Contralmirante Miguel Grau Seminario
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¿Pudo haber escapado el “Huáscar” el 8 de octubre de 1879?
¿Pudo haber escapado el “Huáscar” el 8 de octubre de 1879?
Por el Capitán de Fragata (EM. A.), Patricio Carvajal Prado.
1.‑ En la obra del Contraalmirante don Alejandro García Castelblanco titulada “Estudio Crítico de las Operaciones Navales de Chile”, al referirse a la batalla de Angamos, su autor plantea un interrogante:
“Con la costa a unas 20 millas a estribor, con un enemigo que desarrollaba más o menos su misma velocidad a babor y con el “Blanco Encalada”, que desarrollaba alrededor de 1 1/4 nudos menos, a unas 4 millas a popa, ¿habría sido posible al “Huáscar” evitar el encuentro? He ahí una cuestión sobre la cual todavía no se ha dicho la última palabra”.
En el presente trabajo, aunque no pretendemos decir la última palabra, nos proponemos dar una respuesta concreta basada en cálculos cinemáticos.
2.‑ Características de los buques que actuaron en Angamos.
a.‑ Peruanos:
Blindado “Huáscar”:
Desplazamiento: 1.130 toneladas.
Andar máximo a la fecha: 11 nudos.
Armamento principal: 2 cañones de 10” montados en 1 torre acorazada (5 1/2").
Arcos de fuego: del 009º al 147º y del 2 13º al 351º
Cintura acorazada: de 4 ½”
Corbeta “Unión”.
Andar máximo: 13 a 14 nudos.
b.‑ Chilenos:
Blindados “Cochrane” y “Blanco”:
Desplazamiento: 3.560 toneladas.
Andar máximo a la fecha: “Cochrane”: 11 nudos. “Blanco”: 10 nudos.
Cintura acorazada: 9” a 4 ½”.
Protección de las baterías: 8,6” a 4 ½”.
Armamento principal: 6 cañones de 9”; 3 a cada banda (ver gráfico de arcos de fuego).
Alcance eficaz de la artillería:
“Huáscar”: 3.000 yardas.
“Blanco” y “Cochrane”: 3.000 yardas.
3.‑ Primer contacto y movimientos hasta las 0715 (hora de Santiago; Z - + 4 h. 42 m.).
De acuerdo con el plan concebido por el Ministro de Guerra don Rafael Sotomayor, corregido por el Comandante Latorre, la flota chilena destacó el 7 de octubre a la División Latorre (“Cochrane”, “O’Higgins” y “Loa”) a un área de patrulla situada a 20 millas al Weste de Punta Angamos, en tanto que la División Riveros (“Blanco”, “Covadonga” y “Matías Cousiño”) navegaba próxima a la costa de la Península de Mejillones con rumbo hacia el sur.
A las 0330 horas del 8 de octubre, el “Blanco” avistó por la proa el humo de dos buques a la altura de Punta Tetas. Presumiendo que se trataba de naves la División Riveros gobernó para aproximarse a reconocerlos.
Los buques sospechosos eran efectivamente el “Huáscar” y la “Unión”; Grau también avistó los borrosos contornos de las naves chilenas y, suponiendo que podían ser transportes chilenos, navegó primeramente al norte, para reconocerlos; sin embargo, al percibir que continuaban acercándose en lugar de huir, evaluó correctamente su identidad y gobernó sucesivamente al SW. y al W.
Al amanecer, ambos adversarios pudieron identificarse mutuamente y a las 0540 horas, la División Grau puso proa al norte perseguida, a una distancia de 4 a 8 millas por la División Riveros que se iba quedando lentamente rezagada (x).
4.‑ 0715 horas. Segundo contacto. Situación táctica.
A las 0715 horas el “Huáscar” avistó humos al NW., sin identificar los buques que los producían. Simultáneamente, o tal vez unos 15 minutos antes (x), la División Latorre avistó los humos peruanos y evaluó correctamente su identidad.
La situación táctica en esos momentos era la siguiente:
“Huáscar” a 10 millas al W de Caleta Herradura (Península de Mejillones) rumbo entre 000º y 008º (x); andar: 10 nudos.
“Cochrane” al 316º y 18` millas del “Huáscar” (312º y 23’, 3 según otros historiadores); a 20 millas al Weste de Punta Angamos; latitud: 23º S.; proa al Este: andar 10 nudos.
“Blanco”: al sur del “Huáscar” (180º a 188º) y a una distancia de 4 a 8 millas (x) ; andar: 9 nudos.
“Unión”: al SW. Del “Huáscar” y a una milla de distancia; andar: 10 nudos.
La disposición de los restantes buques chilenos no la detallamos por no tener mayor significación en la batalla y a fin de simplificar el cuadro.
Factores exteriores del campo táctico:
Visibilidad: muy buena, los buques se avistaron alrededor de 20 millas.
Luz: luz del sol; altura 19º, azimut 088º.
Viento: calma.
Mar: llana superpuesta a boba.
Proximidad de la costa: La costa corre casi rectamente de norte a sur a unas 10 millas al E. de la posición del “Huáscar”; a unas 12 millas más al norte, rebasada la Punta Angamos, la costa se retira unas 12 millas hacia el E., formando la Bahía de Mejillones, y luego vuelve a correr casi rectamente de sur a norte.
5.‑ El problema del escape; soluciones.
En atención a que, como hemos observado anteriormente, los datos proporcionados en los distintos documentos históricos no coinciden (ver bibliografía) decidimos calcular el problema primeramente con los valores más favorables al escape y luego con aquellos datos que hacían más difícil eludir el combate. Como veremos, las soluciones son esencialmente similares en ambos casos.
1ª Solución:
El caso más favorable para el escape del “Huáscar” se basa en los siguientes datos:
Hora: 0715.
Contactos: “Blanco” al 180º y a 8 millas.
Humos: 312º y a 24 millas.
Evaluación: Grau evalúa los humos como pertenecientes a un blindado y otros buques chilenos y decide inmediatamente maniobrar para rehuir el combate.
Andares máximos: “Cochrane”: 11 nudos; “Blanco”: 10 nudos; “Huáscar”: 11 nudos.
Alcance eficaz de la artillería de los blindados: 3.000 yardas.
Así planteado el problema se obtienen las siguientes soluciones:
Rumbos para escapar del “Cochrane”: los comprendidos en el sector 046 a 218º.
Rumbos para escapar del “Blanco”: los comprendidos en el sector 255 a 105º.
Rumbos para escapar de ambos buques: los comprendidos en el sector 046 a 105º.
2ª Solución:
En el caso más desfavorable para el escape, los datos son los siguientes:
Hora: 0730.
Contactos: 1 blindado al 180º y a 4 millas; 1 blindado al 320º y a 15 millas.
Andares y alcance eficaz de la artillería: los mismos del caso anterior.
La cinemática nos indica que en este caso los rumbos a que el “Huáscar” podía navegar para escapar de ambos blindados chilenos se reducen al sector 056º ‑ 092,5º.
En ambos casos podemos observar que los rumbos que habrían posibilitado a Grau rehuir el encuentro sólo le permitían navegar 10 ó 20 millas antes de encontrarse con la costa.
En consecuencia podemos asegurar, que a no mediar un burdo error táctico chileno o motivos imprevisibles que restaran movilidad a los blindados chilenos, a las 0715 horas del 8 de octubre, la situación era tal que el “Huáscar” no podía pretender escapar sin combatir por lo menos con un buque chileno superior.
6.‑ Posibilidades de escapar hacia el sur combatiendo con el “Blanco”.
El dilema de Grau era: procurar abrirse paso hacia el norte combatiendo con el “Cochrane” o bien caer hacia el sur hasta la llegada de la noche, para lo cual tendría que combatir con el “Blanco”.
Una pequeña variación en el problema de escape nos dice que el “Huáscar” habría podido mantenerse a una distancia mayor de 6.000 yardas del “Cochrane” (el doble del alcance eficaz de su artillería) si al avistar los humos de la División Latorre, hubiera caído inmediatamente al 217º. Este rumbo era el menos favorable para la acción del “Blanco Encalada”. ¿Qué probabilidades habría tenido este blindado de aniquilar al “Huáscar” en ese caso?
La solución del problema de “aproximarse a la distancia eficaz del fuego en tiempo mínimo” que nos proporciona la rosa de maniobra, nos indica que el “Blanco” cayendo al 341º habría podido romper el fuego sobre el “Huáscar” 8,3 minutos más tarde.
Resolviendo luego el problema cinemático de “mantener al enemigo de andar superior el máximo de tiempo dentro del alcance eficaz de la artillería”, vemos que el blindado chileno cayendo en ese momento al 220º, habría podido hacer fuego sobre el monitor con un cañón a distancias de entre 2 y 3 mil yardas durante la primera media hora; luego habría podido dispararle con 2 cañones, durante una hora, a distancias menores de 2.000 yardas y por último, habría podido combatirlo con un cañón durante otra media hora antes de que se alejara más allá del alcance eficaz de su armamento principal (ver Gráfico Nº 3).
Considerando que en la batalla real, mucho antes de que interviniera el “Blanco”, a los 20 minutos de disparado el primer tiro, los proyectiles del “Cochrane” habían perforado la torre de artillería y desmontado un cañón, destrozando la torre de mando con su Comandante, e inutilizado el telégrafo a las máquinas y la rueda de gobierno, no es arriesgado presumir que en un combate singular con el “Blanco” en las condiciones referidas, la destrucción o captura del “Huáscar” habrían sido también la lógica secuela.
La solución del problema fue calculada en las condiciones más favorables para el “Huáscar”; cualquier otro rumbo que hubiera navegado dentro del sector que le permitía escapar del “Cochrane” habría acentuado las ventajas del “Blanco”.
En el dilema de tratar de forzar el paso hacia el sur o hacia el norte, teniendo en ambas circunstancias que combatir contra un blindado que le superaba en artillería y en coraza ¿qué ventajas presentaba cada solución?
El escape hacia el norte seguía la línea más corta de retirada a sus bases y la luz del sol estaba a favor de la dirección del tiro.
La retirada hacia el sur en cambio le obligaba a navegar alejándose de sus bases hasta la caída de la noche antes de poder regresar al norte amparándose en la oscuridad. El “Cochrane” tenía 11 horas de sol para perseguirlo; la mayor distancia que tenía que recorrer el “Huáscar” para volver al Perú ascendía por lo menos a 300 millas, gran parte de las cuales tendría que navegar al máximo andar dejándole un margen de reserva de carbón reducido.
Aunque el estado del tiempo era muy bueno, más al sur era muy probable encontrar los vientos dominantes del Sur y la mar correspondiente que restarían más andar al monitor, bajo de borda, que a los blindados perseguidores que lo triplicaban en desplazamiento y en la altura de las amuradas.
La única ventaja que presentaba el escape hacia el sur la constituía el menor andar del “Blanco” que no le permitía mantenerse indefinidamente dentro de la distancia de fuego efectivo, aunque, como ya hemos visto, le daba tiempo más que suficiente para aniquilar al enemigo.
¿Podría criticársele a Grau el no haber adivinado cuál de ambos blindados tenía mayor andar?
Creemos que la resolución tomada por Grau al identificar al “Cochrane”, aproximadamente a las 0730 horas, de caer al NE. en procura de un escape hacia el norte, decisión que mantuvo sin vacilaciones hasta su muerte, era la maniobra táctica más acertada que podía efectuar el almirante peruano en esas circunstancias.
Esta conclusión, a la vez que confirma la indiscutible pericia de Grau, habla muy en favor de la eficacia del plan Sotomayor-Latorre que permitió a la flota chilena imponer el combate al escurridizo “Huáscar”, cuya misión impartida por el Presidente Prado, debía ser cumplida “procurando eludir una acción decisiva contra fuerzas enemigas superiores”.
Las fuerzas navales chilenas lograron cumplir con ese aforismo que viene a ser la quinta esencia de los principios estratégicos: “llegar‑allí‑prirnero‑con más”.
A nuestro parecer el plan de Angamos, contrariando las críticas que se suele hacer a la conducción de la Guerra del Pacífico, revela una inteligente coordinación entre los escalones de conducción y ejecución de las operaciones y destaca la capacidad del Ministro Sotomayor y de los Comandantes Latorre y Riveros.
Si concedemos que la maniobra táctica de Grau a partir de las 0715 horas en que se produjo el segundo contacto fue intachable ¿podemos también juzgar en igual forma su actitud durante la primera fase táctica, en el período comprendido entre el primer y segundo contactos con los blindados chilenos?
En esta fase, su maniobra para escapar de la División Riveros no nos merece observaciones. Es indudable que ella le permitía escapar del único enemigo hasta entonces detectado. No podemos decir otro tanto de la disposición adoptada. Contaba la División Grau con la corbeta “Unión” que con sus 14 nudos era el buque de más andar de las flotas en guerra. En la primera fase de su retirada hacia el norte, la “Unión” navegaba por la aleta de babor y a una milla del “Huáscar”. Se ha opinado que esta disposición obedecía al propósito de observar al “Blanco” e interferir su posible aproximación, argumento que no resiste el análisis más somero ya que es un hecho comprobado que la División Riveros se iba quedando rezagada en esta fase.
La posición de la veloz corbeta debió haber sido por la proa del “Huáscar”, en exploración. Desde las 0540 horas, en que los buques peruanos cayeron al norte, hasta las 0700 horas, la “Unión”, aprovechando su mayor andar, pudo haberse adelantado unas cinco millas al “Huáscar” A esa hora se habría producido el mutuo avistamiento entre el “Cochrane” y la “Unión”. Informado el “Huáscar” pudo haber caído, sin ser observado por el “Cochrane”, al Weste, rumbo que le permitía escapar del “Blanco”. Latorre habría debido destacar un buque a interceptar la “Unión” y mantener los restantes en el área de patrulla.
La corbeta peruana podría haber mantenido un rumbo deceptivo al N. o NE. durante una hora y escapar luego de los buques superiores chilenos gracias a su mayor andar.
Riveros se habría visto obligado a destacar un buque e informar a Latorre en tanto que con el “Blanco” se empeñaba en perseguir al “Huáscar” hacia el Weste.
Dada la posición relativa de los barcos chilenos en ese momento, la información de la ruta del “Huáscar” habría tardado una hora en llegar a Latorre, tiempo suficiente para que Grau alcanzara el mismo meridiano que el “Cochrane” con lo que quedaba abierto su rumbo de es cape al Weste que le permitiría eludir el encuentro con cualquiera de los blindados chilenos.
Esta maniobra de la División peruana exigía la existencia de un plan previo de exploración, que, tanto la inferioridad relativa de fuerzas como los riesgos de su misión ofensiva, aconsejaban elaborar. La ausencia de exploración privó a Grau de la única probabilidad racional de burlar el plan Sotomayor‑Latorre.
Bibliografía.
“Historia de la Guerra del Pacífico”, por Diego Barros Arana.
“Historia Militar de Chile”, por el General Indalicio Téllez.
“Guerra del Pacífico”, por Pascual Ahumada Moreno.
“Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico”, por Francisco A. Machuca.
“Historia Militar de la Guerra del Pacífico”, por Wilhelm Eckdahl.
“Guerra del Pacífico”, por Gonzalo Bulnes.
“Estudio Crítico de las Operaciones Navales de Chile”, por el Contraalmirante, Alejandro García Castelblanco.
“Manual de Cinemática Naval”, Departamento de Navegación e Hidrografía.
“Tabla de Azimutes del Sol Nº 71”, Hydrographic Office Estados Unidos N. A.
“Medición de arcos de fuego del “Huáscar”, por el Capitán de Fragata, Sr. Pablo E. Weber.
*Gentileza Sr. Gilles Galte
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NOTICIAS DE UN COMBATE
“NOTICIAS DE UN COMBATE”
Autor: Jaime Larrain Zelada
Profesión: Oficial de MARINA
Extracto de Boletines de Guerra de Pascual Ahumada Moreno en su edición de 1884. Pequeña Recopilación de boletines y documentos inéditos de la Guerra entre Chile contra el Perú y Bolivia. Trabajo de investigación basado en algunos antecedentes de índole periodístico que circularon en 1879 en Chile y Perú producto de la gesta de Iquique.
TELEGRAMA:
“IQUIQUE 21 DE MAYO AM …punto
Hundida Esmeralda 3 ° ataque espolón Huascar… punto
Cae Comandante Chileno sobre cubierta enemiga…punto
seguido de 4 mas que lo siguieron... punto”
Es tarde en Santiago, y los faroles de la alameda nos señala que el velo de la noche ha caído sobre la capital. Republica, Avenida Brasil, Cienfuegos, Maturana, Ejercito , Cumming, las aristocráticas calles de esta ciudad se encuentran desiertas, en los salones y habitaciones de cada casona se encuentran las familias reunidas bajo el tenue fulgor de las velas ... esperan expectantes, silenciosos y temerosos las noticias , rumores , lo que sea .
El temor se yergue sobre cada chileno cual se yergue la oscura sombra de la noche sin embargo, era la gloria misma la que se contenía en esas largas horas de espera.
A las 23:15hrs, las campanas de las iglesias y templos son vigorosamente tocadas para que el pueblo de Santiago, desde el campesino de las parcelas de recoleta y Mapocho, hasta el mas notable de esta ciudad, supieran que efectivamente algo importante había sucedido.
La ansiedad con que toda la ciudadanía esperaba las novedades, del hasta ahora supuesto combate, que el telégrafo había anunciado con tanto laconismo y los cien rumores contradictorios que circulaban entre susurros y comentarios durante el día, mantenían a la población en un estado de alarma imposible de describir. Al sentirse el tañido de las campanas, gran cantidad de habitantes de la capital se conglomeraron a las afueras del palacio de la moneda, en cuya oficina telegráfica acababa de recibirse el parte que anunciaba la epopeya.
La impresión producida por la noticia es casi imposible describirla, es de tanta magnitud que en un momento hasta se dudo de ella ... después ¡¡no hubo lugar a dudas!! . El pueblo agolpado en las puertas de la moneda, levantaba sobre si, el tricolor glorioso de la republica... ¡ conocéis la noticia, los dos buques más pequeños de nuestra escuadra contra los dos buques más poderosos del Perú, libraron desigual batalla, con lo que se iniciaba el camino a cimentar la nacionalidad y una época de gloria y sacrificios.
Examinado las desconocidas páginas de algunos pasajes históricos, reviviremos en esta noche y por unos instantes esas horas de zozobra, angustia y pesar que quienes nos precedieron tuvieron que haber vivido con toda seguridad. Esta noche, la voz del pasado se hace presente en esta vigilia, momento en el cual el alma de cada presente se hará depositaria de aquellos recuerdos que no deben sucumbir jamás a la ingratitud y al paso de los años.
Retrocedamos ahora 127 años retornemos a aquellos días de guerra, de entrega por Chile ... escuchemos la voz del pasado.
Telegrama enviado desde Antofagasta a Valparaíso y retransmitido a Santiago Mayo 23 de 1879:
“Señor ministro de guerra: transporte La MAR ha arribado ayer en la tarde y comunica: el 21 a las 8 am Huascar e Independencia atacan Esmeralda y Covadonga. Según conjeturas, Independencia Varó en PTA. GRUESA al perseguir Covadonga la que Volvió y rompió fuegos sobre ella sin respuestas...Esmeralda entre tanto combatía con Huascar en el puerto cuya puntería era poco certera, el combate duraba después de tres horas de pelea, se ignora paradero del resto de la escuadra, convoy llego sin novedad se ignora resultados.”
¿Pero que había sucedido realmente?, escuchemos el informe de los sobrevivientes. :
“El honor de la bandera ha quedado a salvo pero tenemos que lamentar la perdida de tres de sus más valientes defensores: El comandante Prat, el teniente Serrano y el guardiamarina Riquelme. Como a las 7:00 am del día 21 se avistaron humos al norte a las 7:30 reconocimos al Huascar y al Independencia. Se hicieron señales a la Covadonga para venir al habla. El comandante Prat le ordenó tomar poco fondo e interponerse entre la población y los fuegos del enemigo, al movernos para tomar esta posición se rompieron dos calderas quedando con un andar de 2 nudos . A las 8:30 la acción se hizo general la Covadonga se batía con independencia haciendo al mismo tiempo rumbo al sur.
La Esmeralda entre tanto contestaba el fuego del Huascar, nuestra posición era ventajosa hasta que los fuegos que desde tierra nos hacían los cañones de campaña nos obligó a cambiar nuestra posición. En este momento son las 10:00 am. una granada del Huascar penetró por el costado de babor explotando en estribor cerca de la línea de agua . El Huascar continúo su acción por casi 1 hora sin que nosotros tuviéramos otra avería aparte de la señalada en el parte.
El poco andar del buque impidió al comandante Prat evitar el ataque de espolón del Huascar y vino a herir el costado de babor frente al palo de mesana mientras los cañones de su torre disparaban antes y después del impacto. ....
……….. ¡¡¡ Hicieron estragos terribles en la marinería. !!!!
Prat, saltó al abordaje desde la jarcia del mesana dando la orden de ... ¡¡¡¡AL ABORDAJE!!!! , pero producto del estruendo de los cañones la voz de nuestro malogrado comandante no fue oída.... ¡¡solo el sargento Aldea pudo seguirlo!!. Yo, me encontraba en el castillo de proa y desde ahí pude verlo caer a los pies mismos de la torre del Huascar. Inmediatamente después, tome el mando del buque y lo goberné para evitar la 2º envestida del monitor peruano. ¡NO FUE POSIBLE LOGRARLO!, Esta vez, el teniente Serrano saltó al abordaje junto aproximadamente 12 individuos .... ¡ TODOS ELLOS SUCUMBIERON BAJO UNA NUTRIDA LLUVIA DE BALAS!. El guardiamarina Riquelme, disparó uno de los últimos tiros,… no se le vio mas, se supone que fue muerto por una de las granadas disparadas por el enemigo.. Luego vino el tercer espolonazo, la “Esmeralda” se hunde con su pabellón a pico de mesana cumpliéndose lo dicho por nuestro comandante quien nos señalara antes del combate:
"MUCHACHOS, LA CONTIENDA ES DESIGUAL, PERO, ÁNIMO Y VALOR. NUNCA SE HA ARRIADO NUESTRA BANDERA ANTE EL ENEMIGO Y ESPERO QUE NO SEA ÉSTA LA OCASIÓN DE HACERLO. POR MI PARTE, OS ASEGURO QUE MIENTRAS YO VIVA, ESA BANDERA FLAMEARÁ EN SU LUGAR Y SI YO MUERO, MIS OFICIALES SABRÁN CUMPLIR CON SU DEBER”
En la tarde del mismo día, fuimos desembarcados en calidad de prisioneros. Acompaño a usted una relación con los que salvaron y se encuentran en esta situación.”
Dios salve a Usted.
Luis Uribe Orrego
PARTE AL SEÑOR COMANDANTE DE MARINA.
……………………………………………………………………
En este histórico extracto hemos revivido en unos segundos la sublime gesta del comandante Prat y sus valientes, veamos ahora que noticias circularon en el Perú con respecto a este hecho, escuchemos algunos datos poco conocidos por nosotros y que deja de manifiesto las oscuras e imparciales interpretaciones, de parte de la prensa peruanas hacia su ciudadanía.
“ EL PERUANO” DIARIO OFICIAL DEL PERÚ
26 de junio de 1879:
“los mismos prisioneros de guerra nos señalan:
“Prat celebro 2 veces consejo de guerra cuando pudo, porque en la corbeta había una desmoralización espantosa, nadie entendía nada y muchos se arrojaban al agua antes de tiempo.
¡ SEÑORES ¡- dijo Prat, vamos a morir inútilmente, es un sacrificio estéril que Chile no nos agradecerá debemos rendirnos.
¡ A RENDIRNOS ¡ entonces gritaron a una voz y un oficial salió corriendo a arriar el pabellón. ¡AGUARDE UN POCO ¡ dijo Uribe, la corbeta aun resiste antes de tomar alguna resolución. Enseguida el Huascar dio una segunda embestida, dos oficiales y algunos marineros se prendieron de las rodillas de Prat gritando: ¡ CAPITÁN ESTAMOS PERDIDOS RINDÁMONOS!
¡ Nos rendiremos entonces dijo Prat y dio las ordenes para tal objeto, llamó a algunos oficiales y celebró consejo por segunda vez saliendo voces de ¡ARRÍEN LA BANDERA, RÓMPANLA PRONTO!.
Según los mismos prisioneros, el desorden era inmenso, y que nadie se entendía a bordo, que todos corrían como locos y que cuando Prat ordenó romper la bandera, algunos Oficiales y marineros, desnudándose se lanzaban al agua. Con el golpe del Huascar Prat y varios marinos resbalaron involuntariamente sobre el monitor, se levantó Prat y dio vueltas alrededor de la torre gritando: ¡ ESTAMOS RENDIDOS! Mientras el resto de los marineros gritaban pidiendo misericordia y vivando al Perú. Grau ordena ¡DEFENDER EL ABORDAJE! Y nuestras balas acribillaron a los que gritaban de tal modo que no se les escuchó nada mas.... ¡ el valor y el coraje de los chilenos no existe , esta valentía que tanto publican los escritores chilenos es una mentira ahí esta la vergüenza de su derrota.!
Vemos aquí con sorpresa una actitud vista frecuentemente en aquellos días, estas notas solo son un a pequeña muestra de la desinformación y de la mentira casi institucionalizada en Perú y Bolivia, el desprestigio contra las armas chilenas y nuestro pueblo representado en sus marinos y soldados que en forma tan poco ética algunas autoridades y parte de los medios de comunicación peruanos entregaban a su pueblo y al mundo entero mantuvo al pueblo de Perú y Bolivia en una ignorancia total frente a los hechos, transformando en ocasiones, derrotas totales en fastuosas victorias .
Pero la injusticia e iniquidad de algunos pocos no puede contra la imborrable voz de ese preclaro caballero del mar, magno adversario de Prat y que en gran medida fuera participe de su grandeza. El comandante Miguel Grau Seminario el que expresara en sentidas palabras a doña Carmela Carvajal de Prat lo que se expresará a continuación, deja de manifiesto el suceso no dejando lugar a dudas para el porvenir y la Historia:
“Dignísima señora:
Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy, justamente, debe dominarla
En el combate naval del 21 próximo pasado, que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata don Arturo Prat, Comandante de la "Esmeralda", fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su Patria.
Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su gran desgracia, y para eso me he anticipado a remitírselas.
Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.
Miguel Grau
¿¡Que podemos decir!? … Son estas letras, frases que reconocen el santo sacrificio de Prat.
Veamos ahora otra versión, también peruana que relatan el impacto causado por este combate que no tiene igual en la historia del mundo.
“ El comandante Grau intimo rendición a la Esmeralda pero el jefe de la corbeta chilena se negó a arriar su bandera. Grau arremetió por 2º vez a la vieja corbeta fulminado la vida de 36 hombres al momento que descargaba su batería principal.
Era necesario poner fin a un drama que no reconoce ejemplo en la historia del mundo, así fue, se le acometió por 3º vez descargando a la vez tres cañonazos, fue en este tercer choque cuando el comándate chileno saltó revolver en mano gritando ¡AL ABORDAJE MUCHACHOS! Prat caminó hasta el torreón mismo del comandante, entonces un marinero acertó un tiro de fusil “comblain” sobre su frente. Mientras estas escenas tenían lugar, la corbeta se iba a pique siendo el pabellón chileno el último en encontrar tumba en el océano. Al hundirse la Esmeralda se hizo un último disparo, dando la tripulación vivas a Chile!
Estas palabras circularon en Lima posterior a la batalla ... como si fueran sus propios héroes.
La misma prensa limeña, señala en otro periódico el testimonio de don Adolfo Garriazo italiano residente en Iquique:
“Después de la catástrofe se apagaron los gritos de entusiasmo con que fueron recibidos los buques peruanos en Iquique.
Después del hundimiento de la Esmeralda siguió el estupor y un silencio casi mágico.
La impresión que provocó en los habitantes iquiqueños el hundimiento del buque chileno fue mas grande que la alegría.... la admiración pudo mas que ella ……..¡TREMENDOS MISTERIOS DEL CORAZÓN HUMANO!
…………………………….…………………………….…………………………….…………………………….
En el silencio de la profundidad de Iquique calladas yacen las voces de quienes legaron a las conciencias de la patria la ruta de la nacionalidad y al mundo entero un ejemplo elevado a la tribuna de la epopeya.
En este minuto, el pasado y con el , aquellas voces regresan con nosotros que nos reunimos en torno al recuerdo de nuestras mas sentidas tradiciones y que llenan de gloria a las intachables páginas de nuestra historia.
El tiempo raudo y fugaz, inexorable en su avance, mudo y elocuente testigo de la humanidad que en su loco desenfreno ha dejado la cansada huella del milenio que se fue, deja ESTAMPADAS en el libro de la historia, los ejemplos de algunos que olvidaron que estaban sobre un suelo de miserias y se elevaron sobre su materia, proyectando en la eternidad la magnitud de aquel 21 de mayo de 1879.
………………………………………..se inicia música de los 4/4 “los Boteros de Iquique”…………………..
Tras una noche de vigilia, la guardia de soñolientos soldados era relevada por otra, ansiosa de guiar los proyectiles al punto de mira de sus cañones, los veleros que frente a Iquique mecianse orgullosos con la bandera de la estrella solitaria a tope.
Desde hace días un rumor siempre creciente se esparcía por las polvorientas calles de Iquiqueñas:
¡ LOS CHILENOS ABANDONARAN EL BLOQUEO!
Desde niños hemos escuchado una y otra vez el relato de una de las paginas mas gloriosas de la historia de nuestra Patria sin embargo, no la hace menos importante y ejemplarizadora para el Chile de hoy y la futuras generaciones y porque no decirlo para el mundo entero.
El teniente de la marina real británica a bordo de la corbeta de su majestad británica “TURQUESA”en un trozo de roble chileno perteneciente a la recién hundida Esmeralda aflorado producto de las salvas en honor al aniversario de la Reina, confeccionó un significativo obsequio que envió a doña Carmela ....una cruz junto a una sentida carta… Ella responde emotivamente lo siguiente: “este sentido regalo de un distinguido miembro de la marina inglesa me ha conmovido profundamente”
Son tantos los detalles que podemos rescatar de antiguos libros y documentos, de viejos boletines de guerra de escritos de testigos, son tantos los sentimientos que ellas guardan no obstante se ha querido extraer un trozo de esos recuerdos para esta especial noche de vigilia en torno a los despojos inmortales de la Corbeta “Esmeralda” y bajo el alero de la Escuela Naval “Arturo PRAT”.
Hechos como este, enaltecen el alma nacional y engalanan con sus mas bellos lauros a la Patria haciéndola relucir entre el resto de las naciones como un país jamás vencido y siempre vencedor. El ejemplo de Prat, como el de muchos nos hace ser lo que somos , su trascendencia no la podemos discutir puesto que nos rodea se respira cada día a nuestro alrededor.
Antofagasta mayo 25, 1879
“Batalla de Iquique, maravilla de heroísmo. Prat abordó Huascar con cuatro hombres.
Todos muertos sobre su cubierta.
Guerra marchara ligera ahora
¡¡Que todos ellos!! …descansen en paz
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CARTA DE DOÑA CARMELA CARVAJAL VIUDA DE PRAT A MIGUEL GRAU
CARTA DE DOÑA CARMELA CARVAJAL VIUDA DE PRAT A MIGUEL GRAU
Señor don Miguel Grau
Distinguido señor:
Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del Huáscar en 2 de junio del corriente año. En ella, con hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mi de un valor inestimable por ser o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.
Al proferir la palabra martirio no crea usted, señor, que sea mi intento inculpar al jefe del Huáscar la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aun palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aun el mas raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, de haberlo podido, entre el matador y su victima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón.
A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presentar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.
Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta .
Carmela Carvajal Vda de Prat
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CARTA DE GRAU A LA VIUDA DE PRAT
Monitor Huáscar
Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879
Distinguidísima señora:
Un sagrado deber me autorizo a dirigirme a ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue como usted no lo ignorara ya, victima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria.
Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas.
Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.
Atentamente
Miguel Grau
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Relato del Guardiamarina Arturo Wilson
Relato del Guardiamarina Arturo Wilson
Iquique, Mayo 23 de 1879
Señor don Vicente Santa Cruz
Querido Vicente:
Hoy hemos tenido oportunidad de escribir i la aprovecho para darte noticias mías.
El 21 hemos tenido un sangriento combate entre el blindado peruano Huáscar i la Esmeralda, donde yo me encontraba embarcado, que duro cinco horas, echándonos a pique el blindado peruano después de tres espolonazos.
Datos i comentarios no me es posible dártelos: sólo puedo decirte que la Esmeralda se ha hundido, pero con gloria, quedando apenas 50 de 200 hombres que habíamos a su bordo. He escapado qué sé yo cómo, pues hasta ahora no me doi cuenta de ello. Nos desembarcaron en este puerto, donde permanecemos prisioneros de guerra, buenos i sanos.
Las autoridades peruanas nos han tratado con amabilidad i consideración, pero después del bloqueo de este puerto no hai casi recursos, así es que sólo tenemos un traje de marinero. La escuadra andaba afuera algunos días i aún no llega.
ARTURO WILSON
En este momento nos comunican la orden de embarcarnos en el Chalaco para llevarnos al Norte, no sabemos a qué punto.
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Relato del Teniente Francisco 2° Sánchez
Relato del Teniente Francisco 2° Sánchez
Iquique, Junio 16 de 1879
Señor don Carlos Sánchez.
Mi querido hermano:
Por el vice-cónsul inglés tuve el grato placer de recibir tu estimable del 4 del presente.
Es inútil explicarte la emoción que en esos momentos experimenté. Es necesario encontrarse en las circunstancias en que me hallo, prisionero de guerra, separado de la familia, de la patria i amigos, etc. Leí i volví a leer tu carta i la de la querida hermana Agustina, i sólo entonces comprendí lo que realmente significaba. Conociendo el carácter de todos ustedes tan sumamente sensible, i especialmente el de Agustina, temí que algo muy serio sucedería en casa en los primeros momentos que llegó a ésa la noticia del encarnizado combate que tuvo lugar en esta agua.
Gracias a Dios solo ocasionó la grave incertidumbre respecto a los que habíamos sucumbido i que no dejó de ser seria tomando en cuenta que duró ésta cerca de ocho días, como me lo explicas en tu carta.
Previendo esto, al día siguiente del combate pasó un vapor para el sur i conseguimos que nos permitieran escribir a nuestras familias, i más aún, escribimos al capitán Molina, gobernador marítimo de Antofagasta, una relación de los que sobrevivimos para que, acto continuo, por telégrafo lo comunicara a ésa. Si hubiera cumplido con esto, dos días después habrían tenido conocimiento.
Sentí muchísimo no haberte remitido una relación completa del combate por el vapor que zarpó de ésta el 27 del pasado.
Como las cartas las entregamos abiertas a las autoridades militares, temí que no llegara a tu poder. Por ella te habrías impuesto de la horrorosa mataza. Todo lo que se diga es poco, i nosotros mismos nos espantamos cuando recordamos tanta sangre derramada. Pasará mucho tiempo antes que se sepan las cosas tales cuales son. Las cartas de Zegers a su padre i la de Uribe a don Eulogio Altamirano, si es que se publican, darán indudablemente alguna luz sobre lo sucedido en lo que corresponde a la descripción de la acción; pero hay muchos hechos que se irán sabiendo poco a poco i que la historia se encargará de darles su verdadera importancia.
Como estamos completamente incomunicados, rodeados de centinelas, sólo hemos podido obtener muy pocas noticias respecto a la opinión de la prensa chilena. Por una casualidad, entre la ropa mandábamos comprar, nos llegó un pedazo del diario MERCURIO del 30, i nos sorprendió que en nuestra patria crean que la Esmeralda sucumbió en el momento en que nuestro comandante Prat pasó a la cubierta del Huáscar con el sargento de la guarnición Juan de Dios Aldea, que fue el único que alcanzó a acompañarle, cayendo herido con siete balazos.
El valiente comandante Prat abordó al enemigo en el primer espolonazo que tuvo lugar más o menos a las 11 ½ AM.., i nuestro buque desapareció de la superficie a la 1 ½ PM.. con poca diferencia. Se deduce aquí que nos hemos batido sin nuestro comandante, con poca diferencia, dos horas.
Cuando recibimos el primer choque, habíamos perdido poca gente, i el Huáscar se retiró con tanta precipitación que a pesar que lo recibimos en la aleta (en la popa), de la guardia de bandera, que está formada en la toldilla, precisamente en el lugar del espolonazo, sólo uno, que fue el sargento alcanzó a saltar. Muchos dirán, ¿cómo es que no se tomó alguna providencia para asegurar el abordaje? En la guerra marítima el combate con espolón esa casi desconocido. Está muy fresco el ejemplo de dos blindados alemanes que por evitar el encuentro con un buque mercante, chocó un blindado con el otro, echando a pique al último inmediatamente, quedando el primero en muy malas condiciones para continuar navegando.
Ahora, si entre dos blindados ha sido tan fatal el resultado para el que recibió el espolonazo, ¿qué esperanza tendría la vieja Esmeralda de sobrevivir a la embestida del poderoso Huáscar? Creo que de los 200 hombres que formaban nuestra tripulación no hubo uno solo que no dijera al ver al Huáscar, que a toda fuerza venía hacia nosotros, estamos perdidos.
Por fortuna, nuestro comandante logró maniobrar de tal suerte que lo recibimos por la aleta. En esos supremos momentos toda la gente estaba en sus puestos de combate. Nuestra artillería sostenía un fuego nutrido i era mayor la excitación del combate a medida que avanzaba el enemigo. Por otra parte, los trozos de fusilería ayudados de los rifleros de las cofas, agregados a los disparos de los cañones del enemigo i sus ametralladoras, formaban un conjunto aterrador. En medio de ese inmenso eco del combate, de los gritos de los heridos, etc., nuestro comandante tuvo la inspiración de abordarlo, i acto continuo dio la voz de al abordaje, voz que no fue oída sino por los que estaban muy cercanos. Abordar al Huáscar en esas circunstancias era una empresa imposible. La sangre fría que hasta esos momentos manifestó el comandante Prat le hizo concebir la sublime idea de morir como hay pocos ejemplos de tanto heroísmo, en la cubierta del enemigo, i acto continuo saltó, viéndolo un momento después caer con su espada en mano al pie de la torre.
La pérdida del comandante produjo en la tripulación una profunda impresión. La idea de venganza se apoderó de todos, i cada uno quiso ser un héroe para imitar su ejemplo. Valor inútil: nada podíamos hacer sino esperar la muerte con resignación. En efecto, momentos después de este primer choque, el Huáscar a toca penoles nos arrojaba su gruesa artillería, i las bajas en nuestra gente se sucedían con mucha rapidez. Envidia nos daba ver caer muerta nuestra gente. Los sufrimientos para éstos habían terminado. Desgraciados eran los que caían heridos. Eran espantosos los gritos de estos infelices i no podía prestárseles ningún auxilio. El cuerpo médico era insuficiente para atender a tantos heridos, así es que todo lo que se hacía con ellos era hacerlos a un lado para que no estorbaran a la artillería. Sabíamos que todos teníamos que morir momentos después.
Había cadáveres que quedaban divididos i cauterizados. A cada momento se encontraban piernas i brazos que no se sabía de quienes era. No creo que haya otros ejemplos de un combate tan horrible. El fuego continuaba con la misma viveza por ambas partes, i el enemigo a 700 metros se preparaba para darnos la segunda embestida.
Muerto el capitán Prat, Uribe tomó su puesto i yo el de Uribe. Nos reunimos luego que fue posible con el teniente Serrano para conferenciar sobre la determinación que debíamos tomar, si echar a pique al buque para evitar derramar más sangre, pues creo que no bajarían de 40 a 50 los muertos i heridos, o continuar combatiendo hasta sucumbir. Resuelto esto último, volvimos a nuestros puestos; pero yo quedé siempre en la batería por ser allí más útiles mis servicios. Era el instructor de la artillería i conocía la gente, i por consiguiente podía llenar las bajas con los individuos más aptos para las vacantes que quedaban.
No puedo fijar con exactitud la hora del segundo espolonazo, pero creo que sería cerca de las 12 i media PM.
Era curioso lo que pasaba en mi imaginación, i creo que lo mismo sucedía a los otros. Del mismo modo que los trabajadores esperan los días Domingo para descansar, yo miraba con cierta satisfacción, que no se como explicarla, la segunda venida del enemigo. Sabía que un segundo espolonazo no podríamos resistirlo i de un solo golpe daría fin con todos i descansaríamos por consiguiente de presenciar tantas desgracias. Sin embargo, luego puso el enemigo su proa a la moribunda Esmeralda, el entusiasmo renació con mayor fuerza i entusiasmábamos a la gente. Yo mismo tomé una rabiza de un cañón i se rompió el fuego con toda actividad; igual cosa hicieron los trozos de fusilería. Por fin, nuestro buque gobernaba muy despacio, la máquina se movía con poca fuerza, procurando evitar el segundo choque. Un ruido estrepitoso nos indicó este momento; el buque se cimbró como una tabla, la gente para sostenerse tenía que agarrarse de lo primero que tenía a mano. El buque a pesar de los deseos del enemigo, quedó a flote. Todavía nuestra gloriosa bandera brillaba, i un pueblo entero i un ejército enemigo la contemplaba muy a su pesar. Si no se evitó del todo el golpe, nuestra proa tuvo bastante firmeza para resistirlo.
El Huáscar, un momento antes del choque i al desabracarse, nos disparó sobre nuestra cubierta sus dos cañones de 300 i barrió con una parte de la gente de los cañones. Algo parecido sucedía en el entrepuente. Sin embargo, con los pocos que quedaban se continuaba haciendo fuego, con la diferencia que los cañones no se metían en batería, sino que se disparaban a lo largo de braguero.
En esta ocasión, es decir, en el momento del choque, veo a Serrano que se dirige a proa, i al acercárseme me dice: amigo Sánchez estamos fregados, i continuó su camino. Grande fue mi sorpresa cuando lo veo saltar a la cubierta del Huáscar con diez a doce hombres que también murieron. Este es otro hecho que demuestra el arrojo hasta el sacrificio de Serrano i los que le acompañaban. Serrano fue muy valiente desde los primeros momentos del combate. Una serenidad admirable unida a un valor que lo dio a conocer a cada momento. Si el capitán Prat se ha inmortalizado por su valor, igual cosa debe acontecer con el amigo Serrano.
El enemigo se retiró hasta la distancia de 600 metros más o menos. Concluimos de quemar los últimos cartuchos. La Santa Bárbara se inundo completamente, ahogándose los que se encontraban dentro. Sólo el condestable alcanzó a salvarse por haber un momento antes subido al entrepuente. La máquina dejó de funcionar. El agua subió hasta los fuegos i concluyó el vapor. En las mesas de la sala de amputación, que era la antecámara de guardia-marinas, había muchos heridos de gravedad. De los encargados de los pasajes de balas, granadas i los de pólvora, muchos habían sucumbido. Desde este momento nada nos restaba que hacer. Un silencio profundo reinaba a bordo, i sólo era interrumpido por los disparos de algunos rifleros i lastimeros quejidos de los heridos. Nos cruzamos de brazos i esperamos. Yo subí a la toldilla i me junté con Uribe i otros compañeros. El enemigo pone su proa a nosotros a la una i media más o menos. En estos momentos se ve salir humo por la escotilla de la cámara de guardia-marinas. Una granada, penetrando por la botica, puso fin a la existencia de los ingenieros Mutilla, Manterola i Gutiérrez, dos mecánicos, dos carpinteros, el sangrador i varios otros; concluyó con los heridos.
La muerte de los ingenieros i demás de la máquina, fue como sigue:
No teniendo éstos nada que hacer abajo, puestos que los calderos estaban apagados, los abandonaron i al estar en el entrepuente se desnudaron completamente, i en este estado se disponían para subir a cubierta, pero no alcanzaron a llegar; en la misma escala cayeron.
Sobre la muerte del ingeniero primero, todavía no hemos podido saber si ha muerto ahogado o por las balas. Cuando dio cuenta que la máquina no podía funcionar, hablé con él i no lo vi. más.
Luego que vimos con la fuerza que venía el enemigo, nos desnudamos i en este estado me bajé a esperar en el cañón séptimo a estribor. Otra granda destrozó la rueda del timón i cuando encontró por delante, murieron todos los que había cerca i especialmente los del timón.
Esta vez me escapé muy bien, estando tan sumamente cerca. Todavía tenía que bañarme. El cabo Cortés tomo la corneta, pues su dueño había muerto, i tocó a degüello en los momentos que se abría el buque i desaparecía de la superficie. El último disparo ordenado por mi lo quemo el guardia-marina Riquelme. Riquelme se hizo notable por su valor i entusiasmo. No se movió un momento de los cañones, i cuando encontraba a algún marino algo decaído, lo entusiasmaba i lo hacía consentir que teníamos muchas esperanzas de triunfar. Este bravo oficial murió ahogado, como igualmente el cabo Cortés.
Un momento después, una nata de cabezas humanas flotaba en la superficie i cada uno trataba de agarrarse a algún coi o pedazo de maderas, de los que había muchos.
No deseo que a otro buque chileno le suceda lo de la Esmeralda. ¡Es muy desagradable tener que bañarse en un combate!
Lo que me sucedió es muy fácil explicarlo. Repentinamente me encontré atraído por el remolino i la atracción que formó el buque al sumergirse. Tragué bastante agua i recuerdo bien que en esos instantes me consideré perdido, por creer que la fuerza del agua me arrojaría dentro de la cámara alta. En estos apuros toqué algo i agarré bien. Me pareció ser algún cuerpo. Inmediatamente reconocí que era un coi. Este gran recurso me llevó luego a la superficie. ¡que felicidad es volver a la luz!
Para concluir con esto i no volver más a ocuparme, le diré: que permanecimos en el agua veinte minutos. El Huáscar paró su máquina i al verlo con toda su guarnición formada en cubierta, creímos un momento que nos iban a disparar; pero luego disipamos esta idea al ver que arriaba sus botes.
Una vez en el Huáscar, nos pusieron en la cámara del comandante. Nos dieron un poco de licor, i media hora después estaba vestido con una camisa blanca, una cotona i un pantalón de marinero.
El buque salió i no supimos a donde.
Dos días después calculamos, cuando tuvimos noticias de la pérdida de la Independencia, que la salida tuvo por objeto recoger los náufragos de dicho buque. Serían las seis i media cuando fuimos desembarcados. Al salir a bordo nos dieron un par de zapatos. Sombreros no nos dieron por no haber a bordo. El frío i el hambre nos atormentaban. En todo ese día no había probado bocado, i al estar sin medias, calzoncillos, camiseta, etc. No es raro suponer que con tan poca ropa pudiera estar abrigado.
En el trayecto del muelle a la prefectura no hubo nada de notable, a no ser algunas hostiles demostraciones del populacho, que es difícil evitar. Una vez en el salón de la prefectura, fuimos felicitados por los jefes del ejército. Todos admiraban el heroísmo de la Esmeralda i lo hacían con sinceridad.
El jefe del ejército nos dijo: Ustedes no son prisioneros, ustedes son náufragos. El valor de ustedes no tiene ejemplo en la historia de las guerras marítimas. Si ha habido un caso igual, estoy cierto que no hay quien lo sobrepuje. No recuerdo bien las palabras.
Al día siguiente fuimos visitados por el general Canseco, i este jefe se enterneció cuando nos hablaba alabando nuestra conducta, i estas visitas continuaron por algunos días.
Esa misma noche, después que comimos algo, fuimos conducidos a la Bomba Austriaca, donde permanecimos como quince días.
Hace tres días que se nos entregó un terno de ropa que nos mandaron hacer. Ya nos habíamos familiarizado con el traje de marinero i hará sólo diez o doce días que usamos ropa interior por no haber en la población.
Hoy puedo decir, sin temor a equivocarme, que las pocas comodidades que tenemos se las debemos puramente al general Buendía. Estos dos caballeros se han conducido muy bien con nosotros i les estamos muy agradecidos. El señor Velarde continuamente viene a visitarnos i a ofrecernos lo que necesitemos.
El general Buendía también, cada vez que puede, viene a vernos con el coronel Velarde. ¿I qué se dice por allá sobre nuestro rescate? ¿Podemos tener esperanza de alcanzarlo pronto? La inmovilización en que nos encontramos i el no poder continuar siendo útiles a la patria, nos atormenta.
Tu afectísimo hermano.
FRANCISCO 2° SÁNCHEZ
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Relato del Subteniente Antonio Hurtado
Relato del Subteniente Antonio Hurtado
Iquique, mayo 23 de 1879
Señor don Miguel Hurtado.
Querido papá:
El 21 del presente, a la 8.40 A. M., fuimos sorprendidos por el Huáscar i la Independencia. El Huáscar se batió con nosotros i la Independencia con la Covadonga, que eran los únicos dos buques que sostenían el bloqueo; el combate duró hasta la 1.45 P. M. durante las cuatro horas i minutos de combate se dispararon todos los proyectiles que se pudieron, que fueron más de 200; la Esmeralda fue echada a pique después del tercer espolonazo que recibió del Huáscar, quedando a flote un gran número de cadáveres. Los que salvamos, que fuimos más o menos 60, hemos salvado a nado. A los veinte minutos fuimos recogidos por los botes del Huáscar. Después que se nos dio ropa i permanecimos algún tiempo abordo se nos llevó a tierra, donde nos encontramos prisioneros.
He aquí una relación de los muertos:
Comandante Prat
Teniente 2° I. Serrano
Guardia-marina E. Riquelme
Ingenieros, todo el cuerpo, i como ciento i tantos de la tripulación.
Cuando tenga el gusto de darle un abrazo a usted, a mi mamá i hermanos, les contaré mucho que por ahora no se puede.
Sin más que esto se despide su hijo.
ANTONIO D. HURTADO
P. D. - Mando un abrazo general.
Dentro de una hora nos embarcamos en el Chalaco con dirección al Norte, no sabemos a dónde.
Su hijo
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Relatos del Combate Naval de Iquique
Relato del Cirujano de la Esmeralda Dr. Cornelio Guzmán
Una hora antes del combate toda la tripulación estaba en sus puestos y lista para romper el fuego. No se trataba de considerar la desigualdad de la contienda y la posibilidad del triunfo; se pensaba solamente en que los azares de la guerra colocaba a un grupo de chilenos en la situación mas brillante y difícil que es posible imaginar: dos blindados poderosos y veloces al frente de dos pequeños barcos de madera que enarbolaban la bandera tricolor. Primer torneo en que la desigualdad de las armas solo se podría equilibrar con el temple de los corazones. Toda la tradición gloriosa de la Marina chilena debía dar en esta ocasión sus frutos.
La sección de sanidad estaba instalada en la cámara de Guardias Marinas y la formaba el siguiente personal: el contador señor Oscar Goñi, el ayudante de cirujano señor German Segura, el despensero, el maestro de víveres, el practicante y boticario Castilla y cuatro enfermeros. A estos se agrego el ingeniero civil don Juan Agustín Cabrera, que en comisión del Gobierno se encontraba a bordo en calidad de pasajero, mientras pudiera regresar al sur. Este caballero pregunto al comandante Prat en que podría servir, quien le contesto: "Vaya Ud. a agregarse a la ambulancia". El señor Cabrera, que mas tarde fue mi muy apreciado amigo, encontró que carecía de condiciones para servir a los heridos, y por otra parte, el sitio en que estábamos nos obligaba a permanecer en la mas completa ignorancia de todo lo que pasaba en cubierta. Solicito entonces permiso para ir a hablar con el comandante. Esta vez se le ordeno que tomara un rifle. Mas tarde el contador fue llamado para atender a la destrucción de la correspondencia y de toda la documentación. De este modo mi personal quedo reducido en dos valores menos.
Se siente un cañonazo a distancia. En nuestro barco hay silencio sepulcral. El comandante Prat en el puente de mando, alza su voz para hablar a la tripulación, que estaba al pie de sus cañones. Yo desde mi puesto divisaba al comandante, que pálido y vestido de media parada, pronuncio con voz firme y clara su inolvidable arenga. Al escuchar a este hombre, todo mi cuerpo se conmovió, y me pareció oír una sentencia de gloria y muerte. Inmediatamente, el corneta dio la orden de romper el fuego, primero a estribor y después a babor. Ya este cañoneo terrible no ira disminuyendo sino hasta que los cañones se vayan inutilizando por su propio uso y también por los destrozos que el enemigo cause al buque.
Los primeros heridos que nos llegan lo han sido por metrallas lanzadas por el enemigo desde tierra. Todos son gravísimos, pues los cascos de granada les han penetrado en el cráneo, en el tórax, o en los miembros. Mas tarde van llegando los heridos por los cañones de a 300 del Huáscar. En este caso las mutilaciones son enormes y no hay vendaje posible; y hay tantos que no tenemos camas suficientes.
Las horas van avanzando, y ya nos llegan heridos a rifle, pues la distancia que separa las naves ha disminuido, y los destrozos son cada vez mas considerables. En medio de mi confusión sobreviene un accidente. Una granada de los grandes cañones del Huáscar ha penetrado en la cámara de oficiales y producido un incendio cuyo humo invade mi recinto y nos envuelve en una atmósfera irrespirable, molesta y penosa para los heridos. Afortunadamente la brigada de incendio trabajo con tanto orden y eficacia que muy pronto el foco de fuego fue extinguido. Luego se produce el primer ataque al espolón, conmoviendo nuestras naves y haciéndola crujir hasta los últimos remaches. Yo, que era novicio a bordo, no supe explicarme que cataclismo se había producido.
Un rumor corre por el entrepuente, rumor que se confirma: "El comandante Prat ha muerto"..."El teniente Uribe ocupa su puesto."
Este primer espolonazo ha sido dado en la vecindad del puente de mando, el espolón, penetrando en el costado del buque, ha quedado incrustado por algunos momentos, y en esta situación inesperada, Prat, llevado por esa fuerza irresistible que enciende el alma de los héroes grita. "¡ Al abordaje !", y salta el primero sobre la cubierta del enemigo, llevando en alta su espada de combate.
Mas, su voz es apagada por un estruendo de los cañones y no pudo ser oído en la confusión del combate. Solo el sargento Aldea y otro marinero(*), cuyo nombre ha quedado ignorado, acompañan a comandante a pisar la cubierta del Huáscar.
El cañoneo y el fuego de rifles no se interrumpe. En cubierta hay muchos heridos graves que no es posible transportar por falta de gente. Oigo decir que en cubierta se están organizando dos brigadas de abordaje; una, la de proa, al mando del teniente Serrano, la de popa al mando del teniente Sánchez. El oficial de entrepuente, Fernández Vial, me da a entender que el buque se ira pronto a pique, y que este listo.
En este momento el personal de las maquinas principia a abandonar sus puestos, porque el buque se esta inundando. El primer ingeniero ha muerto en cubierta al ir a comunicar al comandante el estado de su sección. El segundo ingeniero, señor Manterola, se me acerca y después de haberme mirado fijamente, me dice: "Doctorcito, yo quiero mucho a los médicos, una hermana mía es casada con el doctor Zorrilla, no se separe de mi porque el buque se va a hundir y yo soy un gran nadador".
Se produjo el segundo espolonazo, pareciéndome que el buque se habría y se despedazaba. Subí a cubierta y vi que el centinela que defendía la escotilla estaba muerto; mire al Huáscar, que estaría a unos 50 metros de distancia, y vi un grupo de marineros chilenos en el castillo de proa con sus armas en las manos; vi al teniente Serrano cuando con su espada levantada avanzaba hacia la torre enemiga.
Casi inmediatamente después de abandonar la cámara de Guardias Marinas estallo una granada, matando a todos los heridos, personal de ingenieros, mecánicos y fogoneros que habían llegado a la ambulancia. A mi generoso protector señor Manterola no lo vi mas. El único que sobrevivió de los que estaban conmigo fue mi ayudante Segura.
Avanzando sobre cubierta trate de orientarme, pues los cañones desmontados, los mamparos destruidos, la arboladura despedazada, la gran cadáveres horriblemente mutilados, la sangre mezclada al agua de las tinas de combate, que corría y se movía en cada vaivén del buque, todo aquel horrible cuadro que presentaba el aspecto de un matadero, hacia difícil la marcha. Por fin llegue al castillo de popa. Ahí estaba el comandante Uribe, que con revolver hacia fuego a una persona que se asomaba detrás de la torre del Huáscar, único ser viviente que se divisaba en el blindado peruano.
Toda la "Guardia de la bandera" ha muerto. El guardia marina Vicente Zegers, esta al pie de la bandera de combate, sólo y como un defensor heroico de nuestro pabellón. Aun dispara nuestra nave uno que otro cañonazo. El Huáscar se ha alejado un poco, pero continua haciendo fuego con sus grandes cañones. De repente observamos que el enemigo se dirige a toda fuerza de maquina hacia nosotros, como un toro furioso que embiste y al llegar dispara simultáneamente los cañones de su torre produciendo un formidable y ultimo choque. Me pareció que mi buque partía por mitad, y una ola inmensa nos cubrió y sumergió. No puedo decir hasta que profundidad hemos llegado. Yo, que soy gran nadador, nade con el intento de llegar a la superficie y de salir de la oscuridad en que me encontraba; luego vi una luz y una claridad. Miro a mi alrededor y veo que varias cabezas emergían casi al mismo tiempo, y también aparecían flotando una gran cantidad de tablones rotos, coyes y tinas de combate; sirviéndonos todo esto de ayuda para no sumergirnos nuevamente. Los sobrevivientes formábamos un circulo que permitía vernos las caras y reconocernos. Nos contamos, somos 37; en la mañana éramos 210.
El Huáscar queda como a 100 metros de distancia, y la ciudad de Iquique, bastante lejos. En esta critica situación permanecimos largo rato, tal vez media hora. Sin embargo, nunca dudamos que el buque enemigo nos socorriera. Efectivamente, se nos explico después que la tardanza en socorrernos fue debida a la compostura de los botes, destrozados por nuestros proyectiles.
Conducidos al Huáscar, y mientras desfilábamos los oficiales a la cámara del comandante Grau, vimos tendido sobre cubierta el cadáver de Prat. El guardia marina Zegers, que va junto a mi, le descubre el rostro, cubierto con un faldón de su levita, y yo pude ver una profunda herida por arma de fuego en la parte mas alta de su hermosa frente.
Una vez encerrados en la camada del comandante, se nos proveyó de un saco y de un pantalón de marinero, pues estábamos casi desnudos. Se nos dijo que el comandante Grau vendría a vernos. Efectivamente, a poco rato llega un marino de cierta corpulencia, no muy grande, ancho de espalda, de rostro tostado por la vida de mar, patillas a la española donde aparecen algunas canas. Ciñe espada, pero su aspecto es el de capitán de un buque mercante. Nos saluda con ademán cordial, nos felicita por nuestra conducta, y recordó que a alguno de nosotros había conocido en otra época en el Callao. Notando que estábamos sin zapatos, ordeno se nos proveyera.
Hemos quedado solos; el Huáscar se pone en marcha a toda fuerza con rumbo al sur. En estos instantes nos llamaron la atención unos quejidos y lamentos. Alguno de los nuestros creyó reconocer en ellos la voz de Serrano.
Como continuaran los quejidos, nuestro jefe, el teniente Uribe, se apresuro a solicitar la audiencia de algún oficial a fin de disipar nuestras sospechas y temores. Vino uno de ellos y dijo que efectivamente había un oficial chileno gravemente herido; y después de algunas consultas con sus superiores se accedió a lo solicitado, es decir, que el medico chileno fuera a atender a su compatriota.
Acompañado de mi ayudante Segura, fuimos conducidos a la cámara de oficiales, donde se me hizo esperar. Luego llego un oficial y me pregunto si yo era medico; y como viera que yo tenia el traje de marinero, penetro a su camarote y volvió con un vetón de brin blanco con insignias de oficial, de su uso personal. Me dice que mientras el vuelva vea a los heridos que hay en la cámara.
Tendido en la mesa de oficiales y cubierto con una sabana, esta el cadáver del teniente Velarde, oficial de señales del Huáscar, herido mortalmente por una bala que le rompió la arteria femoral en la región del triangulo de Escarpa. En los camarotes de los oficiales, encontré dos marineros negros, heridos, al parecer gravemente, y que ya estaban vendados.
Mientras tanto el tiempo pasaba y yo no podía ver a Serrano. Me dirigí inútilmente a los centinelas de los pasillos, mas estos nada sabían y les estaba prohibido hablar. después de una larga media hora de espera, un marinero nos conduce nuevamente al recinto donde están nuestros compañeros, a quienes referí todo lo ocurrido.
Para nosotros fue inexplicable esta cruel conducta, esta negativa injustificada a proporcionar un consuelo a un herido, que aunque fuera enemigo, ya tal vez seria un moribundo.
Pasando los años, ha corrido la voz, de origen peruano, que Serrano, mortalmente herido, concentro sus ultimas fuerzas y prendió fuego al camarote que lo encerraba. Esta seria entonces la única explicación para negarle la atención medica que al principio, sin dificultad, se había concedido.
Durante este tiempo, el Huáscar, que marchaba a toda fuerza de maquina con rumbo al sur, se detuvo algún rato. Esta detención correspondía a los momentos en que los buques enemigos se comunicaban en el sitio en que el blindado Independencia había encontrado su tumba: Punta Gruesa.
La pericia y resistencia desesperada con que el comandante Condell sostuvo ese desigual combate, le dio el hermoso triunfo, y corono con todo éxito la jornada del 21 de Mayo.
El Huáscar continuo su ruta al sur, persiguiendo con tenacidad y furia a la Covadonga, que victoriosa de la Independencia buscaba las aguas de Chile. La persecución parece abandonada, pues el Huáscar toma rumbo al norte. Nosotros no sabemos donde estamos e ignoramos lo ocurrido en Punta Gruesa.
El barco se detiene; Grau llega nuevamente a nuestro recinto no tan cordial como antes: la imagen de la Independencia varada lo tiene anonadado.
Nos dice que se ve obligado a dejarnos en Iquique, donde no estaremos muy bien, pues tiene que expedicionar al sur. "Alístense para bajar a los botes". Nosotros estamos listos ya que no poseemos mas que nuestros cuerpos.
Estando en los botes, el teniente Uribe mira a su alrededor en la bahía, y no divisando a la Independencia, pregunta por ella. Un oficial dice: "Luego llegara"
En el trayecto hacia el muelle de Iquique anocheció; desembarcamos en medio de un gran gentío que ocupaba todo el largo del muelle. Como los prisioneros llevábamos uniformes de marineros peruanos, el publico no se dio cuenta de lo que ocurría. Sin embargo, casi al termino de nuestro trayecto hay un altercado, un tumulto: creyéndolo chileno, han atacado de hecho al oficial peruano que nos acompañaba; creo que fue el teniente Díaz Canseco, quien murió mas tarde en la toma del Huáscar. Nosotros instintivamente nos agrupamos y apuramos el paso hasta llegar al edificio de la aduana, donde estaba el Estado Mayor. Desde ahí hemos oído grandes voces y gritos de la muchedumbre, que solo en ese instante se imponía que chilenos prisioneros pisaban suelo peruano. Los gritos de "¡Mueran los chilenos!" resonaban varias veces.
Se nos ha conducido a un grande y elegante salón; llegan algunos jefes, nos saludan y se retiran.. Estando yo en un extremo del salón, se me acerca un caballero que tiene aspecto de extranjero, me conversa con nerviosidad de las impresiones del día, me dice que toda la ciudad ha presenciado el combate y que el no puede todavía borrar de su vista el espectáculo de la destrucción a cañonazos de un barco que poco a poco lo ven desmantelarse, perforarse sus costados y desaparecer por ultimo de la superficie del mar. "Nosotros hemos creído, nos dice, que nadie ha podido salvar de semejante catástrofe, y por esta razón no hemos enviado embarcaciones a socorrerlos". Observando que yo no tenia camisa se despidió y al poco rato volvió entregándome un pequeño paquete: era una camisa.
Muy avanzada la noche fuimos conducidos entre dos filas de soldados, a un galpón de zinc que servia de cuartel a la compañía de bomberos "Austriaca2. Estamos incomunicados y rodeados de guardias. Nuestras camas son simples jergones; nos acostamos vestidos.
La jornada ha terminado, solo los oficiales estamos juntos; la marinería prisionera no la volveremos a ver mas.
Ahora vamos a experimentar las amarguras y tristezas de los prisioneros de guerra. La patria la divisamos muy lejos, y nadie podrá saber el fin de nuestra prisión.
La suerte de la Covadonga la creíamos igual a la nuestra, y como no había prisioneros, supusimos muertos a todos sus tripulantes.
El día 22 de mayo continuaron las visitas y saludos de los jefes del ejercito; entre estos llega uno de los jefes del batallón peruano Zepita, que dice: "Yo saludo a ustedes, que han sabido defender a su patria, mientras tanto ese infame More nos pierde la Independencia". Con semejante noticia quedamos trastornados. Muy pronto sabemos mas detalles: la Independencia varada y la Covadonga, aunque averiada, sigue viaje al sur.
Comprendemos inmediatamente el valor y la importancia de nuestro inmortal 21 de Mayo: la mitad de la Escuadra peruana esta destruida. Desde este momento quedamos felices y tranquilos; nada nos importaba la buena o mala suerte que nos depare el destino.
Sabemos que el sargento Aldea, que había recibido 12 balazos y a quien se le había amputado un brazo en el hospital de la ciudad, había muerto al amanecer del día 22; que el teniente Serrano había muerto el mismo día 21 de Mayo a las 3 de la tarde a consecuencia de una herida en el abdomen. Los cadáveres de Prat, de Aldea y de Serrano, fueron recogidos por el presidente de la Sociedad de Beneficencia Española, el señor Eduardo Llanos, quien les dio humilde sepultura en el cementerio de la ciudad.
El día 23 de mayo al amanecer, unos discretos y misteriosos golpecitos en el zinc de uno de los costados de nuestra prisión, nos llama la atención. Por un pequeño espacio abierto se nos introdujo, con mucho sigilo, unos cuantos panes y un tarro de leche condensada. Mas tarde supimos que la mano generosa que nos llevaba este primer alimento, ya que nada habíamos comido, era una señora chilena.
después de medio día llego a visitarnos el coronel Velarde, jefe del Estado Mayor. En la conversación pudo imponerse que nosotros no recibimos alimentos desde nuestra llegada. Inmediatamente salio, y pocos instantes después se nos servia comida preparada en el Club Social de la ciudad.
A fines del mes de Mayo, el general Prado, Presidente del Perú, que visitaba sus tropas, vino a vernos. Penetro a caballo en nuestro galpón, diciendo que por tener reumatismo en un pie no podía desmontarse. Reconoció al Guardia marina Wilson, a quien había conocido en Chile. Talvez como resultado de esta visita, fuimos trasladados algunos días después a una pieza del mismo edificio a donde llegamos la noche del 21.
En los primeros días de junio, el Cónsul ingles en Iquique nos entrego dinero que nuestro Gobierno nos enviaba. Con alguna dificultad principiamos a comprarnos ropa.
Siempre estamos incomunicados y encerrados en una sola pieza. El teniente Uribe ha conseguido algunas novelas inglesas que nos lee en altavoz y con tanta facilidad como si estuviera en castellano. Este es nuestro único pasatiempo.
En el transcurso de este mes hemos recibido correspondencia de Chile. Los primeros periódicos chilenos que pudimos leer fueron remitidos ocultamente por el almacén español "La Joven América". Era tanta la emoción que nos dominaba, que nadie pudo leerlos en voz alta, pues los sollozos apagaban las palabras.
Hemos recibido la primera visita del Jefe del Ejercito peruano, señor General Buendía. Hombre culto y agradable que trataba de ayudarnos en lo que podía. Nos refirió que en la campaña del año 38 había servido como capitán del regimiento chileno "Carampangue", a las ordenes del general Bulnes. Entre otras atenciones, recuerdo que nos mandaba por las noches agua resacada de su uso personal, pues la que nosotros bebíamos y la que bebía todo el pueblo, era salobre: La Escuadra chilena, que bloqueaba el puerto, impedía funcionar la resacadora. también nos visitaba el coronel Velarde, jefe del Estado Mayor. Este distinguido jefe, viendo una noche que no teníamos ropa de cama, nos mando frazadas, compradas con su peculio particular.
Entre penalidades y tristezas se va pasando el tiempo. A fines de este mes de Junio se recibió una carta y una orden del presidente Prado para que el guardia marina Wilson fuera trasladado a Arequipa. El joven oficial rehusó la generosa oferta declarando que quería compartir la suerte de sus compañeros y no separarse de ellos.
En la noche del 10 de Julio se sintió un fuerte cañoneo en la bahía, y algunos disparos cayeron en la población. Como a las dos de la mañana llego a nuestra pieza el general Buendía, un tanto agitado. Nos dice que con motivo del cañoneo el pueblo se ha amotinado y pedido nuestras cabezas. Ha sido necesario reforzar la guardia. Nos dice: "La situación de ustedes no es segura, he telegrafiado al presidente Prado para que los aleje de esta plaza. No estoy tranquilo pensando que bajo mi mando fuera a atacarse a los prisioneros de guerra. también les declaro que la canalla que me rodea me impide ser generoso con ustedes. Me llaman el general chileno, porque vengo a visitarlos.
A fines del mes en curso supimos la llegada del Presidente de Bolivia a Iquique. habíamos oído toques de diana y marchas militares que resonaban en el campamento peruano. Era el general Daza que revistaba las tropas, compuestas, según decían de 15.000 hombres.
Se nos anuncio que el general vendría a visitarnos, y muy pronto vimos llegar a un militar de aspecto ordinario, cubierto de bordados, de pantalón blanco y botas, grande de cuerpo, colorin, pecoso y rostro manchado, al parecer, por la viruela.
Venia acompañado de numeroso sequito, entre los cuales se encontraba un joven oficial que había sido compañero de Wilson en un colegio en Valparaíso. Daza nos saludo, nos miro con atención y nos pregunto si estábamos bien de salud y como se nos trataba; agregando: "Si ustedes hubieran estado en Bolivia, yo los habría tratado muy bien". Al retirarse el general con todo su Estado Mayor, el oficial amigo de Wilson quedo el ultimo, y volviéndose hacia nosotros, dijo sonriendo: "No le crean al general, si el los pilla los habría guillotinado".
Habiendo suspendido el bloqueo del puerto la Escuadra chilena, se noto gran movimiento en la ciudad; y una noche fuimos despertados de improviso, recibiendo orden de levantarnos y salir de nuestra pieza. Como dormíamos medio vestidos no tardamos en estar listos y ponernos en marcha entre dos filas de soldados, que nos condujeron al muelle y de ahí al transporte de guerra peruano Chalaco. Fuimos recibido con toda amabilidad por el comandante Reygada, quien nos condujo al elegante salón del vapor y nos dijo: "Aquí estamos entre camaradas, están ustedes en su casa". después de tres meses era la primera noche que dormíamos entre sabanas.
Y comenzó para nosotros una larga peregrinación. Pasando por el Callao y Lima, transmontamos la cordillera con un frío glacial y a 5000 metros de altura y llegamos a Tarma, en plena sierra, pequeña ciudad destinada a servirnos de prisión. Ahí encontramos al señor coronel don Manuel Bulnes con todos sus oficiales del Regimiento Carabineros de Yungay, prisioneros del Rimac.
A mediados de diciembre se nos da la gran noticia de que ha terminado nuestro largo y triste cautiverio, que hemos sido canjeados por prisioneros del Huáscar, y un tren directo nos conduce al Callao donde nos embarcamos en el vapor Bolívar, que nos condujo a Chile.
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Nómina de los Héroes de la Esmeralda
| Nombre | Grado | Notas |
| Adrián Guzmán Lavell | Grumete | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Agustín Báez | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Agustín Coloma | Marinero 2º | Prisionero |
| Agustín Oyarzún Uribe | Marinero 1º | Prisionero - Pasa al Huásscar |
| Agustín Vásquez | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Alejandro Díaz Román | Marinero 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Alejandro Horvath | Fogonero 1º | Muerto en Iquique |
| Alejandro Uribe | Grumete | Muerto en Iquique |
| Amador Aranguez Quintanilla | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Andrés Brown Cárdenas | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Andrés Pávez Sepúlveda | Fogonero 2º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Angel Custodio Barrera López | Marinero 2º | Herido (Muere a bordo del Huáscar) |
| Antonio Barreda | | Herido (Hospital de Iquique) |
| Antonio Dionisio Hurtado Rojas | Subteniente Artillería de Marina | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Antonio Espino N. | Grumete | Muerto en Iquique |
| Antonio Ruiz | Velero 2º | Muerto en Iquique |
| Antonio Tapia | Grumete | Muerto en Iquique |
| Arsenio Canave Meriño | Soldado Artillería de Marina | Salta al abordaje, muere a bordo del Huáscar |
| Arturo E. Wilson Navarrete | Guardiamarina | Prisionero - Pasa al Angamos |
| Arturo Fernández Vial | Guardiamarina | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Arturo Prat Chacón | Capitán de Fragata | Muerto en Iquique |
| Avelino Vásquez | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Baldomero Orrego Guzmán | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Baltasar Leiton | Grumete | Muerto en Iquique |
| Bartolo Mesa Núñez | Fogonero 2º | Muerto en Iquique |
| Bartolomé Ramos Muñoz | Marinero 2º | Herido (Muere Junio 1879 en Hospital de Iquique) |
| Bartolomeo Rossi | Fogonero 2º | Prisionero |
| Benjamín Reyes Ovalle | Marinero 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Bernardino Valenzuela Acuña | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Buenaventura Castellano | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Candelario Apablaza | Carbonero | Muerto en Iquique |
| Candelario Gómez | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Carlos Araneda Torres | Fogonero 2º | Muerto en Iquique |
| Carlos Cota Mesa | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Catalino Guerra Cuello | Patrón de Bote | Muerto en Iquique |
| Ceferino Carrasco Palma | Grumete | Muerto en Iquique |
| Ceferino Pérez Jiménez | Grumete | Muerto en Iquique |
| Charles Moore | Marinero 1º | Prisionero - Pasa a la Pilcomayo |
| Constantino Micalbin Escarleto | Contramaestre 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Cornelio Guzmám | Cirujano 1º | Prisionero |
| Crispín Reyes | Cabo 2º Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Cruz Rosales | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Custodio Leiva | Grumete | Muerto en Iquique |
| Daniel Mendoza Jara | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| David Soto | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Demetrio George | Capitán de Altos | Prisionero - Pasa al Amazonas |
| Desiderio Domínguez Navarrete | Fogonero 2º | Prisionero - Pasa al Abtao |
| Dionisio Manterola | Ingeniero 3º | Muerto en Iquique |
| Eduardo Cornelio Cornelius | Timonel | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Eduardo Hyatt | Ingeniero 1º | Muerto en Iquique |
| Elías Aránguiz Pedrero | Timonel | Prisionero a Hospital de Iquique - Pasa al Huáscar |
| Elías Araujo | | Herido (Hospital de Iquique) |
| Ernesto Riquelme Venegas | Guardiamarina | Muerto en Iquique |
| Esteban Barrios González | Marinero 1º | Prisionero |
| Esteban Despots | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Evangelio Bono | Capitán de Altos | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Evaristo Riquelme | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Excequiel Avila Parraguez | Ayudante de Condestable | Muerto en Iquique |
| Félix Tomás Ruedas Montalva | Despensero | Muerto en Iquique |
| Florencio Ascencio | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Francisco 2º Sánchez Alvarajedo | Teniente 1º | Prisionero - Pasa a la Chacabuco |
| Francisco Acuña Cáceres | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Francisco Godoy | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Francisco Mattos | Ayudante de Condestable | Muerto en Iquique |
| Francisco Santiago Indo | Herrero 1º | Muerto en Iquique |
| Francisco Ugarte | Fogonero 2º | Herido (Muere en el Hospital de Iquique el 09 de Agosto de 1879) |
| Gabriel Urra | Fogonero 1º | Muerto en Iquique |
| Gaspar Cabrales | Tambor Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Germán Gregorio Sepúlveda Vilches | Grumete | Muerto en Iquique |
| Gregorio Almazabal | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Gregorio Araya Aburto | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Gregorio Morales | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Grorge Fouguod | Capitán de Altos | Muere en el Huáscar |
| Guillermo Serey Collante | Cocinero | Muerto en Iquique |
| Gumesindo González | Soldado Artillería de Marina | Prisionero |
| Ignacio Serrano Montaner | Teniente 2º | Muerto en Iquique |
| Ildefonso Alvarez | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Isidoro Gómez | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Jacinto Ampuero | Capitán de Altos | Muerto en Iquique |
| Jesús Miranda | Grumete | Muerto en Iquique |
| Joaquín Castillo Ruiz | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| John Lassen | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Jorge 2º Quinteros Ruiz | Grumete | Muerto en Iquique |
| José María Alvarez | Grumete | Sobreviviente - Pasa al Abtao |
| José Abdón Figueroa | Carbonero | Muerto en Iquique |
| José Agustín Coloma | Marinero 2º | Herido (Hospital de Iquique) |
| José Alarcón Romero | Patrón de Bote | Prisionero - Pasa al Huáscar el 27 de Febrero de 1880 |
| José Alegría Fuentes | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| José Angel Rojas Cárdenas | Mozo de Cámara | Muerto en Iquique |
| José Antonio Barrera | Soldado Artillería de Marina | Herido (Muere en Hospital de Iquique el 19/08/79) |
| José Baltasar Briceño Cordero | Grumete | Muerto en Iquique |
| José Barría Hernández | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| José Betancur | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| José Brígido Pérez Sandoval | Grumete | Muerto en Iquique |
| José Bustos Vera | Cocinero | Muerto en Iquique |
| José Concha Ramírez | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| José Cruzat | Sangrador | Muerto en Iquique |
| José de la Cruz Cea Nareira | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| José del Carmen Monsalve | Marinero 2º | Prisionero - Pasa al Angamos |
| José del Carmen Núñez Henríquez | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| José Dolores Díaz Avila | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| José Donaire | Fogonero 2º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| José Elías Huerta Ruiz | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| José Emilio Amigo Amigo | Grumete | Sobrevivio y regreso a Chile |
| José Fructuoso Vargas Uribe | Mecánico | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| José Gutierrez de la F. | Ingeniero 4º | Muerto en Iquique |
| José Ignacio Guzmán Jorquera | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| José Jesús Hernández Parra | Grumete | Muerto en Iquique |
| José Lorenzo Escobar | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| José Luis Barrera López | Marinero 2º | Prisionero |
| José Luis Torres Andrade | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| José Manuel Concha | Grumete | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| José Manuel Meneses Rugg | Mayordomo | Prisionero - Pasa a la Pilcomayo |
| José Manuel Ramírez Urtubia | Carbonero | Muerto en Iquique |
| José Manuel Rodríguez Albornoz | Timonel | Prisionero - Pasa al Amazonas |
| José María Del Rio Valenzuela | Carpintero 1º | Muerto en Iquique |
| José María Márquez Calixto | Calafate 2º | Muerto en Iquique |
| José María Rodríguez | Mozo de Cámara | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| José Mercedes Gutiérrez Saavedra | Marinero 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| José Mercedes Muñoz Herrera | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| José Muñoz Contreras | Soldado Artillería de Marina | Prisionero - Pasa a la Chacabuco |
| José Pereira Sepúlveda | Mayordomo | Muerto en Iquique |
| José Ramírez Oliva | Carpintero 2º | Muerto en Iquique |
| José Reyes | Grumete | Muerto en Iquique |
| José Vicente Valdivia Escobar | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| José Vicente Vergara Torres | Soldado Artillería de Marina | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Juan 2º Vargas Fuentes | Grumete | Muerto en Iquique |
| Juan A. Torres | Mecánico | Muerto en Iquique |
| Juan Agustín Cabrera Gacitúa | Ingeniero Civil | Prisionero |
| Juan Agustín Torres Mendoza | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Juan Antonio Carrasco Alvarado | Maestre de Señales | Muerto en Iquique |
| Juan Araya | Grumete | Muerto en Iquique |
| Juan Bautista Segura Palomino | Fogonero 2º | Muerto en Iquique |
| Juan Campusano Báez | Mayordomo | Muerto en Iquique |
| Juan Casanova González | Marinero 2º | Prisionero |
| Juan de D. Cruz | Grumete | Muerto en Iquique |
| Juan de Dios Aldea Fonseca | Sargento 2º Artillería de Marina | Herido en Iquique (Muere el 24 a causa de heridas) |
| Juan de Dios Morales Orrego | Marinero 2º | Pasa a la Magallanes |
| Juan de Dios Pradena Pérez | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Juan Francisco Mancilla | Soldado Artillería de Marina | Prisionero - Pasa al Blanco Encalada |
| Juan Germán Segura González | Ayudante de Cirujano | Prisionero |
| Juan Hernández Cárdenas | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Juan Mayorga | Capitán de Altos | Muerto en Iquique |
| Juan O. Goñi | Contador | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Juan Ponce | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Juan Riveros Leiva | Fogonero | Muerto en Iquique |
| Justino Aguilar Rivera | Patrón de Bote | Muerto en Iquique |
| León P. Claret | Maestre de Víveres | Muerto en Iquique |
| Luciano Bolados | Grumete | Prisionero |
| Luis Ugarte Rivadeneira | Marinero 2º | Herido - Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Luis Uribe Orrego | Teniente 1º | Prisionero - Comandante Pilcomayo |
| Manuel A. Ortiz | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Manuel Arias Nova | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Manuel Díaz | Soldado Artillería de Marina | Prisionero - Pasa al Toltén |
| Manuel Hernández | Grumete | Muerto en Iquique |
| Manuel Muñoz Ortiz | Timonel | Muerto en Iquique |
| Manuel Palmillo Torres | Marinero 1º | Muerto en Iquique |
| Manuel Ruiz | Grumete | Muerto en Iquique |
| Manuel Soto Ulloa | Capitán de Altos | Muerto en Iquique |
| Manuel Vera | Fogonero | Muerto en Iquique |
| Marcolín Figueroa | Mecánico | Muerto en Iquique |
| Marcos Molina | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Marcos Rojas Donoso | Marinero 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Martín Jaque | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Matías Matamala Torres | Guardián 1º | Prisionero - Pasa a la Pilcomayo |
| Mercedes Alvarez | Grumete | Prisionero - Pasa al Huáscar el 27 de Febrero de 1880 |
| Nicanor Bustos | Cabo de Luces | Muerto en Iquique |
| Nicanor Guerra Rojas | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Nicanor Navas Pérez | Soldado Artillería de Marina | Prisionero - Pasa al Blanco Encalada |
| Nicasio Miranda Uribe | Fogonero 2º | Muerto en Iquique |
| Nicasio Valenzuela | Soldado Artillería de Marina | Prisionero |
| Norberto Escobar Rivera | Mozo de Cámara | Muerto en Iquique |
| Pantaleón Cortés Gallardo | Grumete | Muerto en Iquique |
| Pedro Aros | Marinero 2º | Prisionero - Pasa al Huáscar y luego al Loa |
| Pedro Barrios | Capitán de Altos | Muerto en Iquique |
| Pedro Chamorro | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Pedro Estamatópoli Mascobeli | Fogonero 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Pedro Manríquez Leal | Marinero 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Pedro Pereira | Grumete | Muerto en Iquique |
| Ramón Díaz Castillo | Fogonero 2º | Muerto en Iquique |
| Ramón Fuentes Parra | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Ramón Rodríguez | Guardián 2º | Prisionero - Pasa al Abtao |
| Roberto Vergara Abarca | Carbonero | Muerto en Iquique |
| Rosso Bartolomero | Fogonero 2º | Prisionero |
| Ruperto Canales Torres | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Salvador Galán Sarmiento | Grumete | Muerto en Iquique |
| Samuel Machacado | Grumete | Muerto en Iquique |
| Santiago Romero Gamboa | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Santiago Salinas | Grumete | Prisionero - Pasa a la Magallanes |
| Secundino Castillo | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Serafín Romero Gamboa | Marinero 1º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Tiburcio del Carmen Garay Ahumada | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Timoteo Avaria | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Tomás Blanco Pulo | Capitán de Altos | Prisionero |
| Tomás Garcés Chandía | Marinero 2º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Valentín Salgado Molina | Cabo de Luces | Muerto en Iquique |
| Venancio Díaz | Grumete | Muerto en Iquique |
| Vicente Caballero Mena | Grumete | Muerto en Iquique |
| Vicente Castro Oróstegui Coronado | Cabo 2º Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
| Vicente Equabil | Condestable 2º | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Vicente Mutilla | Ingeniero 2º | Muerto en Iquique |
| Vicente Zegers Recasens | Guardiamarina | Prisionero |
| Victoriano Mayorga Alvarado | Marinero 2º | Muerto en Iquique |
| Wenceslao Vargas Rojas | Grumete | Prisionero - Pasa al Huáscar |
| Zacarías Bustos | Grumete | Prisionero |
| Zoilo Tapia | Soldado Artillería de Marina | Muerto en Iquique |
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