esta época la presencia de los mestizos entre los araucanos, va a instigar a los jefes indígenas para ir en contra de los hispanos.

El gobernador Acuña y Cabrera celebraron las paces de Boroa en 1656. Los indios se sublevaron nuevamente al mando del mestizo Alejo, causando serias molestias entre los españoles durante tres años. Estas hostilidades continuaron cuando un modesto funcionario al servicio de los jesuítas, se pasó al bando de los mapuches (1675). Posteriormente, se da una relativa tranquilidad a fines del siglo XVII y el gobernador Tomás Marín de Poveda realizó un Parlamento en Yumbel en 1692 con el fin de que los indígenas aceptaran a los misioneros.
Durante el transcurso del siglo XVIII el sistema de Parlamentos continuó aplicándose. Cano y Aponte celebró otro en Yumbel estableciendo la paz por casi tres años : Parlamento de Negrete 1726. Más adelante y en forma sucesiva se realizaron los siguientes Parlamentos

Hipótesis sobre el lugar de la Batalla de Quilacura y los trayectos de la primera expedición de Valdivia al sur del río Itata. Según la Crónica de Jerónimo de Vivar, Quilacura se encuentra a 13 leguas al sur del puerto de mar.

Al cruzar el Itata, los castellanos probablemente comenzaron a buscar el Bío-Bío y la bahía de Penco, cuya latitud sin duda les señaló Pastene. El lugar era ideal para establecer una ciudad, pero sorprendidos por el encono guerrero mapuche, debieron retirarse.
Febrero de 1546.

Características de la guerra de Arauco.

Los Españoles Usaban Armas Y Caballos Mientras Que Los Mapuches Tenían Adaptación Militar, Superioridad Numérica y conocimiento del terreno.
En 1598 se crea el “desastre de curalaba” formado por Pelantaro en donde muere el gobernador García eñes de Loyola y los indígenas queman todas las ciudades que se avían edificado (en total 7 ciudades).
En 1608 el rey Felipe III decreto la esclavitud de los indígenas rebeldes la cual fue abolida en 1647.
Alonso de rivera decreto una línea fronteriza en la región al sur del Bio-Bio donde quedaron libres de la influencia española.
(FRONTERA= INTERCAMBIO CULTURAL Y COMERCIAL)
En 1612 el padre Luis de Valdivia creó la guerra de diferencia la cual duro solo hasta 1622 (creo misiones).
Por un lado están los comisarios de naciones, los capitanes de amigos y el lenguaraz y los mestizos los cuales hablaban ambos idiomas.
Por otro lado están los malones, donde robaban mujeres, ganado y productos agrícolas
(PARLAMENTO= Reunión de indígenas y españoles.)


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