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Contralmirante Miguel Grau Seminario

En la casona de la calle Tacna 662 de la Ciudad de Piura que antes se conocía como calle de Mercaderes, nació el héroe máximo de la Marina de Guerra del Perú, don Miguel Grau Seminario, siendo sus progenitores la dama piurana María Luisa Seminario Del Castillo y don Juan Manuel Grau y Berrío, ex-teniente coronel de los ejércitos colombianos que llegaron al Perú con Bolívar para luchar por la Independencia Americana.



En la casona de la calle Tacna 662 de la Ciudad de Piura que antes se conocía como calle de Mercaderes, nació el héroe máximo de la Marina de Guerra del Perú, don Miguel Grau Seminario, siendo sus progenitores la dama piurana María Luisa Seminario Del Castillo y don Juan Manuel Grau y Berrío, ex-teniente coronel de los ejércitos colombianos que llegaron al Perú con Bolívar para luchar por la Independencia Americana.
En el mismo inmueble, heredado por doña María Luisa de su señor padre, don Fernando Seminario y Jaime, nacieron los hermanos del héroe: Enrique Federico, María Dolores Ruperta y Ana Joaquina Gerónima del Rosario.
Casa Museo
Considerada monumento nacional, y restaurada totalmente, la casa donde nació el Almirante Grau, abrió sus puertas el 27 de julio de 1964, estando desde entonces bajo la custodia de la Marina de Guerra del Perú por intermedio de la Comandancia de la Primera Zona Naval, con sede en Piura.}
La finalidad de su funcionamiento es rendir culto permanente a la memoria del gran Almirante del Perú don Miguel Grau y que su obra, de dignidad y grandeza espiritual con la que alcanzó la Gloria, sea como un faro, cuya luz, proyectada en la conciencia nacional, haga apreciar con toda nitidez, cuáles son nuestros deberes para con la Patria, sobre todo en los momentos más apremiantes.
El Monitor Huáscar
"Mientras este solo buque peruano, el Huáscar, subsistiese en el mar; mientras Grau estuviera en el Huáscar, Chile no desembarcaría un solo soldado en territorio peruano... el Huáscar prestó servicios incomparables. Él solo hizo la guerra naval. El solo hizo la obra de una escuadra. Ésta es una epopeya como la independencia. Éste es el pedestal de Grau y la gloria del Perú. Éste es el milagro de la guerra naval en la guerra del Pacífico.”
Jacinto López, Venezolano
Datos Biográficos
Nació en la ciudad de Piura el 27 de julio de 1834, siendo bautizado el 3 de septiembre del mismo año. A los 9 años se inicia en la vida de marino, como grumete en el buque mercante "Tescua"
Durante diez años viajó por diferentes partes del mundo en barcos distintos.
El 14 de mayo de 1854, como guardiamarina inicia su carrera en la Armada Nacional, desempeñando diversos cargos hasta ocupar el comando del "Huáscar".
Se casó el 12 de abril de 1867 con la dama limeña Dolores Cabero Nuñez, con quien tuvo diez hijos. Vivió en la calle Lescano 172, cuyo inmueble completamente restaurado se conoce como la Casa Grau. Fue elegido Diputado por Paita, dejando momentáneamente el comando del Huáscar el 5 de junio de 1876.
La gloria le alcanzó en la campaña naval iniciada el 16 de mayo y concluida cinco meses después, el 8 de octubre de 1879, campaña sin parangón en los anales de la historia marítima universal.
Por Ley 23856 del 24 de mayo de 1984, el escenario de sus hazañas se denomina "Mar de Grau".
Sus restos mortales yacen en la Cripta de los Héroes del Cementerio El Angel de Lima y en la Escuela Naval del Perú.
Son santuarios que atesoran sus reliquias:
El Museo Naval del Perú
Sede Callao: "Capitán de Navío Julio J. Elías M"
Sede Lima: "Casa Grau"
Sede Piura: "Casa Museo Gran Almirante Grau"

Es propiedad: www.profesorenlinea.cl

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¿Pudo haber escapado el “Huáscar” el 8 de octubre de 1879?

¿Pudo haber escapado el “Huáscar” el 8 de octubre de 1879?

Por el Capitán de Fragata (EM. A.), Patricio Carvajal Prado.

1.‑ En la obra del Contraalmirante don Alejandro García Castelblanco titulada “Estudio Crítico de las Operaciones Navales de Chile”, al referirse a la batalla de Angamos, su autor plantea un interrogante:

“Con la costa a unas 20 millas a estribor, con un enemigo que desarrollaba más o menos su misma velocidad a babor y con el “Blanco Encalada”, que desarrollaba alrededor de 1 1/4 nudos menos, a unas 4 millas a popa, ¿habría sido posible al “Huáscar” evitar el encuentro? He ahí una cuestión sobre la cual todavía no se ha dicho la última palabra”.

En el presente trabajo, aunque no pretendemos decir la última palabra, nos proponemos dar una respuesta concreta basada en cálculos cinemáticos.



2.‑ Características de los buques que actuaron en Angamos.



a.‑ Peruanos:

Blindado “Huáscar”:

Desplazamiento: 1.130 toneladas.

Andar máximo a la fecha: 11 nudos.

Armamento principal: 2 cañones de 10” montados en 1 torre acorazada (5 1/2").

Arcos de fuego: del 009º al 147º y del 2 13º al 351º

Cintura acorazada: de 4 ½”



Corbeta “Unión”.

Andar máximo: 13 a 14 nudos.



b.‑ Chilenos:

Blindados “Cochrane” y “Blanco”:

Desplazamiento: 3.560 toneladas.

Andar máximo a la fecha: “Cochrane”: 11 nudos. “Blanco”: 10 nudos.

Cintura acorazada: 9” a 4 ½”.

Protección de las baterías: 8,6” a 4 ½”.

Armamento principal: 6 cañones de 9”; 3 a cada banda (ver gráfico de arcos de fuego).

Alcance eficaz de la artillería:

“Huáscar”: 3.000 yardas.

“Blanco” y “Cochrane”: 3.000 yardas.


3.‑ Primer contacto y movimientos hasta las 0715 (hora de Santiago; Z - + 4 h. 42 m.).


De acuerdo con el plan concebido por el Ministro de Guerra don Rafael Sotomayor, corregido por el Comandante Latorre, la flota chilena destacó el 7 de octubre a la División Latorre (“Cochrane”, “O’Higgins” y “Loa”) a un área de patrulla situada a 20 millas al Weste de Punta Angamos, en tanto que la División Riveros (“Blanco”, “Covadonga” y “Matías Cousiño”) navegaba próxima a la costa de la Península de Mejillones con rumbo hacia el sur.

A las 0330 horas del 8 de octubre, el “Blanco” avistó por la proa el humo de dos buques a la altura de Punta Tetas. Presumiendo que se trataba de naves la División Riveros gobernó para aproximarse a reconocerlos.

Los buques sospechosos eran efectivamente el “Huáscar” y la “Unión”; Grau también avistó los borrosos contornos de las naves chilenas y, suponiendo que podían ser transportes chilenos, navegó primeramente al norte, para reconocerlos; sin embargo, al percibir que continuaban acercándose en lugar de huir, evaluó correctamente su identidad y gobernó sucesivamente al SW. y al W.

Al amanecer, ambos adversarios pudieron identificarse mutuamente y a las 0540 horas, la División Grau puso proa al norte perseguida, a una distancia de 4 a 8 millas por la División Riveros que se iba quedando lentamente rezagada (x).



4.‑ 0715 horas. Segundo contacto. Situación táctica.



A las 0715 horas el “Huáscar” avistó humos al NW., sin identificar los buques que los producían. Simultáneamente, o tal vez unos 15 minutos antes (x), la División Latorre avistó los humos peruanos y evaluó correctamente su identidad.

La situación táctica en esos momentos era la siguiente:

“Huáscar” a 10 millas al W de Caleta Herradura (Península de Mejillones) rumbo entre 000º y 008º (x); andar: 10 nudos.

“Cochrane” al 316º y 18` millas del “Huáscar” (312º y 23’, 3 según otros historiadores); a 20 millas al Weste de Punta Angamos; latitud: 23º S.; proa al Este: andar 10 nudos.

“Blanco”: al sur del “Huáscar” (180º a 188º) y a una distancia de 4 a 8 millas (x) ; andar: 9 nudos.

“Unión”: al SW. Del “Huáscar” y a una milla de distancia; andar: 10 nudos.

La disposición de los restantes buques chilenos no la detallamos por no tener mayor significación en la batalla y a fin de simplificar el cuadro.

Factores exteriores del campo táctico:

Visibilidad: muy buena, los buques se avistaron alrededor de 20 millas.

Luz: luz del sol; altura 19º, azimut 088º.

Viento: calma.

Mar: llana superpuesta a boba.

Proximidad de la costa: La costa corre casi rectamente de norte a sur a unas 10 millas al E. de la posición del “Huáscar”; a unas 12 millas más al norte, rebasada la Punta Angamos, la costa se retira unas 12 millas hacia el E., formando la Bahía de Mejillones, y luego vuelve a correr casi rectamente de sur a norte.



5.‑ El problema del escape; soluciones.

En atención a que, como hemos observado anteriormente, los datos proporcionados en los distintos documentos históricos no coinciden (ver bibliografía) decidimos calcular el problema primeramente con los valores más favorables al escape y luego con aquellos datos que hacían más difícil eludir el combate. Como veremos, las soluciones son esencialmente similares en ambos casos.

1ª Solución:

El caso más favorable para el escape del “Huáscar” se basa en los siguientes datos:

Hora: 0715.

Contactos: “Blanco” al 180º y a 8 millas.

Humos: 312º y a 24 millas.

Evaluación: Grau evalúa los humos como pertenecientes a un blindado y otros buques chilenos y decide inmediatamente maniobrar para rehuir el combate.

Andares máximos: “Cochrane”: 11 nudos; “Blanco”: 10 nudos; “Huáscar”: 11 nudos.

Alcance eficaz de la artillería de los blindados: 3.000 yardas.

Así planteado el problema se obtienen las siguientes soluciones:

Rumbos para escapar del “Cochrane”: los comprendidos en el sector 046 a 218º.

Rumbos para escapar del “Blanco”: los comprendidos en el sector 255 a 105º.

Rumbos para escapar de ambos buques: los comprendidos en el sector 046 a 105º.



2ª Solución:



En el caso más desfavorable para el escape, los datos son los siguientes:

Hora: 0730.

Contactos: 1 blindado al 180º y a 4 millas; 1 blindado al 320º y a 15 millas.

Andares y alcance eficaz de la artillería: los mismos del caso anterior.

La cinemática nos indica que en este caso los rumbos a que el “Huáscar” podía navegar para escapar de ambos blindados chilenos se reducen al sector 056º ‑ 092,5º.

En ambos casos podemos observar que los rumbos que habrían posibilitado a Grau rehuir el encuentro sólo le permitían navegar 10 ó 20 millas antes de encontrarse con la costa.

En consecuencia podemos asegurar, que a no mediar un burdo error táctico chileno o motivos imprevisibles que restaran movilidad a los blindados chilenos, a las 0715 horas del 8 de octubre, la situación era tal que el “Huáscar” no podía pretender escapar sin combatir por lo menos con un buque chileno superior.



6.‑ Posibilidades de escapar hacia el sur combatiendo con el “Blanco”.


El dilema de Grau era: procurar abrirse paso hacia el norte combatiendo con el “Cochrane” o bien caer hacia el sur hasta la llegada de la noche, para lo cual tendría que combatir con el “Blanco”.

Una pequeña variación en el problema de escape nos dice que el “Huáscar” habría podido mantenerse a una distancia mayor de 6.000 yardas del “Cochrane” (el doble del alcance eficaz de su artillería) si al avistar los humos de la División Latorre, hubiera caído inmediatamente al 217º. Este rumbo era el menos favorable para la acción del “Blanco Encalada”. ¿Qué probabilidades habría tenido este blindado de aniquilar al “Huáscar” en ese caso?

La solución del problema de “aproximarse a la distancia eficaz del fuego en tiempo mínimo” que nos proporciona la rosa de maniobra, nos indica que el “Blanco” cayendo al 341º habría podido romper el fuego sobre el “Huáscar” 8,3 minutos más tarde.

Resolviendo luego el problema cinemático de “mantener al enemigo de andar superior el máximo de tiempo dentro del alcance eficaz de la artillería”, vemos que el blindado chileno cayendo en ese momento al 220º, habría podido hacer fuego sobre el monitor con un cañón a distancias de entre 2 y 3 mil yardas durante la primera media hora; luego habría podido dispararle con 2 cañones, durante una hora, a distancias menores de 2.000 yardas y por último, habría podido combatirlo con un cañón durante otra media hora antes de que se alejara más allá del alcance eficaz de su armamento principal (ver Gráfico Nº 3).

Considerando que en la batalla real, mucho antes de que interviniera el “Blanco”, a los 20 minutos de disparado el primer tiro, los proyectiles del “Cochrane” habían perforado la torre de artillería y desmontado un cañón, destrozando la torre de mando con su Comandante, e inutilizado el telégrafo a las máquinas y la rueda de gobierno, no es arriesgado presumir que en un combate singular con el “Blanco” en las condiciones referidas, la destrucción o captura del “Huáscar” habrían sido también la lógica secuela.

La solución del problema fue calculada en las condiciones más favorables para el “Huáscar”; cualquier otro rumbo que hubiera navegado dentro del sector que le permitía escapar del “Cochrane” habría acentuado las ventajas del “Blanco”.

En el dilema de tratar de forzar el paso hacia el sur o hacia el norte, teniendo en ambas circunstancias que combatir contra un blindado que le superaba en artillería y en coraza ¿qué ventajas presentaba cada solución?

El escape hacia el norte seguía la línea más corta de retirada a sus bases y la luz del sol estaba a favor de la dirección del tiro.

La retirada hacia el sur en cambio le obligaba a navegar alejándose de sus bases hasta la caída de la noche antes de poder regresar al norte amparándose en la oscuridad. El “Cochrane” tenía 11 horas de sol para perseguirlo; la mayor distancia que tenía que recorrer el “Huáscar” para volver al Perú ascendía por lo menos a 300 millas, gran parte de las cuales tendría que navegar al máximo andar dejándole un margen de reserva de carbón reducido.

Aunque el estado del tiempo era muy bueno, más al sur era muy probable encontrar los vientos dominantes del Sur y la mar correspondiente que restarían más andar al monitor, bajo de borda, que a los blindados perseguidores que lo triplicaban en desplazamiento y en la altura de las amuradas.

La única ventaja que presentaba el escape hacia el sur la constituía el menor andar del “Blanco” que no le permitía mantenerse indefinidamente dentro de la distancia de fuego efectivo, aunque, como ya hemos visto, le daba tiempo más que suficiente para aniquilar al enemigo.

¿Podría criticársele a Grau el no haber adivinado cuál de ambos blindados tenía mayor andar?

Creemos que la resolución tomada por Grau al identificar al “Cochrane”, aproximadamente a las 0730 horas, de caer al NE. en procura de un escape hacia el norte, decisión que mantuvo sin vacilaciones hasta su muerte, era la maniobra táctica más acertada que podía efectuar el almirante peruano en esas circunstancias.

Esta conclusión, a la vez que confirma la indiscutible pericia de Grau, habla muy en favor de la eficacia del plan Sotomayor-Latorre que permitió a la flota chilena imponer el combate al escurridizo “Huáscar”, cuya misión impartida por el Presidente Prado, debía ser cumplida “procurando eludir una acción decisiva contra fuerzas enemigas superiores”.

Las fuerzas navales chilenas lograron cumplir con ese aforismo que viene a ser la quinta esencia de los principios estratégicos: “llegar‑allí‑prirnero‑con más”.

A nuestro parecer el plan de Angamos, contrariando las críticas que se suele hacer a la conducción de la Guerra del Pacífico, revela una inteligente coordinación entre los escalones de conducción y ejecución de las operaciones y destaca la capacidad del Ministro Sotomayor y de los Comandantes Latorre y Riveros.

Si concedemos que la maniobra táctica de Grau a partir de las 0715 horas en que se produjo el segundo contacto fue intachable ¿podemos también juzgar en igual forma su actitud durante la primera fase táctica, en el período comprendido entre el primer y segundo contactos con los blindados chilenos?

En esta fase, su maniobra para escapar de la División Riveros no nos merece observaciones. Es indudable que ella le permitía escapar del único enemigo hasta entonces detectado. No podemos decir otro tanto de la disposición adoptada. Contaba la División Grau con la corbeta “Unión” que con sus 14 nudos era el buque de más andar de las flotas en guerra. En la primera fase de su retirada hacia el norte, la “Unión” navegaba por la aleta de babor y a una milla del “Huáscar”. Se ha opinado que esta disposición obedecía al propósito de observar al “Blanco” e interferir su posible aproximación, argumento que no resiste el análisis más somero ya que es un hecho comprobado que la División Riveros se iba quedando rezagada en esta fase.

La posición de la veloz corbeta debió haber sido por la proa del “Huáscar”, en exploración. Desde las 0540 horas, en que los buques peruanos cayeron al norte, hasta las 0700 horas, la “Unión”, aprovechando su mayor andar, pudo haberse adelantado unas cinco millas al “Huáscar” A esa hora se habría producido el mutuo avistamiento entre el “Cochrane” y la “Unión”. Informado el “Huáscar” pudo haber caído, sin ser observado por el “Cochrane”, al Weste, rumbo que le permitía escapar del “Blanco”. Latorre habría debido destacar un buque a interceptar la “Unión” y mantener los restantes en el área de patrulla.

La corbeta peruana podría haber mantenido un rumbo deceptivo al N. o NE. durante una hora y escapar luego de los buques superiores chilenos gracias a su mayor andar.

Riveros se habría visto obligado a destacar un buque e informar a Latorre en tanto que con el “Blanco” se empeñaba en perseguir al “Huáscar” hacia el Weste.

Dada la posición relativa de los barcos chilenos en ese momento, la información de la ruta del “Huáscar” habría tardado una hora en llegar a Latorre, tiempo suficiente para que Grau alcanzara el mismo meridiano que el “Cochrane” con lo que quedaba abierto su rumbo de es cape al Weste que le permitiría eludir el encuentro con cualquiera de los blindados chilenos.

Esta maniobra de la División peruana exigía la existencia de un plan previo de exploración, que, tanto la inferioridad relativa de fuerzas como los riesgos de su misión ofensiva, aconsejaban elaborar. La ausencia de exploración privó a Grau de la única probabilidad racional de burlar el plan Sotomayor‑Latorre.



Bibliografía.



“Historia de la Guerra del Pacífico”, por Diego Barros Arana.

“Historia Militar de Chile”, por el General Indalicio Téllez.

“Guerra del Pacífico”, por Pascual Ahumada Moreno.

“Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico”, por Francisco A. Machuca.

“Historia Militar de la Guerra del Pacífico”, por Wilhelm Eckdahl.

“Guerra del Pacífico”, por Gonzalo Bulnes.

“Estudio Crítico de las Operaciones Navales de Chile”, por el Contraalmirante, Alejandro García Castelblanco.

“Manual de Cinemática Naval”, Departamento de Navegación e Hidrografía.

“Tabla de Azimutes del Sol Nº 71”, Hydrographic Office Estados Unidos N. A.

“Medición de arcos de fuego del “Huáscar”, por el Capitán de Fragata, Sr. Pablo E. Weber.

*Gentileza Sr. Gilles Galte


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NOTICIAS DE UN COMBATE

“NOTICIAS DE UN COMBATE”

Autor: Jaime Larrain Zelada

Profesión: Oficial de MARINA

Extracto de Boletines de Guerra de Pascual Ahumada Moreno en su edición de 1884. Pequeña Recopilación de boletines y documentos inéditos de la Guerra entre Chile contra el Perú y Bolivia. Trabajo de investigación basado en algunos antecedentes de índole periodístico que circularon en 1879 en Chile y Perú producto de la gesta de Iquique.


TELEGRAMA:
“IQUIQUE 21 DE MAYO AM …punto
Hundida Esmeralda 3 ° ataque espolón Huascar… punto

Cae Comandante Chileno sobre cubierta enemiga…punto

seguido de 4 mas que lo siguieron... punto”



Es tarde en Santiago, y los faroles de la alameda nos señala que el velo de la noche ha caído sobre la capital. Republica, Avenida Brasil, Cienfuegos, Maturana, Ejercito , Cumming, las aristocráticas calles de esta ciudad se encuentran desiertas, en los salones y habitaciones de cada casona se encuentran las familias reunidas bajo el tenue fulgor de las velas ... esperan expectantes, silenciosos y temerosos las noticias , rumores , lo que sea .

El temor se yergue sobre cada chileno cual se yergue la oscura sombra de la noche sin embargo, era la gloria misma la que se contenía en esas largas horas de espera.

A las 23:15hrs, las campanas de las iglesias y templos son vigorosamente tocadas para que el pueblo de Santiago, desde el campesino de las parcelas de recoleta y Mapocho, hasta el mas notable de esta ciudad, supieran que efectivamente algo importante había sucedido.

La ansiedad con que toda la ciudadanía esperaba las novedades, del hasta ahora supuesto combate, que el telégrafo había anunciado con tanto laconismo y los cien rumores contradictorios que circulaban entre susurros y comentarios durante el día, mantenían a la población en un estado de alarma imposible de describir. Al sentirse el tañido de las campanas, gran cantidad de habitantes de la capital se conglomeraron a las afueras del palacio de la moneda, en cuya oficina telegráfica acababa de recibirse el parte que anunciaba la epopeya.

La impresión producida por la noticia es casi imposible describirla, es de tanta magnitud que en un momento hasta se dudo de ella ... después ¡¡no hubo lugar a dudas!! . El pueblo agolpado en las puertas de la moneda, levantaba sobre si, el tricolor glorioso de la republica... ¡ conocéis la noticia, los dos buques más pequeños de nuestra escuadra contra los dos buques más poderosos del Perú, libraron desigual batalla, con lo que se iniciaba el camino a cimentar la nacionalidad y una época de gloria y sacrificios.

Examinado las desconocidas páginas de algunos pasajes históricos, reviviremos en esta noche y por unos instantes esas horas de zozobra, angustia y pesar que quienes nos precedieron tuvieron que haber vivido con toda seguridad. Esta noche, la voz del pasado se hace presente en esta vigilia, momento en el cual el alma de cada presente se hará depositaria de aquellos recuerdos que no deben sucumbir jamás a la ingratitud y al paso de los años.

Retrocedamos ahora 127 años retornemos a aquellos días de guerra, de entrega por Chile ... escuchemos la voz del pasado.





Telegrama enviado desde Antofagasta a Valparaíso y retransmitido a Santiago Mayo 23 de 1879:

“Señor ministro de guerra: transporte La MAR ha arribado ayer en la tarde y comunica: el 21 a las 8 am Huascar e Independencia atacan Esmeralda y Covadonga. Según conjeturas, Independencia Varó en PTA. GRUESA al perseguir Covadonga la que Volvió y rompió fuegos sobre ella sin respuestas...Esmeralda entre tanto combatía con Huascar en el puerto cuya puntería era poco certera, el combate duraba después de tres horas de pelea, se ignora paradero del resto de la escuadra, convoy llego sin novedad se ignora resultados.”


¿Pero que había sucedido realmente?, escuchemos el informe de los sobrevivientes. :

“El honor de la bandera ha quedado a salvo pero tenemos que lamentar la perdida de tres de sus más valientes defensores: El comandante Prat, el teniente Serrano y el guardiamarina Riquelme. Como a las 7:00 am del día 21 se avistaron humos al norte a las 7:30 reconocimos al Huascar y al Independencia. Se hicieron señales a la Covadonga para venir al habla. El comandante Prat le ordenó tomar poco fondo e interponerse entre la población y los fuegos del enemigo, al movernos para tomar esta posición se rompieron dos calderas quedando con un andar de 2 nudos . A las 8:30 la acción se hizo general la Covadonga se batía con independencia haciendo al mismo tiempo rumbo al sur.

La Esmeralda entre tanto contestaba el fuego del Huascar, nuestra posición era ventajosa hasta que los fuegos que desde tierra nos hacían los cañones de campaña nos obligó a cambiar nuestra posición. En este momento son las 10:00 am. una granada del Huascar penetró por el costado de babor explotando en estribor cerca de la línea de agua . El Huascar continúo su acción por casi 1 hora sin que nosotros tuviéramos otra avería aparte de la señalada en el parte.

El poco andar del buque impidió al comandante Prat evitar el ataque de espolón del Huascar y vino a herir el costado de babor frente al palo de mesana mientras los cañones de su torre disparaban antes y después del impacto. ....

……….. ¡¡¡ Hicieron estragos terribles en la marinería. !!!!


Prat, saltó al abordaje desde la jarcia del mesana dando la orden de ... ¡¡¡¡AL ABORDAJE!!!! , pero producto del estruendo de los cañones la voz de nuestro malogrado comandante no fue oída.... ¡¡solo el sargento Aldea pudo seguirlo!!. Yo, me encontraba en el castillo de proa y desde ahí pude verlo caer a los pies mismos de la torre del Huascar. Inmediatamente después, tome el mando del buque y lo goberné para evitar la 2º envestida del monitor peruano. ¡NO FUE POSIBLE LOGRARLO!, Esta vez, el teniente Serrano saltó al abordaje junto aproximadamente 12 individuos .... ¡ TODOS ELLOS SUCUMBIERON BAJO UNA NUTRIDA LLUVIA DE BALAS!. El guardiamarina Riquelme, disparó uno de los últimos tiros,… no se le vio mas, se supone que fue muerto por una de las granadas disparadas por el enemigo.. Luego vino el tercer espolonazo, la “Esmeralda” se hunde con su pabellón a pico de mesana cumpliéndose lo dicho por nuestro comandante quien nos señalara antes del combate:


 "MUCHACHOS, LA CONTIENDA ES DESIGUAL, PERO, ÁNIMO Y VALOR. NUNCA SE HA ARRIADO NUESTRA BANDERA ANTE EL ENEMIGO Y ESPERO QUE NO SEA ÉSTA LA OCASIÓN DE HACERLO. POR MI PARTE, OS ASEGURO QUE MIENTRAS YO VIVA, ESA BANDERA FLAMEARÁ EN SU LUGAR Y SI YO MUERO, MIS OFICIALES SABRÁN CUMPLIR CON SU DEBER”


En la tarde del mismo día, fuimos desembarcados en calidad de prisioneros. Acompaño a usted una relación con los que salvaron y se encuentran en esta situación.”

Dios salve a Usted.

Luis Uribe Orrego

PARTE AL SEÑOR COMANDANTE DE MARINA.

……………………………………………………………………

En este histórico extracto hemos revivido en unos segundos la sublime gesta del comandante Prat y sus valientes, veamos ahora que noticias circularon en el Perú con respecto a este hecho, escuchemos algunos datos poco conocidos por nosotros y que deja de manifiesto las oscuras e imparciales interpretaciones, de parte de la prensa peruanas hacia su ciudadanía.


“ EL PERUANO” DIARIO OFICIAL DEL PERÚ

26 de junio de 1879:

“los mismos prisioneros de guerra nos señalan:



“Prat celebro 2 veces consejo de guerra cuando pudo, porque en la corbeta había una desmoralización espantosa, nadie entendía nada y muchos se arrojaban al agua antes de tiempo.

¡ SEÑORES ¡- dijo Prat, vamos a morir inútilmente, es un sacrificio estéril que Chile no nos agradecerá debemos rendirnos.

¡ A RENDIRNOS ¡ entonces gritaron a una voz y un oficial salió corriendo a arriar el pabellón. ¡AGUARDE UN POCO ¡ dijo Uribe, la corbeta aun resiste antes de tomar alguna resolución. Enseguida el Huascar dio una segunda embestida, dos oficiales y algunos marineros se prendieron de las rodillas de Prat gritando: ¡ CAPITÁN ESTAMOS PERDIDOS RINDÁMONOS!

¡ Nos rendiremos entonces dijo Prat y dio las ordenes para tal objeto, llamó a algunos oficiales y celebró consejo por segunda vez saliendo voces de ¡ARRÍEN LA BANDERA, RÓMPANLA PRONTO!.

Según los mismos prisioneros, el desorden era inmenso, y que nadie se entendía a bordo, que todos corrían como locos y que cuando Prat ordenó romper la bandera, algunos Oficiales y marineros, desnudándose se lanzaban al agua. Con el golpe del Huascar Prat y varios marinos resbalaron involuntariamente sobre el monitor, se levantó Prat y dio vueltas alrededor de la torre gritando: ¡ ESTAMOS RENDIDOS! Mientras el resto de los marineros gritaban pidiendo misericordia y vivando al Perú. Grau ordena ¡DEFENDER EL ABORDAJE! Y nuestras balas acribillaron a los que gritaban de tal modo que no se les escuchó nada mas.... ¡ el valor y el coraje de los chilenos no existe , esta valentía que tanto publican los escritores chilenos es una mentira ahí esta la vergüenza de su derrota.!

Vemos aquí con sorpresa una actitud vista frecuentemente en aquellos días, estas notas solo son un a pequeña muestra de la desinformación y de la mentira casi institucionalizada en Perú y Bolivia, el desprestigio contra las armas chilenas y nuestro pueblo representado en sus marinos y soldados que en forma tan poco ética algunas autoridades y parte de los medios de comunicación peruanos entregaban a su pueblo y al mundo entero mantuvo al pueblo de Perú y Bolivia en una ignorancia total frente a los hechos, transformando en ocasiones, derrotas totales en fastuosas victorias .

Pero la injusticia e iniquidad de algunos pocos no puede contra la imborrable voz de ese preclaro caballero del mar, magno adversario de Prat y que en gran medida fuera participe de su grandeza. El comandante Miguel Grau Seminario el que expresara en sentidas palabras a doña Carmela Carvajal de Prat lo que se expresará a continuación, deja de manifiesto el suceso no dejando lugar a dudas para el porvenir y la Historia:


Dignísima señora:

Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy, justamente, debe dominarla

En el combate naval del 21 próximo pasado, que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata don Arturo Prat, Comandante de la "Esmeralda", fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su Patria.

Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su gran desgracia, y para eso me he anticipado a remitírselas.

Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.

Miguel Grau

¿¡Que podemos decir!? … Son estas letras, frases que reconocen el santo sacrificio de Prat.

Veamos ahora otra versión, también peruana que relatan el impacto causado por este combate que no tiene igual en la historia del mundo.

“ El comandante Grau intimo rendición a la Esmeralda pero el jefe de la corbeta chilena se negó a arriar su bandera. Grau arremetió por 2º vez a la vieja corbeta fulminado la vida de 36 hombres al momento que descargaba su batería principal.

Era necesario poner fin a un drama que no reconoce ejemplo en la historia del mundo, así fue, se le acometió por 3º vez descargando a la vez tres cañonazos, fue en este tercer choque cuando el comándate chileno saltó revolver en mano gritando ¡AL ABORDAJE MUCHACHOS! Prat caminó hasta el torreón mismo del comandante, entonces un marinero acertó un tiro de fusil “comblain” sobre su frente. Mientras estas escenas tenían lugar, la corbeta se iba a pique siendo el pabellón chileno el último en encontrar tumba en el océano. Al hundirse la Esmeralda se hizo un último disparo, dando la tripulación vivas a Chile!

Estas palabras circularon en Lima posterior a la batalla ... como si fueran sus propios héroes.

La misma prensa limeña, señala en otro periódico el testimonio de don Adolfo Garriazo italiano residente en Iquique:


“Después de la catástrofe se apagaron los gritos de entusiasmo con que fueron recibidos los buques peruanos en Iquique.

Después del hundimiento de la Esmeralda siguió el estupor y un silencio casi mágico.

La impresión que provocó en los habitantes iquiqueños el hundimiento del buque chileno fue mas grande que la alegría.... la admiración pudo mas que ella ……..¡TREMENDOS MISTERIOS DEL CORAZÓN HUMANO!



…………………………….…………………………….…………………………….…………………………….

En el silencio de la profundidad de Iquique calladas yacen las voces de quienes legaron a las conciencias de la patria la ruta de la nacionalidad y al mundo entero un ejemplo elevado a la tribuna de la epopeya.

En este minuto, el pasado y con el , aquellas voces regresan con nosotros que nos reunimos en torno al recuerdo de nuestras mas sentidas tradiciones y que llenan de gloria a las intachables páginas de nuestra historia.

El tiempo raudo y fugaz, inexorable en su avance, mudo y elocuente testigo de la humanidad que en su loco desenfreno ha dejado la cansada huella del milenio que se fue, deja ESTAMPADAS en el libro de la historia, los ejemplos de algunos que olvidaron que estaban sobre un suelo de miserias y se elevaron sobre su materia, proyectando en la eternidad la magnitud de aquel 21 de mayo de 1879.



………………………………………..se inicia música de los 4/4 “los Boteros de Iquique”…………………..

 Tras una noche de vigilia, la guardia de soñolientos soldados era relevada por otra, ansiosa de guiar los proyectiles al punto de mira de sus cañones, los veleros que frente a Iquique mecianse orgullosos con la bandera de la estrella solitaria a tope.

Desde hace días un rumor siempre creciente se esparcía por las polvorientas calles de Iquiqueñas:

¡ LOS CHILENOS ABANDONARAN EL BLOQUEO!


 Desde niños hemos escuchado una y otra vez el relato de una de las paginas mas gloriosas de la historia de nuestra Patria sin embargo, no la hace menos importante y ejemplarizadora para el Chile de hoy y la futuras generaciones y porque no decirlo para el mundo entero.

El teniente de la marina real británica a bordo de la corbeta de su majestad británica “TURQUESA”en un trozo de roble chileno perteneciente a la recién hundida Esmeralda aflorado producto de las salvas en honor al aniversario de la Reina, confeccionó un significativo obsequio que envió a doña Carmela ....una cruz junto a una sentida carta… Ella responde emotivamente lo siguiente: “este sentido regalo de un distinguido miembro de la marina inglesa me ha conmovido profundamente”

Son tantos los detalles que podemos rescatar de antiguos libros y documentos, de viejos boletines de guerra de escritos de testigos, son tantos los sentimientos que ellas guardan no obstante se ha querido extraer un trozo de esos recuerdos para esta especial noche de vigilia en torno a los despojos inmortales de la Corbeta “Esmeralda” y bajo el alero de la Escuela Naval “Arturo PRAT”.

Hechos como este, enaltecen el alma nacional y engalanan con sus mas bellos lauros a la Patria haciéndola relucir entre el resto de las naciones como un país jamás vencido y siempre vencedor. El ejemplo de Prat, como el de muchos nos hace ser lo que somos , su trascendencia no la podemos discutir puesto que nos rodea se respira cada día a nuestro alrededor.

Antofagasta mayo 25, 1879

“Batalla de Iquique, maravilla de heroísmo. Prat abordó Huascar con cuatro hombres.

Todos muertos sobre su cubierta.

Guerra marchara ligera ahora

¡¡Que todos ellos!! …descansen en paz



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CARTA DE DOÑA CARMELA CARVAJAL VIUDA DE PRAT A MIGUEL GRAU

CARTA DE DOÑA CARMELA CARVAJAL VIUDA DE PRAT A MIGUEL GRAU


Señor don Miguel Grau

Distinguido señor:

Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del Huáscar en 2 de junio del corriente año. En ella, con hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mi de un valor inestimable por ser o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.

Al proferir la palabra martirio no crea usted, señor, que sea mi intento inculpar al jefe del Huáscar la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aun palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aun el mas raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, de haberlo podido, entre el matador y su victima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón.

A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presentar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.

Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta .

Carmela Carvajal Vda de Prat

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CARTA DE GRAU A LA VIUDA DE PRAT

Monitor Huáscar


Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879

Distinguidísima señora:

Un sagrado deber me autorizo a dirigirme a ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue como usted no lo ignorara ya, victima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria.

Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas.

Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.

Atentamente

Miguel Grau

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Relato del Guardiamarina Arturo Wilson

Relato del Guardiamarina Arturo Wilson


Iquique, Mayo 23 de 1879

Señor don Vicente Santa Cruz

Querido Vicente:

Hoy hemos tenido oportunidad de escribir i la aprovecho para darte noticias mías.
El 21 hemos tenido un sangriento combate entre el blindado peruano Huáscar i la Esmeralda, donde yo me encontraba embarcado, que duro cinco horas, echándonos a pique el blindado peruano después de tres espolonazos.


Datos i comentarios no me es posible dártelos: sólo puedo decirte que la Esmeralda se ha hundido, pero con gloria, quedando apenas 50 de 200 hombres que habíamos a su bordo. He escapado qué sé yo cómo, pues hasta ahora no me doi cuenta de ello. Nos desembarcaron en este puerto, donde permanecemos prisioneros de guerra, buenos i sanos.

Las autoridades peruanas nos han tratado con amabilidad i consideración, pero después del bloqueo de este puerto no hai casi recursos, así es que sólo tenemos un traje de marinero. La escuadra andaba afuera algunos días i aún no llega.

ARTURO WILSON

En este momento nos comunican la orden de embarcarnos en el Chalaco para llevarnos al Norte, no sabemos a qué punto.


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Relato del Teniente Francisco 2° Sánchez

Relato del Teniente Francisco 2° Sánchez




Iquique, Junio 16 de 1879

Señor don Carlos Sánchez.
Mi querido hermano:

Por el vice-cónsul inglés tuve el grato placer de recibir tu estimable del 4 del presente.
Es inútil explicarte la emoción que en esos momentos experimenté. Es necesario encontrarse en las circunstancias en que me hallo, prisionero de guerra, separado de la familia, de la patria i amigos, etc. Leí i volví a leer tu carta i la de la querida hermana Agustina, i sólo entonces comprendí lo que realmente significaba. Conociendo el carácter de todos ustedes tan sumamente sensible, i especialmente el de Agustina, temí que algo muy serio sucedería en casa en los primeros momentos que llegó a ésa la noticia del encarnizado combate que tuvo lugar en esta agua.

Gracias a Dios solo ocasionó la grave incertidumbre respecto a los que habíamos sucumbido i que no dejó de ser seria tomando en cuenta que duró ésta cerca de ocho días, como me lo explicas en tu carta.

Previendo esto, al día siguiente del combate pasó un vapor para el sur i conseguimos que nos permitieran escribir a nuestras familias, i más aún, escribimos al capitán Molina, gobernador marítimo de Antofagasta, una relación de los que sobrevivimos para que, acto continuo, por telégrafo lo comunicara a ésa. Si hubiera cumplido con esto, dos días después habrían tenido conocimiento.

Sentí muchísimo no haberte remitido una relación completa del combate por el vapor que zarpó de ésta el 27 del pasado.
Como las cartas las entregamos abiertas a las autoridades militares, temí que no llegara a tu poder. Por ella te habrías impuesto de la horrorosa mataza. Todo lo que se diga es poco, i nosotros mismos nos espantamos cuando recordamos tanta sangre derramada. Pasará mucho tiempo antes que se sepan las cosas tales cuales son. Las cartas de Zegers a su padre i la de Uribe a don Eulogio Altamirano, si es que se publican, darán indudablemente alguna luz sobre lo sucedido en lo que corresponde a la descripción de la acción; pero hay muchos hechos que se irán sabiendo poco a poco i que la historia se encargará de darles su verdadera importancia.

Como estamos completamente incomunicados, rodeados de centinelas, sólo hemos podido obtener muy pocas noticias respecto a la opinión de la prensa chilena. Por una casualidad, entre la ropa mandábamos comprar, nos llegó un pedazo del diario MERCURIO del 30, i nos sorprendió que en nuestra patria crean que la Esmeralda sucumbió en el momento en que nuestro comandante Prat pasó a la cubierta del Huáscar con el sargento de la guarnición Juan de Dios Aldea, que fue el único que alcanzó a acompañarle, cayendo herido con siete balazos.

El valiente comandante Prat abordó al enemigo en el primer espolonazo que tuvo lugar más o menos a las 11 ½ AM.., i nuestro buque desapareció de la superficie a la 1 ½ PM.. con poca diferencia. Se deduce aquí que nos hemos batido sin nuestro comandante, con poca diferencia, dos horas.

Cuando recibimos el primer choque, habíamos perdido poca gente, i el Huáscar se retiró con tanta precipitación que a pesar que lo recibimos en la aleta (en la popa), de la guardia de bandera, que está formada en la toldilla, precisamente en el lugar del espolonazo, sólo uno, que fue el sargento alcanzó a saltar. Muchos dirán, ¿cómo es que no se tomó alguna providencia para asegurar el abordaje? En la guerra marítima el combate con espolón esa casi desconocido. Está muy fresco el ejemplo de dos blindados alemanes que por evitar el encuentro con un buque mercante, chocó un blindado con el otro, echando a pique al último inmediatamente, quedando el primero en muy malas condiciones para continuar navegando.

Ahora, si entre dos blindados ha sido tan fatal el resultado para el que recibió el espolonazo, ¿qué esperanza tendría la vieja Esmeralda de sobrevivir a la embestida del poderoso Huáscar? Creo que de los 200 hombres que formaban nuestra tripulación no hubo uno solo que no dijera al ver al Huáscar, que a toda fuerza venía hacia nosotros, estamos perdidos.

Por fortuna, nuestro comandante logró maniobrar de tal suerte que lo recibimos por la aleta. En esos supremos momentos toda la gente estaba en sus puestos de combate. Nuestra artillería sostenía un fuego nutrido i era mayor la excitación del combate a medida que avanzaba el enemigo. Por otra parte, los trozos de fusilería ayudados de los rifleros de las cofas, agregados a los disparos de los cañones del enemigo i sus ametralladoras, formaban un conjunto aterrador. En medio de ese inmenso eco del combate, de los gritos de los heridos, etc., nuestro comandante tuvo la inspiración de abordarlo, i acto continuo dio la voz de al abordaje, voz que no fue oída sino por los que estaban muy cercanos. Abordar al Huáscar en esas circunstancias era una empresa imposible. La sangre fría que hasta esos momentos manifestó el comandante Prat le hizo concebir la sublime idea de morir como hay pocos ejemplos de tanto heroísmo, en la cubierta del enemigo, i acto continuo saltó, viéndolo un momento después caer con su espada en mano al pie de la torre.

La pérdida del comandante produjo en la tripulación una profunda impresión. La idea de venganza se apoderó de todos, i cada uno quiso ser un héroe para imitar su ejemplo. Valor inútil: nada podíamos hacer sino esperar la muerte con resignación. En efecto, momentos después de este primer choque, el Huáscar a toca penoles nos arrojaba su gruesa artillería, i las bajas en nuestra gente se sucedían con mucha rapidez. Envidia nos daba ver caer muerta nuestra gente. Los sufrimientos para éstos habían terminado. Desgraciados eran los que caían heridos. Eran espantosos los gritos de estos infelices i no podía prestárseles ningún auxilio. El cuerpo médico era insuficiente para atender a tantos heridos, así es que todo lo que se hacía con ellos era hacerlos a un lado para que no estorbaran a la artillería. Sabíamos que todos teníamos que morir momentos después.

Había cadáveres que quedaban divididos i cauterizados. A cada momento se encontraban piernas i brazos que no se sabía de quienes era. No creo que haya otros ejemplos de un combate tan horrible. El fuego continuaba con la misma viveza por ambas partes, i el enemigo a 700 metros se preparaba para darnos la segunda embestida.

Muerto el capitán Prat, Uribe tomó su puesto i yo el de Uribe. Nos reunimos luego que fue posible con el teniente Serrano para conferenciar sobre la determinación que debíamos tomar, si echar a pique al buque para evitar derramar más sangre, pues creo que no bajarían de 40 a 50 los muertos i heridos, o continuar combatiendo hasta sucumbir. Resuelto esto último, volvimos a nuestros puestos; pero yo quedé siempre en la batería por ser allí más útiles mis servicios. Era el instructor de la artillería i conocía la gente, i por consiguiente podía llenar las bajas con los individuos más aptos para las vacantes que quedaban.

No puedo fijar con exactitud la hora del segundo espolonazo, pero creo que sería cerca de las 12 i media PM.
Era curioso lo que pasaba en mi imaginación, i creo que lo mismo sucedía a los otros. Del mismo modo que los trabajadores esperan los días Domingo para descansar, yo miraba con cierta satisfacción, que no se como explicarla, la segunda venida del enemigo. Sabía que un segundo espolonazo no podríamos resistirlo i de un solo golpe daría fin con todos i descansaríamos por consiguiente de presenciar tantas desgracias. Sin embargo, luego puso el enemigo su proa a la moribunda Esmeralda, el entusiasmo renació con mayor fuerza i entusiasmábamos a la gente. Yo mismo tomé una rabiza de un cañón i se rompió el fuego con toda actividad; igual cosa hicieron los trozos de fusilería. Por fin, nuestro buque gobernaba muy despacio, la máquina se movía con poca fuerza, procurando evitar el segundo choque. Un ruido estrepitoso nos indicó este momento; el buque se cimbró como una tabla, la gente para sostenerse tenía que agarrarse de lo primero que tenía a mano. El buque a pesar de los deseos del enemigo, quedó a flote. Todavía nuestra gloriosa bandera brillaba, i un pueblo entero i un ejército enemigo la contemplaba muy a su pesar. Si no se evitó del todo el golpe, nuestra proa tuvo bastante firmeza para resistirlo.

El Huáscar, un momento antes del choque i al desabracarse, nos disparó sobre nuestra cubierta sus dos cañones de 300 i barrió con una parte de la gente de los cañones. Algo parecido sucedía en el entrepuente. Sin embargo, con los pocos que quedaban se continuaba haciendo fuego, con la diferencia que los cañones no se metían en batería, sino que se disparaban a lo largo de braguero.

En esta ocasión, es decir, en el momento del choque, veo a Serrano que se dirige a proa, i al acercárseme me dice: amigo Sánchez estamos fregados, i continuó su camino. Grande fue mi sorpresa cuando lo veo saltar a la cubierta del Huáscar con diez a doce hombres que también murieron. Este es otro hecho que demuestra el arrojo hasta el sacrificio de Serrano i los que le acompañaban. Serrano fue muy valiente desde los primeros momentos del combate. Una serenidad admirable unida a un valor que lo dio a conocer a cada momento. Si el capitán Prat se ha inmortalizado por su valor, igual cosa debe acontecer con el amigo Serrano.

El enemigo se retiró hasta la distancia de 600 metros más o menos. Concluimos de quemar los últimos cartuchos. La Santa Bárbara se inundo completamente, ahogándose los que se encontraban dentro. Sólo el condestable alcanzó a salvarse por haber un momento antes subido al entrepuente. La máquina dejó de funcionar. El agua subió hasta los fuegos i concluyó el vapor. En las mesas de la sala de amputación, que era la antecámara de guardia-marinas, había muchos heridos de gravedad. De los encargados de los pasajes de balas, granadas i los de pólvora, muchos habían sucumbido. Desde este momento nada nos restaba que hacer. Un silencio profundo reinaba a bordo, i sólo era interrumpido por los disparos de algunos rifleros i lastimeros quejidos de los heridos. Nos cruzamos de brazos i esperamos. Yo subí a la toldilla i me junté con Uribe i otros compañeros. El enemigo pone su proa a nosotros a la una i media más o menos. En estos momentos se ve salir humo por la escotilla de la cámara de guardia-marinas. Una granada, penetrando por la botica, puso fin a la existencia de los ingenieros Mutilla, Manterola i Gutiérrez, dos mecánicos, dos carpinteros, el sangrador i varios otros; concluyó con los heridos.

La muerte de los ingenieros i demás de la máquina, fue como sigue:

No teniendo éstos nada que hacer abajo, puestos que los calderos estaban apagados, los abandonaron i al estar en el entrepuente se desnudaron completamente, i en este estado se disponían para subir a cubierta, pero no alcanzaron a llegar; en la misma escala cayeron.

Sobre la muerte del ingeniero primero, todavía no hemos podido saber si ha muerto ahogado o por las balas. Cuando dio cuenta que la máquina no podía funcionar, hablé con él i no lo vi. más.

Luego que vimos con la fuerza que venía el enemigo, nos desnudamos i en este estado me bajé a esperar en el cañón séptimo a estribor. Otra granda destrozó la rueda del timón i cuando encontró por delante, murieron todos los que había cerca i especialmente los del timón.
Esta vez me escapé muy bien, estando tan sumamente cerca. Todavía tenía que bañarme. El cabo Cortés tomo la corneta, pues su dueño había muerto, i tocó a degüello en los momentos que se abría el buque i desaparecía de la superficie. El último disparo ordenado por mi lo quemo el guardia-marina Riquelme. Riquelme se hizo notable por su valor i entusiasmo. No se movió un momento de los cañones, i cuando encontraba a algún marino algo decaído, lo entusiasmaba i lo hacía consentir que teníamos muchas esperanzas de triunfar. Este bravo oficial murió ahogado, como igualmente el cabo Cortés.

Un momento después, una nata de cabezas humanas flotaba en la superficie i cada uno trataba de agarrarse a algún coi o pedazo de maderas, de los que había muchos.

No deseo que a otro buque chileno le suceda lo de la Esmeralda. ¡Es muy desagradable tener que bañarse en un combate!
Lo que me sucedió es muy fácil explicarlo. Repentinamente me encontré atraído por el remolino i la atracción que formó el buque al sumergirse. Tragué bastante agua i recuerdo bien que en esos instantes me consideré perdido, por creer que la fuerza del agua me arrojaría dentro de la cámara alta. En estos apuros toqué algo i agarré bien. Me pareció ser algún cuerpo. Inmediatamente reconocí que era un coi. Este gran recurso me llevó luego a la superficie. ¡que felicidad es volver a la luz!

Para concluir con esto i no volver más a ocuparme, le diré: que permanecimos en el agua veinte minutos. El Huáscar paró su máquina i al verlo con toda su guarnición formada en cubierta, creímos un momento que nos iban a disparar; pero luego disipamos esta idea al ver que arriaba sus botes.

Una vez en el Huáscar, nos pusieron en la cámara del comandante. Nos dieron un poco de licor, i media hora después estaba vestido con una camisa blanca, una cotona i un pantalón de marinero.
El buque salió i no supimos a donde.

Dos días después calculamos, cuando tuvimos noticias de la pérdida de la Independencia, que la salida tuvo por objeto recoger los náufragos de dicho buque. Serían las seis i media cuando fuimos desembarcados. Al salir a bordo nos dieron un par de zapatos. Sombreros no nos dieron por no haber a bordo. El frío i el hambre nos atormentaban. En todo ese día no había probado bocado, i al estar sin medias, calzoncillos, camiseta, etc. No es raro suponer que con tan poca ropa pudiera estar abrigado.

En el trayecto del muelle a la prefectura no hubo nada de notable, a no ser algunas hostiles demostraciones del populacho, que es difícil evitar. Una vez en el salón de la prefectura, fuimos felicitados por los jefes del ejército. Todos admiraban el heroísmo de la Esmeralda i lo hacían con sinceridad.

El jefe del ejército nos dijo: Ustedes no son prisioneros, ustedes son náufragos. El valor de ustedes no tiene ejemplo en la historia de las guerras marítimas. Si ha habido un caso igual, estoy cierto que no hay quien lo sobrepuje. No recuerdo bien las palabras.

Al día siguiente fuimos visitados por el general Canseco, i este jefe se enterneció cuando nos hablaba alabando nuestra conducta, i estas visitas continuaron por algunos días.

Esa misma noche, después que comimos algo, fuimos conducidos a la Bomba Austriaca, donde permanecimos como quince días.

Hace tres días que se nos entregó un terno de ropa que nos mandaron hacer. Ya nos habíamos familiarizado con el traje de marinero i hará sólo diez o doce días que usamos ropa interior por no haber en la población.

Hoy puedo decir, sin temor a equivocarme, que las pocas comodidades que tenemos se las debemos puramente al general Buendía. Estos dos caballeros se han conducido muy bien con nosotros i les estamos muy agradecidos. El señor Velarde continuamente viene a visitarnos i a ofrecernos lo que necesitemos.

El general Buendía también, cada vez que puede, viene a vernos con el coronel Velarde. ¿I qué se dice por allá sobre nuestro rescate? ¿Podemos tener esperanza de alcanzarlo pronto? La inmovilización en que nos encontramos i el no poder continuar siendo útiles a la patria, nos atormenta.
Tu afectísimo hermano.

FRANCISCO 2° SÁNCHEZ

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Relato del Subteniente Antonio Hurtado

Relato del Subteniente Antonio Hurtado


Iquique, mayo 23 de 1879

Señor don Miguel Hurtado.

Querido papá:

El 21 del presente, a la 8.40 A. M., fuimos sorprendidos por el Huáscar i la Independencia. El Huáscar se batió con nosotros i la Independencia con la Covadonga, que eran los únicos dos buques que sostenían el bloqueo; el combate duró hasta la 1.45 P. M. durante las cuatro horas i minutos de combate se dispararon todos los proyectiles que se pudieron, que fueron más de 200; la Esmeralda fue echada a pique después del tercer espolonazo que recibió del Huáscar, quedando a flote un gran número de cadáveres. Los que salvamos, que fuimos más o menos 60, hemos salvado a nado. A los veinte minutos fuimos recogidos por los botes del Huáscar. Después que se nos dio ropa i permanecimos algún tiempo abordo se nos llevó a tierra, donde nos encontramos prisioneros.

He aquí una relación de los muertos:

Comandante Prat
Teniente 2° I. Serrano
Guardia-marina E. Riquelme
Ingenieros, todo el cuerpo, i como ciento i tantos de la tripulación.

Cuando tenga el gusto de darle un abrazo a usted, a mi mamá i hermanos, les contaré mucho que por ahora no se puede.

Sin más que esto se despide su hijo.

ANTONIO D. HURTADO

P. D. - Mando un abrazo general.
Dentro de una hora nos embarcamos en el Chalaco con dirección al Norte, no sabemos a dónde.

Su hijo

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Relatos del Combate Naval de Iquique

Relato del Cirujano de la Esmeralda Dr. Cornelio Guzmán


Una hora antes del combate toda la tripulación estaba en sus puestos y lista para romper el fuego. No se trataba de considerar la desigualdad de la contienda y la posibilidad del triunfo; se pensaba solamente en que los azares de la guerra colocaba a un grupo de chilenos en la situación mas brillante y difícil que es posible imaginar: dos blindados poderosos y veloces al frente de dos pequeños barcos de madera que enarbolaban la bandera tricolor. Primer torneo en que la desigualdad de las armas solo se podría equilibrar con el temple de los corazones. Toda la tradición gloriosa de la Marina chilena debía dar en esta ocasión sus frutos.

La sección de sanidad estaba instalada en la cámara de Guardias Marinas y la formaba el siguiente personal: el contador señor Oscar Goñi, el ayudante de cirujano señor German Segura, el despensero, el maestro de víveres, el practicante y boticario Castilla y cuatro enfermeros. A estos se agrego el ingeniero civil don Juan Agustín Cabrera, que en comisión del Gobierno se encontraba a bordo en calidad de pasajero, mientras pudiera regresar al sur. Este caballero pregunto al comandante Prat en que podría servir, quien le contesto: "Vaya Ud. a agregarse a la ambulancia". El señor Cabrera, que mas tarde fue mi muy apreciado amigo, encontró que carecía de condiciones para servir a los heridos, y por otra parte, el sitio en que estábamos nos obligaba a permanecer en la mas completa ignorancia de todo lo que pasaba en cubierta. Solicito entonces permiso para ir a hablar con el comandante. Esta vez se le ordeno que tomara un rifle. Mas tarde el contador fue llamado para atender a la destrucción de la correspondencia y de toda la documentación. De este modo mi personal quedo reducido en dos valores menos.

Se siente un cañonazo a distancia. En nuestro barco hay silencio sepulcral. El comandante Prat en el puente de mando, alza su voz para hablar a la tripulación, que estaba al pie de sus cañones. Yo desde mi puesto divisaba al comandante, que pálido y vestido de media parada, pronuncio con voz firme y clara su inolvidable arenga. Al escuchar a este hombre, todo mi cuerpo se conmovió, y me pareció oír una sentencia de gloria y muerte. Inmediatamente, el corneta dio la orden de romper el fuego, primero a estribor y después a babor. Ya este cañoneo terrible no ira disminuyendo sino hasta que los cañones se vayan inutilizando por su propio uso y también por los destrozos que el enemigo cause al buque.

Los primeros heridos que nos llegan lo han sido por metrallas lanzadas por el enemigo desde tierra. Todos son gravísimos, pues los cascos de granada les han penetrado en el cráneo, en el tórax, o en los miembros. Mas tarde van llegando los heridos por los cañones de a 300 del Huáscar. En este caso las mutilaciones son enormes y no hay vendaje posible; y hay tantos que no tenemos camas suficientes.

Las horas van avanzando, y ya nos llegan heridos a rifle, pues la distancia que separa las naves ha disminuido, y los destrozos son cada vez mas considerables. En medio de mi confusión sobreviene un accidente. Una granada de los grandes cañones del Huáscar ha penetrado en la cámara de oficiales y producido un incendio cuyo humo invade mi recinto y nos envuelve en una atmósfera irrespirable, molesta y penosa para los heridos. Afortunadamente la brigada de incendio trabajo con tanto orden y eficacia que muy pronto el foco de fuego fue extinguido. Luego se produce el primer ataque al espolón, conmoviendo nuestras naves y haciéndola crujir hasta los últimos remaches. Yo, que era novicio a bordo, no supe explicarme que cataclismo se había producido.

Un rumor corre por el entrepuente, rumor que se confirma: "El comandante Prat ha muerto"..."El teniente Uribe ocupa su puesto."

Este primer espolonazo ha sido dado en la vecindad del puente de mando, el espolón, penetrando en el costado del buque, ha quedado incrustado por algunos momentos, y en esta situación inesperada, Prat, llevado por esa fuerza irresistible que enciende el alma de los héroes grita. "¡ Al abordaje !", y salta el primero sobre la cubierta del enemigo, llevando en alta su espada de combate.

Mas, su voz es apagada por un estruendo de los cañones y no pudo ser oído en la confusión del combate. Solo el sargento Aldea y otro marinero(*), cuyo nombre ha quedado ignorado, acompañan a comandante a pisar la cubierta del Huáscar.

El cañoneo y el fuego de rifles no se interrumpe. En cubierta hay muchos heridos graves que no es posible transportar por falta de gente. Oigo decir que en cubierta se están organizando dos brigadas de abordaje; una, la de proa, al mando del teniente Serrano, la de popa al mando del teniente Sánchez. El oficial de entrepuente, Fernández Vial, me da a entender que el buque se ira pronto a pique, y que este listo.

En este momento el personal de las maquinas principia a abandonar sus puestos, porque el buque se esta inundando. El primer ingeniero ha muerto en cubierta al ir a comunicar al comandante el estado de su sección. El segundo ingeniero, señor Manterola, se me acerca y después de haberme mirado fijamente, me dice: "Doctorcito, yo quiero mucho a los médicos, una hermana mía es casada con el doctor Zorrilla, no se separe de mi porque el buque se va a hundir y yo soy un gran nadador".

Se produjo el segundo espolonazo, pareciéndome que el buque se habría y se despedazaba. Subí a cubierta y vi que el centinela que defendía la escotilla estaba muerto; mire al Huáscar, que estaría a unos 50 metros de distancia, y vi un grupo de marineros chilenos en el castillo de proa con sus armas en las manos; vi al teniente Serrano cuando con su espada levantada avanzaba hacia la torre enemiga.

Casi inmediatamente después de abandonar la cámara de Guardias Marinas estallo una granada, matando a todos los heridos, personal de ingenieros, mecánicos y fogoneros que habían llegado a la ambulancia. A mi generoso protector señor Manterola no lo vi mas. El único que sobrevivió de los que estaban conmigo fue mi ayudante Segura.

Avanzando sobre cubierta trate de orientarme, pues los cañones desmontados, los mamparos destruidos, la arboladura despedazada, la gran cadáveres horriblemente mutilados, la sangre mezclada al agua de las tinas de combate, que corría y se movía en cada vaivén del buque, todo aquel horrible cuadro que presentaba el aspecto de un matadero, hacia difícil la marcha. Por fin llegue al castillo de popa. Ahí estaba el comandante Uribe, que con revolver hacia fuego a una persona que se asomaba detrás de la torre del Huáscar, único ser viviente que se divisaba en el blindado peruano.

Toda la "Guardia de la bandera" ha muerto. El guardia marina Vicente Zegers, esta al pie de la bandera de combate, sólo y como un defensor heroico de nuestro pabellón. Aun dispara nuestra nave uno que otro cañonazo. El Huáscar se ha alejado un poco, pero continua haciendo fuego con sus grandes cañones. De repente observamos que el enemigo se dirige a toda fuerza de maquina hacia nosotros, como un toro furioso que embiste y al llegar dispara simultáneamente los cañones de su torre produciendo un formidable y ultimo choque. Me pareció que mi buque partía por mitad, y una ola inmensa nos cubrió y sumergió. No puedo decir hasta que profundidad hemos llegado. Yo, que soy gran nadador, nade con el intento de llegar a la superficie y de salir de la oscuridad en que me encontraba; luego vi una luz y una claridad. Miro a mi alrededor y veo que varias cabezas emergían casi al mismo tiempo, y también aparecían flotando una gran cantidad de tablones rotos, coyes y tinas de combate; sirviéndonos todo esto de ayuda para no sumergirnos nuevamente. Los sobrevivientes formábamos un circulo que permitía vernos las caras y reconocernos. Nos contamos, somos 37; en la mañana éramos 210.

El Huáscar queda como a 100 metros de distancia, y la ciudad de Iquique, bastante lejos. En esta critica situación permanecimos largo rato, tal vez media hora. Sin embargo, nunca dudamos que el buque enemigo nos socorriera. Efectivamente, se nos explico después que la tardanza en socorrernos fue debida a la compostura de los botes, destrozados por nuestros proyectiles.

Conducidos al Huáscar, y mientras desfilábamos los oficiales a la cámara del comandante Grau, vimos tendido sobre cubierta el cadáver de Prat. El guardia marina Zegers, que va junto a mi, le descubre el rostro, cubierto con un faldón de su levita, y yo pude ver una profunda herida por arma de fuego en la parte mas alta de su hermosa frente.

Una vez encerrados en la camada del comandante, se nos proveyó de un saco y de un pantalón de marinero, pues estábamos casi desnudos. Se nos dijo que el comandante Grau vendría a vernos. Efectivamente, a poco rato llega un marino de cierta corpulencia, no muy grande, ancho de espalda, de rostro tostado por la vida de mar, patillas a la española donde aparecen algunas canas. Ciñe espada, pero su aspecto es el de capitán de un buque mercante. Nos saluda con ademán cordial, nos felicita por nuestra conducta, y recordó que a alguno de nosotros había conocido en otra época en el Callao. Notando que estábamos sin zapatos, ordeno se nos proveyera.

Hemos quedado solos; el Huáscar se pone en marcha a toda fuerza con rumbo al sur. En estos instantes nos llamaron la atención unos quejidos y lamentos. Alguno de los nuestros creyó reconocer en ellos la voz de Serrano.

Como continuaran los quejidos, nuestro jefe, el teniente Uribe, se apresuro a solicitar la audiencia de algún oficial a fin de disipar nuestras sospechas y temores. Vino uno de ellos y dijo que efectivamente había un oficial chileno gravemente herido; y después de algunas consultas con sus superiores se accedió a lo solicitado, es decir, que el medico chileno fuera a atender a su compatriota.

Acompañado de mi ayudante Segura, fuimos conducidos a la cámara de oficiales, donde se me hizo esperar. Luego llego un oficial y me pregunto si yo era medico; y como viera que yo tenia el traje de marinero, penetro a su camarote y volvió con un vetón de brin blanco con insignias de oficial, de su uso personal. Me dice que mientras el vuelva vea a los heridos que hay en la cámara.

Tendido en la mesa de oficiales y cubierto con una sabana, esta el cadáver del teniente Velarde, oficial de señales del Huáscar, herido mortalmente por una bala que le rompió la arteria femoral en la región del triangulo de Escarpa. En los camarotes de los oficiales, encontré dos marineros negros, heridos, al parecer gravemente, y que ya estaban vendados.

Mientras tanto el tiempo pasaba y yo no podía ver a Serrano. Me dirigí inútilmente a los centinelas de los pasillos, mas estos nada sabían y les estaba prohibido hablar. después de una larga media hora de espera, un marinero nos conduce nuevamente al recinto donde están nuestros compañeros, a quienes referí todo lo ocurrido.

Para nosotros fue inexplicable esta cruel conducta, esta negativa injustificada a proporcionar un consuelo a un herido, que aunque fuera enemigo, ya tal vez seria un moribundo.

Pasando los años, ha corrido la voz, de origen peruano, que Serrano, mortalmente herido, concentro sus ultimas fuerzas y prendió fuego al camarote que lo encerraba. Esta seria entonces la única explicación para negarle la atención medica que al principio, sin dificultad, se había concedido.

Durante este tiempo, el Huáscar, que marchaba a toda fuerza de maquina con rumbo al sur, se detuvo algún rato. Esta detención correspondía a los momentos en que los buques enemigos se comunicaban en el sitio en que el blindado Independencia había encontrado su tumba: Punta Gruesa.

La pericia y resistencia desesperada con que el comandante Condell sostuvo ese desigual combate, le dio el hermoso triunfo, y corono con todo éxito la jornada del 21 de Mayo.

El Huáscar continuo su ruta al sur, persiguiendo con tenacidad y furia a la Covadonga, que victoriosa de la Independencia buscaba las aguas de Chile. La persecución parece abandonada, pues el Huáscar toma rumbo al norte. Nosotros no sabemos donde estamos e ignoramos lo ocurrido en Punta Gruesa.

El barco se detiene; Grau llega nuevamente a nuestro recinto no tan cordial como antes: la imagen de la Independencia varada lo tiene anonadado.

Nos dice que se ve obligado a dejarnos en Iquique, donde no estaremos muy bien, pues tiene que expedicionar al sur. "Alístense para bajar a los botes". Nosotros estamos listos ya que no poseemos mas que nuestros cuerpos.

Estando en los botes, el teniente Uribe mira a su alrededor en la bahía, y no divisando a la Independencia, pregunta por ella. Un oficial dice: "Luego llegara"

En el trayecto hacia el muelle de Iquique anocheció; desembarcamos en medio de un gran gentío que ocupaba todo el largo del muelle. Como los prisioneros llevábamos uniformes de marineros peruanos, el publico no se dio cuenta de lo que ocurría. Sin embargo, casi al termino de nuestro trayecto hay un altercado, un tumulto: creyéndolo chileno, han atacado de hecho al oficial peruano que nos acompañaba; creo que fue el teniente Díaz Canseco, quien murió mas tarde en la toma del Huáscar. Nosotros instintivamente nos agrupamos y apuramos el paso hasta llegar al edificio de la aduana, donde estaba el Estado Mayor. Desde ahí hemos oído grandes voces y gritos de la muchedumbre, que solo en ese instante se imponía que chilenos prisioneros pisaban suelo peruano. Los gritos de "¡Mueran los chilenos!" resonaban varias veces.

Se nos ha conducido a un grande y elegante salón; llegan algunos jefes, nos saludan y se retiran.. Estando yo en un extremo del salón, se me acerca un caballero que tiene aspecto de extranjero, me conversa con nerviosidad de las impresiones del día, me dice que toda la ciudad ha presenciado el combate y que el no puede todavía borrar de su vista el espectáculo de la destrucción a cañonazos de un barco que poco a poco lo ven desmantelarse, perforarse sus costados y desaparecer por ultimo de la superficie del mar. "Nosotros hemos creído, nos dice, que nadie ha podido salvar de semejante catástrofe, y por esta razón no hemos enviado embarcaciones a socorrerlos". Observando que yo no tenia camisa se despidió y al poco rato volvió entregándome un pequeño paquete: era una camisa.

Muy avanzada la noche fuimos conducidos entre dos filas de soldados, a un galpón de zinc que servia de cuartel a la compañía de bomberos "Austriaca2. Estamos incomunicados y rodeados de guardias. Nuestras camas son simples jergones; nos acostamos vestidos.

La jornada ha terminado, solo los oficiales estamos juntos; la marinería prisionera no la volveremos a ver mas.

Ahora vamos a experimentar las amarguras y tristezas de los prisioneros de guerra. La patria la divisamos muy lejos, y nadie podrá saber el fin de nuestra prisión.

La suerte de la Covadonga la creíamos igual a la nuestra, y como no había prisioneros, supusimos muertos a todos sus tripulantes.

El día 22 de mayo continuaron las visitas y saludos de los jefes del ejercito; entre estos llega uno de los jefes del batallón peruano Zepita, que dice: "Yo saludo a ustedes, que han sabido defender a su patria, mientras tanto ese infame More nos pierde la Independencia". Con semejante noticia quedamos trastornados. Muy pronto sabemos mas detalles: la Independencia varada y la Covadonga, aunque averiada, sigue viaje al sur.

Comprendemos inmediatamente el valor y la importancia de nuestro inmortal 21 de Mayo: la mitad de la Escuadra peruana esta destruida. Desde este momento quedamos felices y tranquilos; nada nos importaba la buena o mala suerte que nos depare el destino.

Sabemos que el sargento Aldea, que había recibido 12 balazos y a quien se le había amputado un brazo en el hospital de la ciudad, había muerto al amanecer del día 22; que el teniente Serrano había muerto el mismo día 21 de Mayo a las 3 de la tarde a consecuencia de una herida en el abdomen. Los cadáveres de Prat, de Aldea y de Serrano, fueron recogidos por el presidente de la Sociedad de Beneficencia Española, el señor Eduardo Llanos, quien les dio humilde sepultura en el cementerio de la ciudad.

El día 23 de mayo al amanecer, unos discretos y misteriosos golpecitos en el zinc de uno de los costados de nuestra prisión, nos llama la atención. Por un pequeño espacio abierto se nos introdujo, con mucho sigilo, unos cuantos panes y un tarro de leche condensada. Mas tarde supimos que la mano generosa que nos llevaba este primer alimento, ya que nada habíamos comido, era una señora chilena.

después de medio día llego a visitarnos el coronel Velarde, jefe del Estado Mayor. En la conversación pudo imponerse que nosotros no recibimos alimentos desde nuestra llegada. Inmediatamente salio, y pocos instantes después se nos servia comida preparada en el Club Social de la ciudad.

A fines del mes de Mayo, el general Prado, Presidente del Perú, que visitaba sus tropas, vino a vernos. Penetro a caballo en nuestro galpón, diciendo que por tener reumatismo en un pie no podía desmontarse. Reconoció al Guardia marina Wilson, a quien había conocido en Chile. Talvez como resultado de esta visita, fuimos trasladados algunos días después a una pieza del mismo edificio a donde llegamos la noche del 21.

En los primeros días de junio, el Cónsul ingles en Iquique nos entrego dinero que nuestro Gobierno nos enviaba. Con alguna dificultad principiamos a comprarnos ropa.

Siempre estamos incomunicados y encerrados en una sola pieza. El teniente Uribe ha conseguido algunas novelas inglesas que nos lee en altavoz y con tanta facilidad como si estuviera en castellano. Este es nuestro único pasatiempo.

En el transcurso de este mes hemos recibido correspondencia de Chile. Los primeros periódicos chilenos que pudimos leer fueron remitidos ocultamente por el almacén español "La Joven América". Era tanta la emoción que nos dominaba, que nadie pudo leerlos en voz alta, pues los sollozos apagaban las palabras.

Hemos recibido la primera visita del Jefe del Ejercito peruano, señor General Buendía. Hombre culto y agradable que trataba de ayudarnos en lo que podía. Nos refirió que en la campaña del año 38 había servido como capitán del regimiento chileno "Carampangue", a las ordenes del general Bulnes. Entre otras atenciones, recuerdo que nos mandaba por las noches agua resacada de su uso personal, pues la que nosotros bebíamos y la que bebía todo el pueblo, era salobre: La Escuadra chilena, que bloqueaba el puerto, impedía funcionar la resacadora. también nos visitaba el coronel Velarde, jefe del Estado Mayor. Este distinguido jefe, viendo una noche que no teníamos ropa de cama, nos mando frazadas, compradas con su peculio particular.

Entre penalidades y tristezas se va pasando el tiempo. A fines de este mes de Junio se recibió una carta y una orden del presidente Prado para que el guardia marina Wilson fuera trasladado a Arequipa. El joven oficial rehusó la generosa oferta declarando que quería compartir la suerte de sus compañeros y no separarse de ellos.

En la noche del 10 de Julio se sintió un fuerte cañoneo en la bahía, y algunos disparos cayeron en la población. Como a las dos de la mañana llego a nuestra pieza el general Buendía, un tanto agitado. Nos dice que con motivo del cañoneo el pueblo se ha amotinado y pedido nuestras cabezas. Ha sido necesario reforzar la guardia. Nos dice: "La situación de ustedes no es segura, he telegrafiado al presidente Prado para que los aleje de esta plaza. No estoy tranquilo pensando que bajo mi mando fuera a atacarse a los prisioneros de guerra. también les declaro que la canalla que me rodea me impide ser generoso con ustedes. Me llaman el general chileno, porque vengo a visitarlos.

A fines del mes en curso supimos la llegada del Presidente de Bolivia a Iquique. habíamos oído toques de diana y marchas militares que resonaban en el campamento peruano. Era el general Daza que revistaba las tropas, compuestas, según decían de 15.000 hombres.

Se nos anuncio que el general vendría a visitarnos, y muy pronto vimos llegar a un militar de aspecto ordinario, cubierto de bordados, de pantalón blanco y botas, grande de cuerpo, colorin, pecoso y rostro manchado, al parecer, por la viruela.

Venia acompañado de numeroso sequito, entre los cuales se encontraba un joven oficial que había sido compañero de Wilson en un colegio en Valparaíso. Daza nos saludo, nos miro con atención y nos pregunto si estábamos bien de salud y como se nos trataba; agregando: "Si ustedes hubieran estado en Bolivia, yo los habría tratado muy bien". Al retirarse el general con todo su Estado Mayor, el oficial amigo de Wilson quedo el ultimo, y volviéndose hacia nosotros, dijo sonriendo: "No le crean al general, si el los pilla los habría guillotinado".

Habiendo suspendido el bloqueo del puerto la Escuadra chilena, se noto gran movimiento en la ciudad; y una noche fuimos despertados de improviso, recibiendo orden de levantarnos y salir de nuestra pieza. Como dormíamos medio vestidos no tardamos en estar listos y ponernos en marcha entre dos filas de soldados, que nos condujeron al muelle y de ahí al transporte de guerra peruano Chalaco. Fuimos recibido con toda amabilidad por el comandante Reygada, quien nos condujo al elegante salón del vapor y nos dijo: "Aquí estamos entre camaradas, están ustedes en su casa". después de tres meses era la primera noche que dormíamos entre sabanas.

Y comenzó para nosotros una larga peregrinación. Pasando por el Callao y Lima, transmontamos la cordillera con un frío glacial y a 5000 metros de altura y llegamos a Tarma, en plena sierra, pequeña ciudad destinada a servirnos de prisión. Ahí encontramos al señor coronel don Manuel Bulnes con todos sus oficiales del Regimiento Carabineros de Yungay, prisioneros del Rimac.

A mediados de diciembre se nos da la gran noticia de que ha terminado nuestro largo y triste cautiverio, que hemos sido canjeados por prisioneros del Huáscar, y un tren directo nos conduce al Callao donde nos embarcamos en el vapor Bolívar, que nos condujo a Chile.

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Nómina de los Héroes de la Esmeralda

Nombre
Grado
Notas
Adrián Guzmán Lavell
Grumete
Prisionero - Pasa al Huáscar
Agustín Báez
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Agustín Coloma
Marinero 2º
Prisionero
Agustín Oyarzún Uribe
Marinero 1º
Prisionero - Pasa al Huásscar
Agustín Vásquez
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Alejandro Díaz Román
Marinero 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Alejandro Horvath
Fogonero 1º
Muerto en Iquique
Alejandro Uribe
Grumete
Muerto en Iquique
Amador Aranguez Quintanilla
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Andrés Brown Cárdenas
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Andrés Pávez Sepúlveda
Fogonero 2º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Angel Custodio Barrera López
Marinero 2º
Herido (Muere a bordo del Huáscar)
Antonio Barreda

Herido (Hospital de Iquique)
Antonio Dionisio Hurtado Rojas
Subteniente Artillería de Marina
Prisionero - Pasa al Huáscar
Antonio Espino N.
Grumete
Muerto en Iquique
Antonio Ruiz
Velero 2º
Muerto en Iquique
Antonio Tapia
Grumete
Muerto en Iquique
Arsenio Canave Meriño
Soldado Artillería de Marina
Salta al abordaje, muere a bordo del Huáscar
Arturo E. Wilson Navarrete
Guardiamarina
Prisionero - Pasa al Angamos
Arturo Fernández Vial
Guardiamarina
Prisionero - Pasa al Huáscar
Arturo Prat Chacón
Capitán de Fragata
Muerto en Iquique
Avelino Vásquez
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Baldomero Orrego Guzmán
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Baltasar Leiton
Grumete
Muerto en Iquique
Bartolo Mesa Núñez
Fogonero 2º
Muerto en Iquique
Bartolomé Ramos Muñoz
Marinero 2º
Herido (Muere Junio 1879 en Hospital de Iquique)
Bartolomeo Rossi
Fogonero 2º
Prisionero
Benjamín Reyes Ovalle
Marinero 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Bernardino Valenzuela Acuña
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Buenaventura Castellano
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Candelario Apablaza
Carbonero
Muerto en Iquique
Candelario Gómez
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Carlos Araneda Torres
Fogonero 2º
Muerto en Iquique
Carlos Cota Mesa
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Catalino Guerra Cuello
Patrón de Bote
Muerto en Iquique
Ceferino Carrasco Palma
Grumete
Muerto en Iquique
Ceferino Pérez Jiménez
Grumete
Muerto en Iquique
Charles Moore
Marinero 1º
Prisionero - Pasa a la Pilcomayo
Constantino Micalbin Escarleto
Contramaestre 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Cornelio Guzmám
Cirujano 1º
Prisionero
Crispín Reyes
Cabo 2º Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Cruz Rosales
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Custodio Leiva
Grumete
Muerto en Iquique
Daniel Mendoza Jara
Marinero 2º
Muerto en Iquique
David Soto
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Demetrio George
Capitán de Altos
Prisionero - Pasa al Amazonas
Desiderio Domínguez Navarrete
Fogonero 2º
Prisionero - Pasa al Abtao
Dionisio Manterola
Ingeniero 3º
Muerto en Iquique
Eduardo Cornelio Cornelius
Timonel
Prisionero - Pasa al Huáscar
Eduardo Hyatt
Ingeniero 1º
Muerto en Iquique
Elías Aránguiz Pedrero
Timonel
Prisionero a Hospital de Iquique - Pasa al Huáscar
Elías Araujo

Herido (Hospital de Iquique)
Ernesto Riquelme Venegas
Guardiamarina
Muerto en Iquique
Esteban Barrios González
Marinero 1º
Prisionero
Esteban Despots
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Evangelio Bono
Capitán de Altos
Prisionero - Pasa al Huáscar
Evaristo Riquelme
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Excequiel Avila Parraguez
Ayudante de Condestable
Muerto en Iquique
Félix Tomás Ruedas Montalva
Despensero
Muerto en Iquique
Florencio Ascencio
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Francisco 2º Sánchez Alvarajedo
Teniente 1º
Prisionero - Pasa a la Chacabuco
Francisco Acuña Cáceres
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Francisco Godoy
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Francisco Mattos
Ayudante de Condestable
Muerto en Iquique
Francisco Santiago Indo
Herrero 1º
Muerto en Iquique
Francisco Ugarte
Fogonero 2º
Herido (Muere en el Hospital de Iquique el 09 de Agosto de 1879)
Gabriel Urra
Fogonero 1º
Muerto en Iquique
Gaspar Cabrales
Tambor Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Germán Gregorio Sepúlveda Vilches
Grumete
Muerto en Iquique
Gregorio Almazabal
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Gregorio Araya Aburto
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Gregorio Morales
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Grorge Fouguod
Capitán de Altos
Muere en el Huáscar
Guillermo Serey Collante
Cocinero
Muerto en Iquique
Gumesindo González
Soldado Artillería de Marina
Prisionero
Ignacio Serrano Montaner
Teniente 2º
Muerto en Iquique
Ildefonso Alvarez
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Isidoro Gómez
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Jacinto Ampuero
Capitán de Altos
Muerto en Iquique
Jesús Miranda
Grumete
Muerto en Iquique
Joaquín Castillo Ruiz
Marinero 2º
Muerto en Iquique
John Lassen
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Jorge 2º Quinteros Ruiz
Grumete
Muerto en Iquique
José  María Alvarez
Grumete
Sobreviviente - Pasa al Abtao
José Abdón Figueroa
Carbonero
Muerto en Iquique
José Agustín Coloma
Marinero 2º
Herido (Hospital de Iquique)
José Alarcón Romero
Patrón de Bote
Prisionero - Pasa al Huáscar el 27 de Febrero de 1880
José Alegría Fuentes
Marinero 2º
Muerto en Iquique
José Angel Rojas Cárdenas
Mozo de Cámara
Muerto en Iquique
José Antonio Barrera
Soldado Artillería de Marina
Herido (Muere en Hospital de Iquique el 19/08/79)
José Baltasar Briceño Cordero
Grumete
Muerto en Iquique
José Barría Hernández
Marinero 1º
Muerto en Iquique
José Betancur
Marinero 1º
Muerto en Iquique
José Brígido Pérez Sandoval
Grumete
Muerto en Iquique
José Bustos Vera
Cocinero
Muerto en Iquique
José Concha Ramírez
Marinero 1º
Muerto en Iquique
José Cruzat
Sangrador
Muerto en Iquique
José de la Cruz Cea Nareira
Marinero 1º
Muerto en Iquique
José del Carmen Monsalve
Marinero 2º
Prisionero - Pasa al Angamos
José del Carmen Núñez Henríquez
Marinero 2º
Muerto en Iquique
José Dolores Díaz Avila
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
José Donaire
Fogonero 2º
Prisionero - Pasa al Huáscar
José Elías Huerta Ruiz
Marinero 2º
Muerto en Iquique
José Emilio Amigo Amigo
Grumete
Sobrevivio y regreso a Chile
José Fructuoso Vargas Uribe
Mecánico
Prisionero - Pasa al Huáscar
José Gutierrez de la F.
Ingeniero 4º
Muerto en Iquique
José Ignacio Guzmán Jorquera
Marinero 2º
Muerto en Iquique
José Jesús Hernández Parra
Grumete
Muerto en Iquique
José Lorenzo Escobar
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
José Luis Barrera López
Marinero 2º
Prisionero
José Luis Torres Andrade
Marinero 2º
Muerto en Iquique
José Manuel Concha
Grumete
Prisionero - Pasa al Huáscar
José Manuel Meneses Rugg
Mayordomo
Prisionero - Pasa a la Pilcomayo
José Manuel Ramírez Urtubia
Carbonero
Muerto en Iquique
José Manuel Rodríguez Albornoz
Timonel
Prisionero - Pasa al Amazonas
José María Del Rio Valenzuela
Carpintero 1º
Muerto en Iquique
José María Márquez Calixto
Calafate 2º
Muerto en Iquique
José María Rodríguez
Mozo de Cámara
Prisionero - Pasa al Huáscar
José Mercedes Gutiérrez Saavedra
Marinero 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
José Mercedes Muñoz Herrera
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
José Muñoz Contreras
Soldado Artillería de Marina
Prisionero - Pasa a la Chacabuco
José Pereira Sepúlveda
Mayordomo
Muerto en Iquique
José Ramírez Oliva
Carpintero 2º
Muerto en Iquique
José Reyes
Grumete
Muerto en Iquique
José Vicente Valdivia Escobar
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
José Vicente Vergara Torres
Soldado Artillería de Marina
Prisionero - Pasa al Huáscar
Juan 2º Vargas Fuentes
Grumete
Muerto en Iquique
Juan A. Torres
Mecánico
Muerto en Iquique
Juan Agustín Cabrera Gacitúa
Ingeniero Civil
Prisionero
Juan Agustín Torres Mendoza
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Juan Antonio Carrasco Alvarado
Maestre de Señales
Muerto en Iquique
Juan Araya
Grumete
Muerto en Iquique
Juan Bautista Segura Palomino
Fogonero 2º
Muerto en Iquique
Juan Campusano Báez
Mayordomo
Muerto en Iquique
Juan Casanova González
Marinero 2º
Prisionero
Juan de D. Cruz
Grumete
Muerto en Iquique
Juan de Dios Aldea Fonseca
Sargento 2º Artillería de Marina
Herido en Iquique (Muere el 24 a causa de heridas)
Juan de Dios Morales Orrego
Marinero 2º
Pasa a la Magallanes
Juan de Dios Pradena Pérez
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Juan Francisco Mancilla
Soldado Artillería de Marina
Prisionero - Pasa al Blanco Encalada
Juan Germán Segura González
Ayudante de Cirujano
Prisionero
Juan Hernández Cárdenas
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Juan Mayorga
Capitán de Altos
Muerto en Iquique
Juan O. Goñi
Contador
Prisionero - Pasa al Huáscar
Juan Ponce
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Juan Riveros Leiva
Fogonero
Muerto en Iquique
Justino Aguilar Rivera
Patrón de Bote
Muerto en Iquique
León P. Claret
Maestre de Víveres
Muerto en Iquique
Luciano Bolados
Grumete
Prisionero
Luis Ugarte Rivadeneira
Marinero 2º
Herido - Prisionero - Pasa al Huáscar
Luis Uribe Orrego
Teniente 1º
Prisionero - Comandante Pilcomayo
Manuel A. Ortiz
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Manuel Arias Nova
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Manuel Díaz
Soldado Artillería de Marina
Prisionero - Pasa al Toltén
Manuel Hernández
Grumete
Muerto en Iquique
Manuel Muñoz Ortiz
Timonel
Muerto en Iquique
Manuel Palmillo Torres
Marinero 1º
Muerto en Iquique
Manuel Ruiz
Grumete
Muerto en Iquique
Manuel Soto Ulloa
Capitán de Altos
Muerto en Iquique
Manuel Vera
Fogonero
Muerto en Iquique
Marcolín Figueroa
Mecánico
Muerto en Iquique
Marcos Molina
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Marcos Rojas Donoso
Marinero 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Martín Jaque
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Matías Matamala Torres
Guardián 1º
Prisionero - Pasa a la Pilcomayo
Mercedes Alvarez
Grumete
Prisionero - Pasa al Huáscar el 27 de Febrero de 1880
Nicanor Bustos
Cabo de Luces
Muerto en Iquique
Nicanor Guerra Rojas
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Nicanor Navas Pérez
Soldado Artillería de Marina
Prisionero - Pasa al Blanco Encalada
Nicasio Miranda Uribe
Fogonero 2º
Muerto en Iquique
Nicasio Valenzuela
Soldado Artillería de Marina
Prisionero
Norberto Escobar Rivera
Mozo de Cámara
Muerto en Iquique
Pantaleón Cortés Gallardo
Grumete
Muerto en Iquique
Pedro Aros 
Marinero 2º
Prisionero - Pasa al Huáscar y luego al Loa
Pedro Barrios
Capitán de Altos
Muerto en Iquique
Pedro Chamorro
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Pedro Estamatópoli Mascobeli
Fogonero 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Pedro Manríquez Leal
Marinero 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Pedro Pereira
Grumete
Muerto en Iquique
Ramón Díaz Castillo
Fogonero 2º
Muerto en Iquique
Ramón Fuentes Parra
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Ramón Rodríguez
Guardián 2º
Prisionero - Pasa al Abtao
Roberto Vergara Abarca
Carbonero
Muerto en Iquique
Rosso Bartolomero
Fogonero 2º
Prisionero
Ruperto Canales Torres
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Salvador Galán Sarmiento
Grumete
Muerto en Iquique
Samuel Machacado
Grumete
Muerto en Iquique
Santiago Romero Gamboa
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Santiago Salinas
Grumete
Prisionero - Pasa a la Magallanes
Secundino Castillo
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Serafín Romero Gamboa
Marinero 1º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Tiburcio del Carmen Garay Ahumada
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Timoteo Avaria
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Tomás Blanco Pulo
Capitán de Altos
Prisionero
Tomás Garcés Chandía
Marinero 2º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Valentín Salgado Molina
Cabo de Luces
Muerto en Iquique
Venancio Díaz
Grumete
Muerto en Iquique
Vicente Caballero Mena
Grumete
Muerto en Iquique
Vicente Castro Oróstegui Coronado
Cabo 2º Artillería de Marina
Muerto en Iquique
Vicente Equabil
Condestable 2º
Prisionero - Pasa al Huáscar
Vicente Mutilla
Ingeniero 2º
Muerto en Iquique
Vicente Zegers Recasens
Guardiamarina
Prisionero
Victoriano Mayorga Alvarado
Marinero 2º
Muerto en Iquique
Wenceslao Vargas Rojas
Grumete
Prisionero - Pasa al Huáscar
Zacarías Bustos
Grumete
Prisionero
Zoilo Tapia
Soldado Artillería de Marina
Muerto en Iquique

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